Monthly Archives: mayo 2013

“Ding Jinhao estuvo allí”

Fuente: El País.

“Ding Jinhao estuvo allí”. Pero ya no queda su huella. Del mensaje que un adolescente chino de 15 años dejó escrito con una piedra en una de las paredes del templo de Luxor ya ha desaparecido todo trazo gracias a la rápida labor de los restauradores. Queda, sin embargo, el gesto con el que el joven dañó uno de los lugares más visitados y admirados del país norteafricano, que data de hace 3.500 años.

Los restauradores utilizaron un líquido especial para borrar el grafiti, descubierto por otro turista chino que lo publicó en su blog para denunciar esta gamberrada. “Me siento avergonzado, fue mi momento más infeliz en Egipto”, escribió el compatriota del adolescente.

Después de que varios internautas descubrieran la identidad del joven grafitero, sus padres, que viven en la provincia de Jiangsu, pidieron perdón por el comportamiento del hijo. “Queremos pedir disculpas al pueblo egipcio y a las personas que han prestado atención a este caso en toda China. Ding se ha dado cuenta de la gravedad de su conducta”, han explicado en un comunicado.

Tan cerca, y sin poder tocar

Fuente: Taringa

Continuum, de Jaime Conde-Salazar

Acciones del artista Jaime Conde-Salazar, englobadas bajo el título Continuum, en 2012. En palabras del propio artista, “Continuum es un espacio para la investigación y la experimentación en el campo de las artes vivas: prácticas afectadas por ciertos procesos de desaparición en los que la obra deja de ser un objeto y se convierte en parte de nuestros cuerpos vivos, de nuestra memoria”. El proyecto citaba en diez días distintos a las personas interesadas en participar en el Museo del Prado de Madrid y, de forma infiltrada, procedían a rodear las expectativas promovidas por el museo.

Estas son las notas del artista para cada día de visita.

Primera visita: Empieza el último festival In-Presentable. Diez años, diez días, cien artistas.
Mi primera contribución es un plan: mientras dure el festival, cada día a las 10:00 de la mañana haré una visita al Museo del Prado. Durante los primeros quince minutos haré siempre el mismo recorrido en silencio y me expondré a los efectos de las mismas obras. Como quien visita a su familia. Después de esta rutina, se verá lo que se hace dependiendo de los acompañantes de cada día.
Primer día del festival, primera visita. El recorrido fijo se define, finalmente.

1. Entrada por el acceso Jerónimos
2. Joaquim Patinir, El paso de la laguna Estigia. Planta 0, sala 56
3. Roger van der Weyden, El descedimiento. Planta 0, sala 58.
4. Tintoretto, El lavatorio de los pies. Planta 1, sala 25 (galería principal)
5. Annibal Carracci, Venus, Adonis y Cupido. Planta 1, sala 26 (galería principal)
6. Tiziano, Carlos V en la batalla de Muhlberg. Planta 1, sala 27 (galería principal)
7. Desde donde esté mirando el cuadro anterior, me doy media vuelta para ver: Diego de Velázquez, Las Meninas. Planta 1, sala 12
8. Diego Velázquez, Cristo crucificado. Planta 1, sala 14
9. Diego Velázquez, Cabeza de ciervo. Planta 1, sala 10.
10. José de Ribera, El sueño de Jacob. Planta 1, sala 9.

Segunda visita: Madrid no es Lisboa. No tenemos un gran río que amanse el trajín cotidiano de la ciudad, ni un océano en el que recuperar la calma y refrescarse una vez que ha pasado la fiesta de San Antonio y llega el calor. Aquí, en medio de la meseta, el agua está por debajo y, por eso, hay que buscar el frescor donde crecen los árboles, en las verduras que la estupidez urbanística municipal todavía no ha transformado en desoladoras llanuras alicatadas. Entre los pequeños oasis que aun resisten, sin duda destaca el que no deja de crecer a lo largo del paseo del Prado, entre la plaza de Cibeles y Atocha. A esta antigua cañada van a parar las aguas que se filtran desde el parque del Retiro y desde la zona de la Puerta del Sol. Los enormes árboles que allí crecen desde antiguo crean un lugar especialmente fresco y agradable a pesar del ruido de los coches. Entre todos esos plátanos, cedros y magnolios gigantes está el Museo del Prado que, lejos de arruinar el entorno, parece parte natural del jardín. Como sugiere Ángel González es fácil imaginar que los cuadros que se guardan en el museo han nacido y crecido del mismo suelo del que han nacido y crecido los árboles del paseo ( Pintar sin tener ni idea, 2007: 291). Así, podría pensarse que pasear entre los árboles o entre los cuadros  podrían entenderse como cosas parecidas: una manera de buscar el frescor.
En esta segunda visita me dejo llevar por florecillas, hierbas varias, fuentecillas, frondosidades, copas, ramas, cascadas, remansos, arbustos y sombras que aparecen en las pinturas.  El museo despliega todo su frescor de primera hora de la mañana, antes de llenarse del ruido de los visitantes. De repente, todo resulta más llevadero.

Tercera visita: Hoy  sábado 16 de junio de 2012 es día de grandes celebraciones y, con el lío, acabo confundiendo la National Gallery de Londres con el Museo del Prado. De repente todo se parece inquietantemente a Trafalgar Square.  No me espanto, sigo con mi plan: hay que entrar en el museo. Sé que si dejo a mis pies a su aire, ellos me conducirán al origen, al motivo de las celebraciones. Yo no digo nada y me dejo llevar. Cruzamos salas a paso ligero hasta llegar al lugar. El Bautismo de Cristo de Piero della Francesca. El agua cae en vertical perfecta, moja el cráneo, la nuca y recorre toda la espalda. La posición erguida es el principio de todo. El Bautismo tiene que ver con cómo se coloca la espalda, con la columna vertebral que se alarga perpendicular al suelo. El agua cae de arriba abajo y la cabeza se eleva de abajo arriba. Se trata de crecer como una planta, como el árbol pintado al lado de Jesús, como los árboles del paseo del Prado, como los cuadros que crecen dentro del museo. Bautizar es un poco como regar, para que las plantas crezcan: tallos como columnas. Regar y regar hasta tener un jardín bien bonito y, cuando el frescor y el verdor lo permitan, celebrar una gran fiesta que dure un día entero, desde por la mañana hasta por la noche. Pasar el día, dejar que las horas transcurran sin interrupciones, entregados al puro estar. Llegado el momento hay decidir qué planta quiere ser uno: una hortensia, una palmera, un pruno, un magnolio, unas petunias, … y dejarse agasajar por el frescor de la esperada noche. En este jardín empieza todo.

Cuarta y quinta visita: El museo está casi vacío. Si se toman las decisiones adecuadas y se evitan los puntos difíciles, es posible encontrarse solo en salas vacías (sobre todo, en las de la planta baja) sin más molestia que los ruidos lejanos de los comunicadores de los vigilantes. En estas salas no hay otras ventanas que no sean las pinturas. Son como cuevas perforadas por proyecciones que abren vistas al infinito. Llegar a Patinir y quedarse allí, de pie, mirando el horizonte. El verde de los primeros planos se transforma en azul a medida que la distancia crece. En ese azul hay una especie de júbilo por el descubrimiento de la profundidad. Allá a lo lejos, se revela la visión, la posibilidad misma de ver: ese infinito brillante e intenso no es otra cosa que el reflejo simétrico de nuestros propios ojos. La fuga azul es la prueba de que es cierto que estamos allí mirando. Y de tanto mirar los ojos llegan a ponerse azules…
Hoy ha llegado el primer invitado. ¡Qué difícil hablar y mirar al mismo tiempo! ¡Qué apuro la sola idea de haber interrumpido la mirada de mi acompañante con mis palabras!

Sexta visita: Cuatro visitas, cuatro chicazos, cuatro horas dentro del museo. Hasta hoy la cosa había sido suave y relajada. Pero el jueves llegó el momento de partirse la cara y darlo todo. ¡Todo por la pintura! Mirar hasta que duelan los ojos, hablar hasta que no quede voz.  Que el entusiasmo no se agote. Que la fatiga no asome el hocico. Dejar que las imágenes nos lleven de la mano: ver y entender son experiencias hermanas. ¿Lo ves? Sobre todo, no parar de perseguir lo importante: buscamos miradas, buscamos los ojos que nos revelen verdades, todas las verdades posibles. No temer a que los ojos pintados tomen el poder y pongan en cuestión nuestra presencia. Aceptamos que nuestra existencia dependa de las miradas que se lanzan desde dentro de la pintura. Renunciamos a nuestro poder y nos convertimos en ciervos: el cuadro de Velázquez nos sirve de espejo. Somos un instante fugaz a punto de salir disparado y desaparecer en el bosque. No hay cazador más rápido que nosotros. Ese es el regalo que nos tenía preparado el Museo. Aquí la historia del arte no tiene nada que decir. A nosotros Goya nos come la polla.

Octava visita: Las expectativas acaban obligando a la realidad a ser de una sola manera  imponiendo unos límites rígidos a lo que puede suceder. Ejercer este tipo de fuerza sobre el mundo tiene un precio: el grupo de invitados, más numeroso que los días anteriores,  llegó a la puerta y se encontró con mi ausencia. Esperaban que una voz autorizada les guiara e hiciera de intermediario entre ellos y las imágenes. Y se encontraron solos en el gran museo sin nadie que lubricara sus miradas. No les quedó otra que tragarse el miedo y lanzarse a caminar por si mismos. A algunos mi ausencia les sirvió de estímulo para descubrir el camino que solo a ellos les tocaba recorrer. Mientras que a otros les dejó enganchados en la expectativa incumplida y durante varias horas habitaron en la frustración. Cada uno tuvo lo que más le convenía. Entre tanto, yo vigilaba sus movimientos llenos de incertidumbre utilizando las imágenes recogidas por las cámaras de seguridad. Mi ausencia no pasó por deshacerme de mi cuerpo sino por convertirme todo yo en ojo.

Novena visita: La visita del día después, la que nadie esperaba. Se trató de pasar  entre imágenes la resaca de la meditación colectiva y desmadrada de la noche anterior. Un mensaje furtivo confirmó que el evento iba a tener lugar tal y como había sido prometido. Un único cambio: esta vez todo empezaría a mediodía. Nuestro mediodía prepararía la medianoche. Como quien comienza a juntar maderas para hacer la gran hoguera de San Juan, nosotras hicimos acopio de pinturas.  Ellas serían nuestro combustible para transformar todos los restos inútiles que acarreábamos del invierno. Por suerte, me acompañaron las tres mujeres poderosas. Dentro del museo no había nada que decir, las palabras se habían agotado y lo único importante era vaciar las salas, limpiar todas las ramas secas que habían crecido dentro de las salas. En dos horas justas las paredes quedaron vacías. Gracias a las audioguías pegadas a las orejas de los visitantes, nadie se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y pudimos trabajar sin interrupción. A las tres de la tarde ya estaba construida una pira de diez metros de alto en el centro del Jardín Botánico. Ya sólo quedaba esperar a que llegara la noche y con ella el fuego. Los cien artistas aceptaron ser esclavos: todo con tal de conseguir el fuego. Llegado el momento, caído el sol, reventaron las puertas de la casa, corrieron hasta la pira y encendieron la hoguera por siete puntos distintos. Las imágenes ardieron con rabia, cubriendo el cielo con un humo denso que, al ser inhalado produjo alucinaciones entre propios y ajenos. Imágenes inhaladas. Tras el fuego caímos agotados y nos quedamos a dormir entre los arbustos, en los bancos, rodeados de nombres en latín escritos en placas.

Décima visita: “No pude evitar volver al museo al día siguiente. Sería la última visita. Esta vez no tenía gana de compañía así que me aseguré de no despertar a ninguno de mis compinches que seguían dormidos entre los setos con nombre del Jardín Botánico.  Quería comprobar que, tras la gloriosa hoguera de San Juan, las salas se habían quedado vacías y las paredes desnudas. Para mi sorpresa, descubrí admirado que todos los cuadros colgaban en su sitio: se conoce que la humedad de la noche había hecho que volvieran a brotar de las paredes.”

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Gracias a Sergi Faustino por la noticia.

¿Por qué hay cosas feas?

Fuente: El Mundo

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Zapatos ortopédicos y pesados, gafas de monturas salomónicas, coches con el culo enorme y la parrilla amenazante, bisuterías obviamente engañosas, teléfonos de funcionamiento incomprensible, armarios que se atascan, muebles de cocina cursis, logotipos vulgares, camisetas con chistes zafios, sofás que se ensucian y no hay manera de limpiarlos, toallas que tardan en secarse, motocicletas que se oxidan cuando llueve, llaveros que hacen daño en el bolsillo del vaquero, portadas de libros pedantes, carteles que apenas se leen, lámparas que se caen y que nunca se sabe dónde tienen el interruptor, cartones de leche que gotean, relojes de imitación naífs a más no poder, abrigos con demasiados bolsillos o con demasiados pocos…¿Por qué sois así?

El Museum für Kunst und Gewerbe de Hamburgo se ha fijado en todas ellas, en las cosas feas, inútiles y mal pensadas, y las ha reunido en la exposición ‘Börse dinge’, (‘Cosas horribles’), que se anuncia como “una enciclopedia del mal gusto“.

La muestra de Hamburgo, en realidad, parece una celebración del kitsch de esas que aparecen de vez en cuando en las librerías de los museos y que a todos nos hacen reír: el reloj despertador Casio que imita una mezquita, la lámpara cuyo pie es un AK-47… Ese tipo de objetos que, en el fondo, hacen que el espectador se sienta refinado y a salvo de la vulgaridad. Pero: ¿qué es, en realidad, el mal diseño?

¿Qué es lo que hace que un diseñador fracase, que a un profesional con talento le salga mal el trabajo? “Éxito o fracaso remiten a la sociedad del espectáculo. Y en ella el buen diseñador no tiene ningún papel”. La primera respuesta es la del diseñador Alberto Corazón y llega en un correo electrónico: “La palabra diseño se ha convertido en un mantra de uso tan generalizado que lo utiliza un amplio espectro de la ciudadanía que va desde los políticos hasta los entrenadores de fútbol. Ya no es posible hablar de diseño, en un periódico, sino de diseñadores. A su vez, para ser diseñador, solo es necesario decirlo: yo soy diseñador”.

“Acotando el territorio nos encontramos con buenos diseñadores, mediocres diseñadores y gente que hace tonterías nombrándose diseñadores. Estos últimos consiguen, con demasiada frecuencia, algún éxito mediático. Lo estrafalario puede ser una buena noticia, como sucede con la moda. Luego está la mediocridad, que es un valor en alza en estos momentos. La mediocridad tranquiliza, es igualitaria. Y por último están los diseñadores responsables y comprometidos con su trabajo. Un trabajo en el que el cliente competente es tan importante como el diseñador competente”.

Vergüenza

Y continúa Corazón: “Aquí el éxito o el fracaso están compartidos en partes iguales. Llegando a este punto no puedo sino celebrar, toda iniciativa que penalice las tonterías y mediocridades que se amparan bajo la denominación de origen ‘diseño’. Sólo aquello que mejora nuestra calidad de vida, que mejora nuestra relación con lo que nos rodea es, buen diseño”.

Siguiente respuesta: Riccardo Marzullo es el director del Istituto Europeo di Design en España. Y, en su opinión, “las exposiciones sobre el mal diseño, que hemos visto ya en muchas ocasiones, son muy anecdóticas. Está bien reírse con ellas, es hasta necesario ver lo que es la exageración, pero lo importante no es eso”.

Lo importante es recordar que “el diseño es función, es funcionalidad. Y es, sobre todo, innovación: en los métodos de trabajo, en los procesos sociales… Y esa es la medida que separa el buen y el mal diseño”.

El vándalo que pintó sobre un Picasso, condenado a dos años de cárcel

Seguimos el hilo de la noticia sobre la que hablamos en su día, el acto de vandalismo sobre una obra de Picasso en un Museo de Houston.

Fuente: El País

Uriel Landeros, el joven de 22 años que el pasado 13 de junio dibujó con un spray plateado una silueta de un toro y la palabra ‘Conquista’ sobre un cuadro de Picasso de la Colección Menil de Houston, ha sido condenado a dos años de prisión por este acto de vandalismo. Landeros, de origen mexicano, es consciente de que con su acción dañó la pintura Mujer en sofá rojo pero sostiene que se trató de una “declaración artística, como lo son la mayoría de los graffiti”, de acuerdo con su abogada, Emily Detoto.

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Un visitante del museo grabó con su teléfono móvil a Landeros en el instante en que perpetraba su acto de vandalismo. Las imágenes permitieron identificar al joven, de origen mexicano, que huyó a Monterrey y que el pasado mes de enero se entregó a las autoridades de la frontera con EE UU. Landeros, que estaba estudiando en la Universidad de Houston, tiene previsto terminar sus estudios en el centro en cuanto cumpla condena. “Cree que podrá sacar algo positivo de esta experiencia”, ha asegurado su abogada a la agencia Associated Press.

Durante este tiempo los responsables del laboratorio de conservación del museo han estado trabajando en la restauración del cuadro. “Está casi terminada y sería prácticamente imposible afirmar que alguna vez haya sufrido una agresión”, reconoce en un correo electrónico Vance Muse, el portavoz de la Colección Menil. Muse no ha detallado cuánto ha costado la recuperación de la pintura, pero en el escrito de acusación se establecía una responsabilidad de daños y perjuicios de entre 20.000 y 100.000 dólares. Los responsables de la galería esperan poder exhibir el cuadro a lo largo de este año.

La condena impuesta a Landeros es bastante menor a la que en un principio había pedido la fiscalía, que acusó al joven de un delito contra la propiedad y otro por dibujar graffitis. De haberse impuesto el primer cargo, Landeros podría haber permanecido en la cárcel hasta un máximo de 10 años. Su abogada llegó a un acuerdo en la vista y, finalmente, el juez desestimó esa acusación.

La agresión de Landeros le ha generado una publicidad que ha sido criticada por el colectivo artístico de Houston. Aprovechando la notoriedad que le granjeó la pintada al Picasso, una galería de la localidad exhibió varios de sus trabajos. Él mismo se encargó de difundir en su perfil de Facebook el vídeo en el que se le cazó pintando sobre la obra del artista malagueño con el siguiente mensaje: “El joven artista mexicano americano URIEL LANDEROS, pinta la silueta de un torero matando a un toro sobre un original de Picasso de 1929 en Houston. Dedicado a la bestia del arte Pablo Picasso”. Mientras estuvo huido, el joven también publicó vídeos en Youtube vanagloriándose de su pintada.

Noticias de prensa y críticas relacionadas con la exposición “No tocar, por favor”

Euskal Telebista – InfoEnPuntoNoticias de Alava (Carlos González, “La ironía como arte”) – Arte en la redEl PaísLa CelosíaLa República de UruguayExitArteContextoRadio Euskadi (entrevista a Jorge Luis Marzo)ADESK (Susana G. Romanos, “Que se fastidie el museo”)Jot Down (Juan José Santos, “47 artistas famosos. Joan Fontcuberta y su correspondencia”)El Cultural/El Mundo (Arte que no quiere serlo)

La imagen que los españoles tienen de sus museos

La Secretaría de Estado de Cultura ha presentado el informe ‘Conociendo a todos los públicos ¿Qué imágenes se asocian a los museos?’ promovido por el Laboratorio Permanente de Público de Museos con el objetivo de saber que piensan los españoles de estas instituciones. Según sus conclusiones, “en el actual contexto de crisis, el precio de la entrada no aparece como un factor de peso en la toma de decisión de la visita”.

A través de las opiniones de los ciudadanos, este estudio muestra la visión que el público visitante y no visitante tiene de estas instituciones, destacando el papel que tienen prejuicios y expectativas con respecto a la consideración del museo como alternativa de ocio. Para ello analiza los factores que influyen en la decisión de ir o no a un museo, la disponibilidad de tiempo libre, las preferencias en cuanto al tipo de actividad para ocuparlo, si se acude acompañado o no de niños, o si la visita es parte de una salida turística.

Según sus conclusiones, “en el actual contexto de crisis, el precio de la entrada no aparece como un factor de peso en la toma de decisión de la visita”. Visitantes y no visitantes coinciden en que la “evasión de su rutina” es la principal utilidad de su tiempo libre, pero mientras los primeros prefieren realizar actividades que les proporcionen algún beneficio, los no visitantes valoran más la posibilidad de socialización, la participación activa y el sentirse a gusto con su grupo en un determinado ambiente. Para ello buscan espacios propicios para la comunicación social, entre los que encuentran los museos cuando se está realizando turismo cultural, pero no habitualmente.

La comprensión de lo expuesto

En general, los ciudadanos no visitantes asocian los museos a conceptos positivos, ya que son considerados instituciones valiosas, de mérito para el prestigio de un país. Pero también a lugares silenciosos –por lo que se considera que no son adecuados para niños–, en los que se realizan actividades de modo solitario y de carácter pasivo. También se asocian a conceptos negativos como aburrimiento, frialdad, cansancio, colas… a los que si no se acude más a menudo es en parte por una barrera de tipo intelectual, relacionada con la no comprensión de lo expuesto. Existe aún en muchos ciudadanos una idea del visitante de museos como una persona solitaria y cultivada, que en el imaginario colectivo mantiene aún esta actividad vinculada al concepto de museo decimonónico y elitista.

También el visitante de museos más asiduo, que ha incorporado la visita al museo en su ocio cotidiano, reclama una mejor comprensión de lo expuesto, pero también más instrumentos de comunicación e información. Si bien la visita al museo es ya una pauta integrada en sus hábitos y en la que sus preferencias personales son decisivas, el conocimiento de la oferta disponible y las recomendaciones de amigos y familiares son factores que también condicionan sus elecciones. De hecho sus principales barreras están muy frecuentemente relacionadas con lo que perciben como escasa promoción y falta de publicidad.

Reconocen que el prestigio social de los museos es otro motivo para visitarlos, que está bien visto acudir a ellos y desean ser identificados como visitantes precisamente por ese reconocimiento social. En este contexto, la motivación por emplear su tiempo libre en aprender figura, junto con otras motivaciones de tipo emocional, entre las prioridades de los visitantes, pero no es la primera.

Recomendaciones y conclusiones

El estudio se cierra con una serie de recomendaciones y conclusiones dirigidas a gestionar la mejora de la imagen de los museos entre los ciudadanos, y a afrontar la atracción de nuevos públicos desde el conocimiento de las necesidades específicas de cada segmento.

El informe, realizado por la empresa Artimetría, parte de las investigaciones que han tratado la imagen del museo (fundamentalmente en el ámbito anglosajón) y contrasta sus resultados con los proporcionados por un análisis cualitativo realizado entre ciudadanos de Madrid, Barcelona y Sevilla.

La iniciativa del estudio ha correspondido al Laboratorio Permanente de Público de Museos, proyecto de la Subdirección General de Museos Estatales que ha contado desde su inicio con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: HoyEsArte

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¿Cómo imaginas un museo?

Un proyecto de María María Acha-Kutscher.

“No tocar, por favor” abre sus puertas en Artium, Vitoria

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Inaugurada la exposición NO TOCAR, POR FAVOR. En Artium, Vitoria.

Acaba de ser inaugurada la exposición No tocar, por favor, en el Museo Artium de Vitoria. Del 17 de mayo al 9 de septiembre de 2013.

SR2 Security Robot vs the army grunts of the art world

In the 1990s, a technology company, Cybermotion, tried to sell museums on the concept of robot security guards.

With a squat body on three wheels, a rail-like neck and a rectangular head, the SR2 Security Robot looked like Number 5 from the movie “Short Circuit.” It used sonar and infrared technology to monitor the air quality, temperature and humidity in galleries, and could detect motion caused by potential intruders. But the motorized museum guard failed to catch on, and Cybermotion closed in 2001.

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Nevertheless, some museum visitors might see guards, so often silent and stone-faced, as more machine than human. That is a misconception. Many guards, like the six profiled below, speak with obvious passion about the exhibitions, as well as the visitors, for which they feel responsible.

Museum guards find the lost, shepherd the confused and save runaway toddlers from impending collisions with immovable sculptures. The job demands long hours, constant vigilance and a reservoir of patience to put up with illicit picture takers, soda smugglers and pontificating amateur art critics, among other annoyances. Consider these guards the army grunts of the art world.

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Luther Nakapaahu

National Museum

Of the American Indian

Most museum guards field common questions. Greatest hits include “Where are the bathrooms?” and “Can I touch this?” But visitors to the National Museum of the American Indian in New York often ask Luther Nakapaahu about survival skills: for example, “How do you make a bed in the snow?” Mr. Nakapaahu, an enrolled member of the Northern Arapaho Tribe, is the only guard of Native American descent at the New York museum.

He grew up in Honolulu and moved to the Wind River Indian Reservation in Wyoming when he was 17, after his mother died. His maternal grandparents put him right to work, rebuilding the family’s horse ranch.

“Wyoming, it was a shock,” said Mr. Nakapaahu, 51, a large man with close-cropped hair and a baritone voice. “We started learning how to bale hay, going up to the mountains to cut tepee poles, learning to shave tepee poles, then learning to break and ride horses.”

Mr. Nakapaahu sees parallels between handling horses and communicating with crowds at museums. “Sometimes with horses and people, patience is a virtue,” he said. With a grin, he recalled the first time he tried to corral horses by chasing them: his uncle “just started laughing. What he showed us was you take a bale of oats, put it in a pail and yell — and they come to us.”

Mr. Nakapaahu, who spends some breaks in the museum’s library learning about his heritage, scans new exhibitions for artifacts from his tribe. He recalled spotting a Northern Arapaho saddle displayed in “A Song for the Horse Nation,” a 2009-11 exhibition. “It’s sort of everything mixed up in one feeling,” he said quietly. “Happy, pride, shock.”

Todd Balthazor

Walker Art Center

If you notice a guard at the Walker Art Center in Minneapolis suddenly balancing on one foot or striking a yoga pose, it’s probably just Todd Balthazor limbering up. “I’m stretching all the time,” he said. “You have to do that, or else you are going to stiffen up. We have some elderly workers, and they just walk like trees.”

Even when the galleries are packed, Mr. Balthazor, 31, admits to struggling on occasion against monotony. To stay sharp, he developed tricks like memorizing a guest’s outfit or holding his breath “until you almost black out.” He also keeps an eye out for material for his autobiographical comic strip, which the museum publishes online.

In the strip, “It Is What It Is,” Mr. Balthazor frequently aims graphic barbs at museum guests, like the “photo bomber,” who poses in front of large paintings without considering the art. “They look at it like, ‘This is going to be a great backdrop for my Facebook profile,’ ” Mr. Balthazor said.

In another strip, he bemoans having to guard “Ja Ja Ja Ja Ja, Nee Nee Nee Nee Nee,” an audio installation by the German artist Joseph Beuys. “It’s an 11-minute loop of him just going, ‘Ja, ja, ja, nee, nee, nee.’ You can’t even think, unfortunately, when you’re next to that,” he said. “And then you had to stand right next to the speakers because they didn’t want people to actually poke at it with pencils.”

Dynnita Bryant

Philadelphia Museum of Art

“It’s not going to work. It’s not going to work. It’s not going to work.” Dynnita Bryant heard that refrain repeatedly while laboring to persuade fellow guards at the Philadelphia Museum of Art to form a union.

But Ms. Bryant received encouragement from many visitors and inspiration from paintings in the museum. Vincent Van Gogh’s “Sunflowers” and Peter Paul Rubens’s “Prometheus Bound” particularly stirred her. “ ‘Sunflowers’ makes me think, I stand next to this priceless piece of art for this little bit of change, and ‘Prometheus Bound’ makes me think, this is us,” said Ms. Bryant, who now moonlights as president of the Philadelphia Security Officers Union.

In 2011, the union’s first contract with AlliedBarton Security Services, which provides guards for the museum, increased guards’ wages to $10.88 an hour from $10.03 and stipulated two subsequent raises. Guards also received up to three paid sick days; before they had none. Ms. Bryant said the extra 85 cents an hour had improved the lives of many guards. “I could buy a loaf of bread and have some change,” she said. “That was a victory to me.”

Darrell Lawrence

Smithsonian National Air

And Space Museum

Though he went “hand-to-hand with the Taliban” as a military policeman at Guantánamo Bay Naval Base and fought in the gulf war, Darrell Lawrence argues that working as a guard at the Smithsonian National Air and Space Museum in Washington is a more difficult job. “It’s more peaceful here” than in Iraq, he allows, but in the military, “you knew who your enemy was.”

Visitors to museums tend not to advertise themselves as terrorists. “Everybody who comes through the door is a threat,” said Mr. Lawrence, who frequently responds to questions with “No, sir” or “Yes, sir.”

The threat level rose in 2009, when a white supremacist shot and killed a guard at the United States Holocaust Memorial Museum in Washington. “It’s a wake-up call. You hate for something like that to happen, but you have to be on your toes and more aware,” said Mr. Lawrence, who called working as a museum guard a national service.

While Mr. Lawrence maintains an active-duty mind-set, he still manages to admire some of the museum’s exhibitions. He is in awe of the 1903 Wright Flyer, Wilbur and Orville Wright’s first airplane, but reveres a Predator drone on display. He credits a Predator with saving his life during Operation Desert Storm. He was about to transport Iraqi prisoners through hostile territory when the Predator detected and destroyed a potential ambush. “I love the drone,” he said. “I’ve seen it in action.”

Jeffrey Salter

Guggenheim Museum

Jeffrey Salter’s uniform at the Guggenheim Museum includes a large blue button that reads, “Ask Me About the Art.” Mr. Salter is one of the museum’s gallery guides, a job requiring the attentiveness of a security guard and the empathy of a psychotherapist. Though trained to protect exhibitions, gallery guides roam the Guggenheim to discuss art with visitors.

During impromptu exchanges at the museum, Mr. Salter often taps his training in improvisational theater. “If you are playing a scene and someone doesn’t say anything at first, you are looking for facial expressions and body language,” he said on a recent Saturday afternoon in a Guggenheim conference room. “I think that’s applicable to what I’m doing here.”

He studied improv at the Upright Citizens Brigade Training Center in New York and performs with a troupe called Gayle, named for the television host Gayle King, Oprah Winfrey’s prominent friend.

Mr. Salter, a thin, bearded 27-year-old with an appreciation for the absurd (in a comedic sketch, he portrayed the husband of an eight-pound catfish), laments that museum guards have a reputation as scolds. “We’re not monolithic, authoritarian figures,” he said. “We have these complex lives and are nice people to be around.”

He can be tough if necessary. To command attention while maintaining an affable tone, Mr. Salter drew inspiration from his high school English class. He recalled a teacher “who was, on the one hand, a really accessible, friendly guy, but if you were talking during a lecture, he would let you know that wasn’t acceptable.”

Though he has yet to speak about his museum job on stage, Mr. Salter often finds humor in art. He singled out the work of the whimsical Italian artist Maurizio Cattelan, who created “Not Afraid of Love,” a life-size sculpture of an elephant cloaked in a bedsheet with holes for its eyes and trunk. “There was something very funny,” he said, “about the proverbial elephant in the room trying to hide itself.”

Linda Smith

Baltimore Museum of Art

Linda Smith is used to being overlooked. Museum visitors, understandably, focus on the art rather than the people protecting the art. “The irony is that the guard is the most visible staff member in the museum,” Ms. Smith said.

Museum guards, in her opinion, deserve more attention, so in 2011 she curated “Guardists,” a gallery exhibition showcasing art by her co-workers. Several pieces sold, including two paintings by Ms. Smith, who earned an M.F.A. from Vermont College of Fine Arts.

She notes that several acclaimed artists have walked in her well-worn shoes. Former guards include Jackson Pollock, Sol LeWitt, Robert Mangold and Mel Bochner, who will be honored next year with a retrospective at the Jewish Museum in New York — the same institution that fired him as a guard in 1965 for sleeping on duty.

Ms. Smith considers Robert Ryman her guardist role model. “Ryman worked at the Museum of Modern Art for seven years,” she said. “He was not a painter when he started there, but he became one.”

Rather than being daunted by the works on the walls of a museum, Ms. Smith made the case that spending all day around art (or much of the night, the shift she works now) could fuel a competitive spirit. “For many artists,” she said, “if they don’t get a jolt of inspiration from a piece, there’s also the feeling of, ‘Well, I can do something as good as that.’ ”

Exposición de “piezas” de arte robadas

Catt de Eva y Franco Mattes

No son conocidos por sus nombres, Eva y Franco Mattes, que en realidad tan sólo son sus seudónimos y tampoco por su impronunciable nombre artístico, una interminable secuencia de ceros y unos, la numeración binaria de los sistemas informáticos que define su campo de acción. A los 0100101110101101.ORG01 para los amigos, se les conoce porsus obras, y no siempre para bien, porque a menudo pueden crear una sensación de desagrado.

Eva y Franco Mattes

Aparecidos a finales de la década de 1990 en el ámbito del net.art y el arte inmaterial, hace tiempo que los 01 han pactado una tregua con el sistema del arte. Lo demuestra la muestra que reúne gran parte de su producción reciente en la Carroll / Fletcher Gallery de Londres. La muestra, abierta hasta el hasta el 18 de mayo, promete dinamismo, algunos sobresaltos y muchos cambios, a partir del título, que cambia cada día. Ahora se titula Anonymous, untitled, dimensions variable, pero será mejor darse una vuelta por su blog para saber cómo se llamará mañana.

Acción para Stolen Pieces de Eva y Franco Mattes

Las obras ‘envenenadas’, las que despiertan más polémicas, conforman la serie Stolen Pieces, una colección de pequeños elementos o fragmentos de obras de artistas célebres, que la pareja de artistas italianos ha ido literalmente robando, a lo largo de los años. De hecho, ya hablamos en otro post del tema. Las ‘piezas’, nunca mejor dicho, fueron sustraídas de obras originales de artistas como Jeff KoonsClaes OldenburgJoseph Beuys y Marcel Duchamp, entre otros, conservadas en los principales museos del mundo. Los 01 han ocultado su actividad hasta obtener una selección de suficiente envergadura para ser expuesta y una vez hecho pública su extravagancia o vandalismo, según se vea, no han faltado las respuestas.

Stolen Pieces de Eva y Franco Mattes

En un artículo para Artpulse Magazine, el crítico italiano Domenico Quaranta ha recogido las declaraciones de algunos de los artistas afectados, que no disculpan las acciones, pero por lo visto tampoco han tomado medidas. ¿Qué sentido tiene volver a exponer obras de arte robadas? Las piezas que se exhiben obligan a la reflexión sobre el concepto mismo de obra de arte, algo que según los artistas va mas allá de la pieza original, algo cuyo mensaje traspasa los límites del museo y del tiempo.

“Una selección de Stolen Pieces se expuso por primera vez hace un par de años en la Postmasters Gallery de Nueva York”, nos explica Fabio Paris, su galerista italiano, director de la Fabio Paris Gallery de Brescia(Italia). “En la versión de Londres las piezas están en una vitrina de plexiglás. La mayoría del trabajo de la pareja se basa en la dualidad entre verdadero y falso… yo también he tenido dudas sobre su procedencia, pero los artistas han siempre defendido la originalidad de los fragmentos y yo tras conocerles bien defiendo su postura”, concluye Paris.

Eva y Franco Mattes - Catt - Cattelan

Provocadores por naturaleza, los 01 se definen net.art pranksters and hacktivists, donde la definición de prankster remite a su tendencia a crear obras polémicas, que mezclan con ironía realidad y ficción, con el fin de reflexionar sobre el significado último del arte. Las obras expuestas en Londres van desde el desafío de Catt, surgida un día en que se despertaron con la intención de convertir lo primero que encontrasen en Internet en una obra de arte valiosa. Sacaron una de las infinitas e irónicas imágenes sobre gatos que circulan en la red en la web Lolcats yencargaron a un taxidermista una copia real del animal, que luego expusieron en una galería de Houston como si fuera una obra del célebre artista italiano Maurizio Cattelan, conocidos entre otras obras por su caballo embalsamado de patas artificialmente largas. Un fake (falsificación creativa) en toda regla, pero nadie puso en duda la autoría de la obra. El mismo Cattelan en la entrevista de Artpulse Magazine comentó que no se trataba realmente de arte apropiativa, sino más bien “atributiva”.

Los 01 se dieron a conocer con obras polémicas y falsificaciones que conseguían difundir entre la opinión pública como si nada, demostrando el poder a menudo obtuso de los medios de comunicación, así como en la mayoría de los casos, en realidad, la gente no se pone demasiadas preguntas delante de los que viene del mundo del arte. En plena fiebre para la adquisición de los dominios en Internet, crearon una copia de la web del Vaticano, con contenidos ’propios’, que en un año llegó a contabilizar más de cuatro millones de visitas. En 1999 consiguieron exhibir en los eventos colaterales de laBienal de Venecia la cruenta obra de Darko Maver, un artista, martír político de la ex Yugoslavia, muerto bajo un bombardeo en Sarajevo, que, en realidad, nunca existió, pese a que tiene incluso un perfil en Facebook.

En esta línea se incluyen algunas de las obras que se presentan en Londres, como No Fun, una performance online del año pasado construida a través de Chatroulette, una página donde la gente se enfrenta, completamente al azar, con encuentros a menudo desagradables, vía webcam. El vídeo resultante es la suma de los fragmentos audiovisuales de las conversaciones online captadas y grabadas cuando el público se enfrentaba a la siniestra imagen de Franco Mattes ahorcado, meciéndose en el vacío. A parte lo desagradable de la situación, lo más sorprendente de la performance fue que sólo una persona avisó las autoridades, muchos tras un instante de asombro cerraron la web sin más, algunos tomaron fotos y alguien incluso le tocó una canción.

En esta misma línea que mezcla performance y redes sociales se basan muchas de sus obras más recientes. Freedom cuenta su pase por Counter-Strike, un juego de guerra online muy violento. El vídeo relata sus contactos con los otros jugadores y sus inútiles intentos para explicarles que son artistas y que están llevando a cabo unaperformance. No hay forma y todo acaba inevitablemente siempre en un baño de sangre.

Su interés para las redes sociales se centra en los aspectos más privados con los proyectos The Others y My Generation. El primero reúne algo como 10.000 fotos de adolescentes robadas de sus perfiles. El segundo es un vídeo que recopila escenas colgadas en la red por anónimos y que relatan sus violentas crisis de nervios en el momento de enfrentarse a una debacle durante un juego online.

El museo de las relaciones rotas

El amor se les acabó (de forma amistosa, dicen) y no sabían que hacer con tanta poesía, tanto regalo de San Valentín, tantos libros compartidos… Hasta con tantas cafeteras, cucharas y mesillas compradas entre los dos durante cuatro años de idilio. Así que, recopilando más objetos de amigos en la misma situación, decidieron exponerlo todo bajo un curioso título: el Museo de las relaciones rotas de Zagreb. Echaba a andar el 2006.

Lo que comenzó siendo una gracia de un par de ex bien avenidos, los croatas Olinka y Drazen, pronto se fue de las manos, ya que empezaron a recibir donaciones de India, Reino Unido, Francia, Malasia, Japón, EEUU, Italia, Corea… El fin seguía siendo el mismo: un ejercicio de liberación, de terapia positiva, tras poner fin a una relación.

Entre lo que mandaban (y siguen mandando) hay de todo: peluches, sms de despechada despedida, vestidos de novia sin estrenar, esposas (de metal) bien gastadas por el uso,tangas, consoladores, cartas, fotos… Hasta el cálculo de una vesícula biliar que le salió a un tipo tras tantas noche de pasión. O el corpiño de pechos gigantes en cartón piedraque le obligaba a poner su marido a una fémina no muy sobrada de delantera. Véalo abajo.

En la exposición, ubicada en el centro de Zagreb, también hay hueco para un teléfono a un cartel pegado: “Me regaló su móvil para que no le volviera a llamar”, explica el afectado. O una mano ortopédica que al abandonado le recordaba a un flirteo no correspondido. Nada del nombre de su propietario. Las donaciones son anónimas, aunque sí se pide que se especifique la historia del objeto y la fecha del deceso amatorio.

Tanto éxito tuvo el museo que, al poco tiempo de inaugurarse, comenzó a ir de gira por medio mundo: Estambul, Buenos Aires, Belgrado, Berlín, Ciudad del Cabo, Londres, Houston, Singapur… Y en ésas siguen. A petición propia, la colección ahora se encuentra en el Museo de Arte Contemporáneo de Boulder (Colorado, EEUU).

Por algo ha recibido premios como el del Museo más Innovador de Europa de 2011, otorgado por el Foro Europeo de Museos. Además, figura entre los imprescindibles que hay que visitar en Zagreb, según los usuarios de Tripadvisor. Y es que hastaconfesionario tiene el invento, donde uno puede encerrarse solito y grabar sus reflexiones más sensuales para la posteridad. ¿Que le han entrado ganas de mandar algo? Aquí las instrucciones.

Museo de las relaciones rotas. Cirilometodska ulica 2, Zagreb, Croacia. Tfno: +385 1 4851 021. Precio: 25 kunas (unos 3,20 euros).

Fuente: Ocholeguas.com

Un pase de Fito Rodríguez

Museo-Biblioteca de George W. Bush

Acaba de ser inaugurada la Biblioteca-Museo George W. Bush en Dallas. Concurrida asistencia y magnífico despliegue estético.

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Pero sin duda lo mejor es el interactivo que hay en el museo, en el que mediante un juego de preguntas y respuestas, se justifica la invasión de Irak por los Estados Unidos en 2003.

El video es un pase de Rubén Santiago.

Procesión de la Maja Desnuda

1 de mayo de 2008, día de la trabajadora. Representación del espectáculo 6 Goyas 6, la fiesta organizada por el ayuntamiento de Madrid con motivo del bicentenario del Dos de Mayo de 1808. La actividad consistió en sacar a las calles de Madrid 6 cuadros representativos de Goya como La Maja Desnuda.

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Se desnuda en el Guggenheim y canta ‘La Internacional’

La Ertzaintza ha abierto expediente administrativo a un guipuzcoano de 38 años que se desnudó de cintura para abajo en la sala dedicada a la exposición permanente de las esculturas de Richard Serra, en el museo Guggenheim Bilbao, ayer, 1 de mayo, mientras cantaba el himno obrero de ‘La Internacional’.

Los hechos ocurrieron pasadas las 14.00 horas de ayer, miércoles, en el interior de la ‘Sala Fish’ del centro museístico bilbaíno que acoge la exhibición permanente de las monumentales esculturas de acero del citado artista norteamericano, según han informado hoy fuentes del departamento vasco de Seguridad.

En un momento determinado, el hombre, un vecino de Beasain (Guipúzcoa), se bajó los pantalones y los calzoncillos y comenzó a entonar ‘La Internacional’, mientras otras dos o tres personas que le acompañaban filmaban la acción.

Detectado lo ocurrido por los vigilantes de la sala, avisaron a la Ertzaintza, cuyos agentes se presentaron en el lugar, le obligaron a vestirse, le identificaron y le invitaron a abandonar el museo, cosa que hizo sin oponer resistencia. La policía vasca ha abierto expediente administrativo por desorden público, al no haber cometido ningún delito durante su acción, lo que conlleva una pena de multa.

Fuente: El Correo