An attempt to make perceptible the imperceptible de Jordi Ferreiro

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Y otra vez volvemos a hablar de un proyecto de Jordi Ferreiro, un artista convencido de que el espacio expositivo puede y debe ser un lugar de juego y espontaneidad. Y lo hace ne Homesession. Vale la pena ver leer la hoja de sala de más abajo y ver el vídeo, así como la demás información inclúida en esta entrada.

Dar forma a las teorías que intentaron que un museo entonces concebido como un lugar de disciplina del cuerpo, regido por un código estricto de relaciones con los objetos se convirtiera un espacio de placer y experimentación en el cual el cuerpo del espectador tenga un papel central: esta es la ambición del proyecto que Jordi Ferreiro ha desarrollado para homesession a través de una instalación site-specific y bajo el titulo «un intento de hacer perceptible lo imperceptible».
El artista inunda así el espacio expositivo con 20 kilos de confetti dorados y plateados disparados por un cañón durante las 4 horas de la inauguración, alterando radicalmente la percepción del lugar. Y es que, como lo subraya Jordi Ferreiro, «la relación entre el público y la institución artística siempre ha sido una fina línia que amenaza con romperse. La obra del artista y su adaptación al espacio, expositivo produce en muchos casos todo lo contrario a una comunicación y un entendimiento con el espectador. El aura del white cube, adornado con vitrinas de cristal, cordones de seguridad y alarmas de proximidad educan al público a ser un observador pasivo.»
El proyecto se inscribe así en el marco de los intentos de replantear y reformatear el espacio de exposición propiciados por diferentes teorías y corrientes del ámbito de la historia del arte, de la crítica institucional o de la educación. El título parafrasea de hecho literalmente una citación de Frank Oppenheimer y el proyecto se inspira especialmente en los cambios radicales que éste introdujo en la concepción del Exploratorium de San Francisco para poder exponer y hacer entendible las ideas y conceptos abstractos que forman el cuerpo cognitivo científico. «En el Exploratorium, se exponían como objetos expositivos una serie de mecanismos y dioramas low cost con los que el público podía interactuar para entender conceptos que iban desde la gravedad de la tierra hasta el sistema respiratorio. En las exposiciones no habían prácticamente textos o carteles informativas, simplemente lo justo para que públicos de cualquier edad y ámbito cultural pudieran entender e interiorizar esas ideas abstractas a partir del juego y de la interacción.» Este espacio pionero modificó el acercamiento a la institución museal y facilitó, en la propia concepción del lugar expositivo, la introducción de experiencias dialógicas que involucraran el público, una voluntad que aún resuena en los museos en la actualidad.

Jordi Ferreiro formaliza este paso de la contemplación disciplinada por la distancia hasta la experiencia derivada del involucro personal por un bombeo de confetti que revoca el carácter galerístico del espacio y convierte el cuerpo del público en objeto y en sujeto del proyecto. Se trata de cubrir los signos de la disciplina, el suelo regular, las paredes blancas, la vitrina expositiva y con ello el lenguaje que, precisamente, indica al espectador como comportarse al pasar la puerta. Se trata también de romper la distancia con los dispositivos y el mandamiento de no tocarlos: tener acceso a los materiales del proyecto requiere así limpiar los confetti acumulados sobre la vitrina.
En el centro de la sala, la vitrina desplega un collage de imágenes que, de la misma manera, se aleja de la tradición puramente objetual del museo e intenta acercar el espectador a los conceptos que sustentan la exposición. Las imágenes ilustran así momentos y síntomas de la emergencia del museo como lugar experiencial. La contemplación del collage acaba perturbada sin embargo por el efecto de transparencia de la vitrina, que deja ver entre imágenes el brillor de los confetti caídos en el suelo: éstos, que permanecerán en la exposición como testimonio de lo ocurrido el día de la inauguración, son una invocación al cuestionamiento de la jerarquía cognitiva y al papel de la aproximación sensorial y del juego. Oppenheimer respondía en su día al escepticismo anti-científico que consideraba como un riesgo de vuelta al misticismo por la voluntad de compartir conocimientos por vías no clásicas. Del mismo modo, es a través de un festival brillante y lúdico que Jordi Ferreiro invita a acercarse a la relación entre teorías dialógicas y museo.

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Algunos burdos detalles de los documentos de la vitrina:

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Artículo sobre la exposición de Veronica Escobar Monsalve en A-desk

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