Victor I. Stoichita sobre “no tocar” las obras de arte

¡NO TOCAR! Cuando -hace más o menos tres siglos- las obras de arte se confinaron en los museos, esta prohibición vino a colmar su proscripción. De esta forma, se quiso prevenir cualquier intento de superar la percepción óptica -considerada como la única aproximación lícita a la obra- con la experiencia táctil. La prohibición cortaba por lo sano cualquier veleidad tendente a comprobar hasta qué punto el arte y la vida podían intercomunicarse, hasta qué punto se podía experimentar el fluir de la vida en el arte. La fórmula ¡NO TOCAR! era (y es aún) la consecuencia de privilegiar en la obra de arte la “imagen” sobre el “objeto”; la consecuencia, en fin, de subrayar su parte de irrealidad. Las imágenes, como es sabido, se diferencian del resto del mundo por algo fundamental: las imágenes no existen. “Tocar la obra” equivale a retrotraerla al estadio de objeto, atentando contra su esencia, que pertenece al orden de lo imaginario. Seguir leyendo…

Texto procedente de Victor I. Stoichita, Simulacros. El efecto Pigmalión: de Ovidio a Hitchcock, Siruela, Madrid, 2006.

Gracias a Joana Masó por el pase.

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