¿Por qué hay cosas feas?

Fuente: El Mundo

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Zapatos ortopédicos y pesados, gafas de monturas salomónicas, coches con el culo enorme y la parrilla amenazante, bisuterías obviamente engañosas, teléfonos de funcionamiento incomprensible, armarios que se atascan, muebles de cocina cursis, logotipos vulgares, camisetas con chistes zafios, sofás que se ensucian y no hay manera de limpiarlos, toallas que tardan en secarse, motocicletas que se oxidan cuando llueve, llaveros que hacen daño en el bolsillo del vaquero, portadas de libros pedantes, carteles que apenas se leen, lámparas que se caen y que nunca se sabe dónde tienen el interruptor, cartones de leche que gotean, relojes de imitación naífs a más no poder, abrigos con demasiados bolsillos o con demasiados pocos…¿Por qué sois así?

El Museum für Kunst und Gewerbe de Hamburgo se ha fijado en todas ellas, en las cosas feas, inútiles y mal pensadas, y las ha reunido en la exposición ‘Börse dinge’, (‘Cosas horribles’), que se anuncia como “una enciclopedia del mal gusto“.

La muestra de Hamburgo, en realidad, parece una celebración del kitsch de esas que aparecen de vez en cuando en las librerías de los museos y que a todos nos hacen reír: el reloj despertador Casio que imita una mezquita, la lámpara cuyo pie es un AK-47… Ese tipo de objetos que, en el fondo, hacen que el espectador se sienta refinado y a salvo de la vulgaridad. Pero: ¿qué es, en realidad, el mal diseño?

¿Qué es lo que hace que un diseñador fracase, que a un profesional con talento le salga mal el trabajo? “Éxito o fracaso remiten a la sociedad del espectáculo. Y en ella el buen diseñador no tiene ningún papel”. La primera respuesta es la del diseñador Alberto Corazón y llega en un correo electrónico: “La palabra diseño se ha convertido en un mantra de uso tan generalizado que lo utiliza un amplio espectro de la ciudadanía que va desde los políticos hasta los entrenadores de fútbol. Ya no es posible hablar de diseño, en un periódico, sino de diseñadores. A su vez, para ser diseñador, solo es necesario decirlo: yo soy diseñador”.

“Acotando el territorio nos encontramos con buenos diseñadores, mediocres diseñadores y gente que hace tonterías nombrándose diseñadores. Estos últimos consiguen, con demasiada frecuencia, algún éxito mediático. Lo estrafalario puede ser una buena noticia, como sucede con la moda. Luego está la mediocridad, que es un valor en alza en estos momentos. La mediocridad tranquiliza, es igualitaria. Y por último están los diseñadores responsables y comprometidos con su trabajo. Un trabajo en el que el cliente competente es tan importante como el diseñador competente”.

Vergüenza

Y continúa Corazón: “Aquí el éxito o el fracaso están compartidos en partes iguales. Llegando a este punto no puedo sino celebrar, toda iniciativa que penalice las tonterías y mediocridades que se amparan bajo la denominación de origen ‘diseño’. Sólo aquello que mejora nuestra calidad de vida, que mejora nuestra relación con lo que nos rodea es, buen diseño”.

Siguiente respuesta: Riccardo Marzullo es el director del Istituto Europeo di Design en España. Y, en su opinión, “las exposiciones sobre el mal diseño, que hemos visto ya en muchas ocasiones, son muy anecdóticas. Está bien reírse con ellas, es hasta necesario ver lo que es la exageración, pero lo importante no es eso”.

Lo importante es recordar que “el diseño es función, es funcionalidad. Y es, sobre todo, innovación: en los métodos de trabajo, en los procesos sociales… Y esa es la medida que separa el buen y el mal diseño”.

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