Cuando la escultura es a la vez obra de arte e instrumento devocional

Como es costumbre, el primer viernes de marzo de cada año, el Cristo de Medinaceli, en la Basílica del Cristo de Medinaceli en Madrid, es bajado de su camarín para el tradicional besapiés. La tradición, que data del siglo XVIII, tiene gran predicamento a la que acuden madrileños y personas venidas de otros lugares con la esperanza de que el Cristo, en el único día que se le pueden besar los pies, les conceda alguno de los tres deseos que se pueden pedir.

Esta completa talla del s.XVII de la escuela de Juan de Mesa de Sevilla representa a un Ecce-Homo, de 173 cm, con una mirada que refleja un gran sufrimiento. No es gran cosa, pero su veneración provoca largas colas de devotos. Y así está el pie derecho del Cristo de Medinaceli con tanto ósculo de fieles, y sobretodo, con tanto paño que se pasa para limpiarlo después.

Pie del Cristo de Medinaceli .jpg

Cuando la escultura es a la vez obra de arte e instrumento de devoción, puede ocurrir que el “espectador” acabe destruyéndola con su fervor. Y sobretodo en este caso: una de las restauraciones prevista para este Cristo en el 1997, que incluía una una pantalla de metacrilato para proteger el pie derecho del desgaste y una medalla de plata con la imagen del Cristo donde depositar los besos, no fue llevada a cabo en su totalidad por la queja y rebelión de los fieles. Y es que el contacto, es el contacto.

Gracias a Elena Vozmediano por el pase.

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