El museo como instrumento despolitizador

“Mark Wallinger politiza el Tate”. Por lalulula.tv (fuente)

La historia comenzó en junio del 2001 cuando el pacifista Brian Haw instaló un pequeño campamento en protesta contra la ofensiva anglosajona en Irak. No pasó un solo día en el que Haw no hiciera guardia frente al Parlamento de Westminster contra una guerra que se insinuaba y que luego estalló. El campamento empezó en pequeña escala, pero con el paso de los años fue creciendo hasta alcanzar unos 40 metros. Estaba lleno de pancartas, tarjetas , banderitas y fotografías que colocaba Haw mismo, pero era alimentado por los recuerdos que dejaban visitantes y simpatizantes. Se convirtió en una atracción turística hasta que el gobierno de Tony Blair impuso una ley para combatir el crimen organizado que de paso prohibía manifestaciones en un radio de un kilómetro alrededor del Parlamento.

La protesta de Brian Haw fue confiscada por la policía en el año 2005, pero el artista Mark Walliger había retratado todo y con la ayuda de How y de 15 asistentes, recreó  el “Peace Camp” (campamento de la paz) tal y como estaba en su mayor extensión. Todo fue reconstruido, cada banderita con arcoiris, cada osito de peluche de la paz y recorte de periódico con las atrocidades que cometían las fuerzas aliadas en el país árabe. Impresionantes son las fotografías de bebés iraquíes deformados, se dice, por el efecto de radiaciones de uranio, otras imágenes son satíricas y de un sentimentalismo que rozan con el kitsch. Entre las consignas que pueden leerse en sus pancartas se lee “Asesinos de bebés” y “No más guerras”. Wallinger pintó una línea negra en la mitad de su instalación que marca la zona de exclusión de la citada ley, con lo que quiere dar a entender que media porción de su obra también viola la ley que prohíben las propuestas.

Las salas de la Tate Britain alojaron esa instalación pretendidamente política en 2007, y Mark Wallinger  ganó los 50.000 dólares del premio Turner de ese año gracias a ella. El jurado  destacó en su momento la intensidad visceral y la importancia histórica de la obra, así como la combinación de “una valiente declaración política con la habilidad del arte de articular verdades humanas fundamentales”.

Wallinger celebra el importante papel que juega el Turner en el mundo del arte contemporáneo, pero también critica el circo mediático que lo rodea. Cobra un dineral de plata por descontextualizar  la manifestación de Haw, pero ¿habrá visto algo de plata el activista?

Celebro que se aproveche de la herrameinta de impunidad que le da el contexto artístico (me encanta el detalle de los montajistas museisitcos desarmando con guantes puestos), pero ¿que pasa con esta estetizacion de la protesta?

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