Author Archives: Mireia c. Saladrigues

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Museografía u orientación para la concepción adecuada y conveniente establecimiento de los museos o cámaras de curiosidades

En 1727 el marchante alemán Caspar Friedrich Neickel (seudónimo de Kaspar Friedrich Jencquel) publica en Leipzing el tratado titulado Museografía u orientación para la concepción adecuada y conveniente establecimiento de los museos o cámaras de curiosidades, en el que recoge toda una serie de explicaciones respecto a la disposición de las colecciones en los espacios designados para tal fin, así como los criterios para su registro, inventario y catalogación de los objetos, recomendando el uso de elementos originales sobre las reproducciones y detallando las condiciones óptimas para su mantenimiento.

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Los robos de arte en las series de televisión

En algunas de nuestras anteriores entradas (Las réplicas de las obras de arte en el cine, The Monument Men, Robos con arte. Entre el delito y la ficción) ya hemos hablado de la fascinación del séptimo arte por los robos de las obras de arte mientras hacíamos referencia a cómo éstos añaden un halo de dandismo y sofisticación. Pues hoy toca hacerlo sobre la televisión.

Y es que en tiempos en los que los los ladrones de arte escriben sus biografías y son motivo de documentales; los actos de destrucción de templos y esculturas de piedra circulan masivamente por redes sociales y medios de comunicación; y los museos dedican exposiciones a la iconoclastia, no nos debería extrañar que los robos de arte y sus ladrones sean protagonistas en la tramas de las series televisivas, como lo hemos visto en Castle y El Ministerio del Tiempo durante las pasadas semanas 17 y 18.

Fragmento de Castle. “Eye of the Beholder”. Temporada 4. Capítulo 5 (63)

Castle y Beckett investigan un asesinato sucedido en un museo. Tal asesinato guarda relación con el robo de la escultura Puño del capitalismo, de un valor de 50 millones. Serena Kaye, una atractiva investigadora que esconde un secreto muy importante, les ayudará en este caso y centrará su atención en Castle. Además, Joy McHugh, una adinerada benefactora del museo, se convertirá en la principal sospechosa del crimen. Finalmente Beckett, Castle y Serena encuentran que la obra de Alisa, una joven artista, contiene escondida la escultura en el mismo museo.

El Ministerio del Tiempo. “Óleo sobre tiempo”. Temporada 2. Capítulo 17

Diego Velázquez, que es funcionario del ministerio, recibe una alarma en su móvil. Uno de sus cuadros acaba de ser subastado en 2016 a un precio estratosférico. Esto sería algo normal si no fuera porque es una de las pinturas que fue destruida por el fuego en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734. Ante la falta de patrullas por problemas con el convenio laboral, el propio Velázquez e Irene se desplazan hasta allí para investigar lo que está ocurriendo. Lo que se encuentran es un robo de arte a gran escala por parte de Darrow en colaboración con Lola Mendieta, quienes están sustituyendo los originales por copias para, siglos después, hacer negocio con los originales.

Parece ser que estos capítulos tienen un claro preferente: en el 2009 la USA Network lanzó la serie White Collar (Ladrón de guante blanco) en la que durante seis temporadas Neal Caffrey, un convicto estafador que es capturado después de su fuga, termina colaborando con el departamento de crímenes de guante blanco bajo la supervisión del agente especial del FBI Peter Burke, que es el que lo puso en prisión. A lo largo de la serie, Neal ayudará a la FBI a solucionar los casos más complicados haciendo uso de su basto conocimiento. Y es que él es un hábil ladrón y falsificador de arte, entre otras actividades criminales.

Trailer de White Colllar

El capítulo piloto de Ladrón de guante blanco, entre otras historias de la trama, aborda el caso de la falsificación por parte de El Holandés de unos bonos españoles de 1938 que fueron acuñados con unos grabados de Goya. Ya en esta primera entrega, como en el caso de las otras series, podemos identificar como se parafrasean casos verídicos entre la ficción, o como se construyen ficciones a partir de casos reales… Habrá que estar atentos a la pantalla a ver si lo próximo irá en clave criminológica pseudo-historicista, en la línea de ficción especulativa de Black Mirror, o en algo totalmente nuevo y diferente.

Black Mirror. Temporada 1. Capítulo 1

Un terrorista ha raptado a la princesa Susannah de Gran Bretaña, una adolescente princesa que es la favorita de toda la población, muy querida, famosa y activa en Facebook. El delincuente ha subido un vídeo de la princesa en YouTube en la que se la ve atada y leyendo los requerimientos para su libertad. Para sorpresa del gabinete, el secuestrador no quiere dinero, no busca que liberen a un terrorista, ni que UK condone la deuda del Tercer Mundo. El Primer Ministro deberá salir en todas las cadenas de la televisión en una transmisión en vivo teniendo relaciones con un cerdo. Al final del capítulo descubrimos que el secuestrador, que se suicida después de liberar a Susannah y de comprobar cómo el Primer Ministro cumple con su palabra, es Carlton Bloom, un artista ganador de un premio Turner. El acto del cerdo termina siendo la primera gran obra de arte del siglo XXI según otro artista.

Obras de arte falsas co-comisariadas por el FBI

En Hyperallergic nos explicaron por allá en el 2013 de una exposición bastante curiosa que añadió más leña al fuego sobre los debates sobre las falsificaciones…
Y es que en este caso se exhibieron obras de arte falsas interceptadas por el FBI…

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In what might be the first-ever exhibition of artworks co-curated by an intelligence agency, a show has been mounted at Fordham University’s Center Gallery to showcase some of the finer specimens of forged art seized by the FBI’s Art Crimes team. Caveat Emptor, as the show is titled, was timed to coincide with the intelligence community’s biannual ICCS conference on cybersecurity — and the confab will be using the gallery space resplendent with forgeries as its central registration room.

How might one go about putting together a show of forgeries owned by the FBI? The show’s co-curator, Daniel Small, recently told Hyperallergic about the extended process. “The [FBI] gave me a much longer list of stuff that could be cleared, then I whittled it down to a group of 25. And then once I got into town [New York City] I went to the facility, I pulled some other stuff out, saw what they [the FBI] accepted, then brought it to Fordham and whittled it down to the 13 artists in the show.”

The collected works are intentionally uneven, but they share a common characteristic: “All of them forensically tested out, some are convincing, some are amazing, and some are terrible,” Small said. The identical Chagall “La Nappe Mauve” paintings, for instance, were the work of the prolific forger Ely Sakhai, who went to great lengths to procure period frames and canvases for his forgeries. Small added that the full provenance of some of the forgeries remains unknown to him, though the FBI plans on making the case files available to him, and he will in turn present this information as the show continues.

Taken together, the works in the show have the effect of forming a cartoonish canon, like the national museum of a very small country whose bureaucrats are Sotheby’s catalogue completists. Juxtaposed with the theatrics of power — the agencies represented at the conference include the NSA, the FBI, and the CIA —  Caveat Emptor, with its mercantilistic title recalling the whole affair’s intersection with the art market — has all the makings of an intriguing spectacle.

The tension isn’t lost on Small, who by working closely with a veteran Special Agent in the Bureau’s Art Crimes team was able to gain an unusually nuanced view of the Bureau’s attitudes toward art and art forgery. “From their position it’s all a very logistical thing … But the show isn’t just some tongue-in-cheek joke making fun of the FBI, at least how I think of it, but there are a lot of idiosyncrasies in the system.”

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Artículo de Mostafa Heddaya

What makes a museum secure?

An article written by  and mentioned by Elena Vozmediano.

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In 2013 I became the moderator of the Museum Security Network after its founder, Ton Cremers, the former Head of Security at the Rijksmuseum, retired. With the help of our correspondents in the USA and Africa, I review articles, press reports, and intelligence on museum security issues and circulate them to our members every day. Since I took over the role there hasn’t been a single day when there were no museum security issues on which to report; it often takes several hours to go through the last 24 hours’ worth of information on acts of vandalism, theft, and damage. But while Hollywood conveys the impression that museums need be afraid of only acrobatic millionaires and art-collecting Doctor No-style super villains, the reality is rather different and considerably less glamorous.

What then do we mean by ‘museum security’? This increasingly all-encompassing term essentially refers to the protection of cultural and historical artefacts and the publicly accessible sites that house them. While the number of security threats appears to be growing, museums face the difficult task of addressing these concerns on tight budgets and without making themselves significantly less accessible to visitors, or less enjoyable.

In order to mitigate and, wherever possible, prevent the various risks that may befall a museum, its collection, staff or visitors, modern-day museum security requires an adaptable, multilayered approach. This frequently involves the use of specialist technology and software in combination with specially trained security guards, and experienced gallery assistants. Museums, guided by industry standards and recommendations, are advised to carry out carefully considered and regularly updated risk assessments to ensure that they have adequate and proportionate security measures in place. Without this, security can suffer and institutions may struggle to meet key insurance requirements and be unable to secure high-profile loans for exhibitions.

When people ask me about the role of the Network, the question that crops up more than any other is: ‘Why does museum security matter?’ Fundamentally, it matters for the same reasons that museums matter: they educate and engage the public, promote our own cultural heritage and communities, and inform us about the history of other cultures in the world. In the UK we are lucky to have access to some of the greatest collections and institutions in the world and that such access is free. Over time, museums have also become great collecting houses – the ‘end user’ for objects that were commissioned, created, and bought and sold privately for centuries before finally going on permanent, public display. If you believe that these institutions and the artefacts they hold are important, it follows that you would also value the protection and preservation of such collections and our access to them. So what exactly is it that we need to protect museums from?

Terrorist attacks at the Jewish Museum in Brussels in 2014 and at the Bardo Museum in Tunisia in 2015 left over 20 visitors and tourists dead, with dozens injured. It was therefore understandable when, in the immediate aftermath of the November Paris attacks, the Louvre and other important cultural sites were closed for several days before reopening with enhanced security measures. The destruction and looting of cultural sites in Mali, Syria, and Iraq (among others) has involved frequent attacks on museums by terrorist organisations intent on wiping out the cultural heritage and history of their alleged enemies. This has led to international outrage and condemnation from organisations such as UNESCO, as well as a general increase in security at museums worldwide. But while high-profile attacks attract significant press attention and understandably result in the review of security procedures at major national institutions, there are more commonplace risks to museum security, which need to be considered just as carefully.

As public spaces, museums derive significant revenue from their visitors, whether from entrance fees, special exhibitions, or purchases from the café and shop. Creating a safe, welcoming, and open environment, which encourages people to visit repeatedly, is therefore of primary concern. But ‘open access’ has to be carefully balanced with museum security. Ideally, the latter should be subtle, but ever present. Anyone who has visited the Louvre and stood in front of the Mona Lisa may be surprised at the amount of security surrounding the painting and the distance at which viewers are kept, despite its protective casing. However, when you consider that this priceless painting has been stolen, damaged in an acid attack, had a rock thrown at it, and a cup of tea poured over its case, it is perhaps more surprising that the Louvre has the work on public display at all, and that over eight million visitors a year admire Leonardo’s masterpiece.
Most institutions carry out regular risk assessments based on the importance and type of each exhibit, its location in the building, and how physically accessible it is when the museum is open, and when it is closed. They also need to take into account any recent trends or intelligence that may suggest that an item is more likely to be damaged, stolen, or attacked. Artefacts are then divided into security groups, from high- to low-risk, and the categories internally monitored to reflect changes in their status.

In 2011, museums and auction houses across the UK and Europe were warned to step up security for any rhino horns in their holdings and to remove them from public display where possible, and even to take images of them down from their websites. (The Natural History Museum in London replaced its rhino horns with fakes.) The warning came after over 20 thefts of horns and skulls by what was believed to be an organised criminal gang seeking to profit from the value of powdered rhino horn (twice the price of gold at the time) in the Chinese medicinal market.

In April 2012, the Oriental Museum in Durham and the Fitzwilliam Museum in Cambridge both had several pieces of valuable Chinese jade stolen in night-time raids. Later that same month, staff at the Museum of East Asian Art in Bath who had been briefed on the increased risks to their collection, were able to prevent an attempted theft by getting to a secure location and alerting the police after thieves forced their way in to the museum during opening hours.

While museum security has increasingly moved away from depending on guards sitting in a specified spot to supervise an exhibit and its visitors, well-trained staff remain integral to the safety and security of cultural institutions. Now that visitor experience and engagement is more actively encouraged, security guards and gallery assistants are even better placed to identify and deter potentially problematic or criminal behaviour at the earliest stage; high-specification CCTV security systems and gallery control-rooms are only as effective as the staff monitoring and managing them. Regular maintenance of security systems and staff revision of security protocols in light of any temporary issues is also extremely important. In 2010, a lone thief broke in to the Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris at night, leaving with works by Matisse, Picasso, Léger, Braque, and Modigliani. Although the individual had been caught on the museum’s CCTV, the alarm had been malfunctioning for over a month and failed to go off. As a result the guards didn’t notice the broken window or the bare walls until long after the thief had left.

The careful placement and training of staff can also be extremely useful in combatting opportunistic thefts. For example, the recent thefts of Renaissance coins from the National Museum of Scotland and Roman coins from Chelmsford Museum took place during opening hours, but were not immediately noticed by staff.

Since museums are frequently housed in older buildings or those not designed with security in mind, it is important to consider the lines of sight available to personnel on the ground, and to CCTV cameras (where installed). If staff need to move around to oversee multiple areas, consideration should also be given to the amount of time this may leave certain areas out of view. It is for this reason that museums seeking to redesign their storage and exhibition spaces are increasingly looking for architects familiar with security concerns. Ground-floor access to key exhibits may be popular with visitors and glass-sided buildings may look impressive, but these factors should be weighed up against security and insurance concerns.

When museums carry out risk assessments and security audits, they should always ask themselves how many layers of security need to exist between the object and someone who may wish to harm or steal it. Picture alarms and bullet-proof glass protect exhibits from some risks, but not others. Staff who are trained in how to monitor and respond to threats also need to know what to do after a breach has occurred. The protocols and extensive in-house security departments at larger museums may be well equipped to deal with thefts and acts of vandalism, but smaller institutions, and the volunteers they rely upon, are often less familiar with how to identify and preserve a crime scene, collate, and circulate key details – and of how important it is to notify senior management or law enforcement as soon as possible without fear of being blamed.

The threats to museum security are unfortunately a far cry from what The Thomas Crown Affair would have us believe.  The work may not sound exciting and security resources are often among the first hit by museum budget cuts. However, despite the myriad risks posed, and the difficult balancing act involved in meeting the expectations of visitors and management, the dedicated individuals and volunteers who work in museum security still have one crucial purpose, which is to protect the past for the benefit of everyone.

Made To Be Destroyed

In the exhibtion FADE IN: INT. ART GALLERY – DAY that explores the role that art plays in narrative film and television, we can find Made To Be Destroyed, 2016 by Christian Marclay.

 
With this work, Marclay edits together a multitude of film clips in which artworks are destroyed. The minutia of the preliminary research and ensuing editing highlights a series of narrative and cultural patterns whereby art is the victim of violence. Whether sprayed (Batman, 1989), burnt (Equilibrium, 2002) or smashed (Le sang d’un poète, 1932 The Naked Gun, 1988), artworks are destroyed in moments that express rage against the self and others, the pain of loss, rebellion against a state or political power, or simply the perfect foil for a slapstick mishap.

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Christian Marclay, became internationally known in the 1980s for his reassembled readymades created from fragmented vinyl records, in his series of work Recycled Records. If you want to read more from him, you can go to this Journal of Contemporary Art.

Thanks to Elena Vozmediano for the info.

 

En un mitin del PP tapan con abrigos los genitales de un desnudo de Antonio López

Durante el acto electoral del PP en el Palacio de los Serrano, la escultura del hombre desnudo situado en el patio renacentista apareció cuidadosamente cubierta.

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De esta guisa, abrigado para que no cogiera frío, apareció una de las obras más importantes del patrimonio artístico de Ávila en un acto electoral que el PP organizó el pasado día 11 de diciembre en el Palacio de Los Serrano; y donde la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, acudió a hacer campaña acompañada de Pablo Casado, en mitin centrado en los jóvenes.

Se trata de un desnudo del artista Antonio López, que dado su hiperrealismo alguien optó por convertir en percha de cazadoras y así evitar a la mocedad una visión que pudiera afectarles el desarrollo. La escultura, situada en uno de los lados del patio renacentista del palacio, es una de las obras más valiosas del patrimonio de la Fundación Caja de Ávila y su autor es el artista español más cotizado, lo que no fue óbice para que fuera censurado en su más elemental hombría, como informa el Diario Digital de Ávila.

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De hecho, la escultura procede de un exposición inaugurada con gran orgullo por el artista en la primavera de 2014 y había visto “numerosos actos y presentaciones, pero siempre como su creador le trajo al mundo, nunca con ropa. Ha tenido que esperar al sábado, a una campaña electoral, para que alguien la considerada impúdica y no respetase lo que es una obra de arte”.

Así es cómo lucía el hombre desnudo de Antonio López con todo el asunto al aire, tal y como el propio autor quiso que siempre se mostrara:

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Fuente  Strambotic.

Felices votaciones a todos!

Man shot himself at Wexner Center for the Arts

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Dean D. Sturgis, un antiguo agente de seguridad del campus universitario de Ohio, se suicidó este pasado domingo en el Wexner Center for the Arts después de disparar a algunas obras de arte.

El centro ha cerrado la exposición actual After Picasso: 80 Contemporary Artists, que muestra trabajos de 150 artistas influenciados por Pablo Picasso, como Andy Warhol, Roy Lichtenstein, Jasper Johns, Sigmar Polke, Fred “Roller” Wilson y Amy Sillman, y también los contemporáneos Ernst Ludwig Kirchner y Henri Cartier-Bresson.

La policía ha seguido hoy investigando y no se ha proporcionado información alguna sobre las obras dañadas, así como tampoco sobre Sturgis.

Estaremos al caso de la novedades relacionadas con este triste acontecimiento.

Fuente original en The Columbus Dispatch. Gracias a Elena Vozmediano por el pase.

La guía de los vigilantes

La seguridad en los museos describe de forma minuciosa e ilustrada las diferentes tareas y situaciones que un vigilante de seguridad de un museo puede encontrarse durante su servicio.

Esta guía corresponde al primer volumen del Manual de Protección del Patrimonio Cultural que fue escrito y publicado por la UNESCO en el 2006.

Toda una joyita que nos ha pasado Jordi Ferreiro.

Los cubanos se roban hasta los clavos de las obras expuestas en la Bienal de La Habana

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Si la duodécima Bienal de La Habana, según han expresado sus organizadores, pretendía invitar a «sentir la ciudad y su gente», sin duda alguna alcanzó sus objetivos.

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Al menos los actos de vandalismo que han arruinado muchas de las obras y que en varios casos han motivado el retiro de piezas e instalaciones importantes, de manera irónica demuestran la verdadera utilidad práctica del arte para algunos cubanos.

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Después de casi un mes de exhibición, lo que fuera una inmensa galería de arte a cielo abierto ha terminado convertida en un muestrario de calamidades. José Sierra, una de las personas encargadas del cuidado de las obras emplazadas en el Malecón habanero, nos comenta sobre lo que ha sucedido:

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“Los primeros días la gente más o menos se paraban a mirar, algunos tocaban, sobre todo los niños, había policías en todas partes pero ya después ha sido un desastre. (…) No solo porque el mar y la lluvia han hecho lo suyo sino porque la gente te vigila, te juega cabeza o vienen bien tarde, por la madrugada y arrancan pedazos. Todo lo que sea de utilidad se lo llevan. Hasta se han robado las manijas de la pirámide de gaveteros [se refiere a la obra Secreter, de Lina Leal]. (…) Hace unos días yo vi cómo, al descaro, dos tipos sacaban los clavos de unos tablones. Estaban sentados en el piso dando martillazos como si estuvieran en el patio de su casa. Ya ni la policía les dice nada. Esto es como un “sírvase usted”. (…) Más allá de que sean incultos o no, lo cierto es que hay mucha necesidad”.

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Moraima Cobas, también celadora, nos da una idea de los destinos de los fragmentos de algunas piezas:

“Ayer le oí decir a un hombre que la gente se lleva los trozos [de una obra que simula un pastel gigante] porque, como es de colores vivos y de un material como de plástico, lo cortan en pedacitos, los rebajan, les dan forma y hacen collares, pulsos, y cosas de artesanía. La gente no respeta nada. (…) Han tenido que acordonar el caldero [Delicatessen, de Roberto Fabelo] para que no se pierdan los tenedores. ¿Tú te imaginas que, en vez de tenedores, esa cosa la hubieran llenado de pollo o de carne? (…) Los 150 pesos [6 dólares como único pago mensual] que nos dan por cuidar no pagan todo el trabajo que pasamos toreando a la gente. Hay que tener mil ojos porque aquí en Cuba la gente se ha convertido en magos. Si los custodios del Capitolio se quedaran dormidos, ahí no queda ni la zapata”.

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Durante todos estos días, quienes recorren las zonas de exposición han podido escuchar no solo frases de admiración o desconcierto de los espectadores sino, además, los comentarios sobre los posibles usos de aquel “montón de cosas” que, después de concluida la Bienal el próximo 22 de junio, pudieran ser mucho más útiles a esos que, en medio de tanta miseria, resulta penoso recriminarlos por  su interpretación de este importante acontecimiento cultural solo como un rotundo carnaval del despilfarro o un mercadillo de gangas.

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Alrededor de obras tan atractivas como la playa improvisada, las atalayas de madera o la “pista de hielo” ya se van alistando los hombres y mujeres que, carretillas en mano, aguardan con desesperación la clausura de la duodécima Bienal de La Habana para comenzar el acarreo de la arena, los hierros, los palos y cuanto material les sea útil. ¿Quién negará entonces que, si no los artistas, al menos sus obras terminarán integrándose a “las mecánicas de lo cotidiano?”.

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Fuente: Loveartnotpeople

Cuando deshacer las lógicas del poder no es posible en el Museo

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Tal y como a lo largo del día han ido comunicando los medios y algunas redes sociales, la exposición La bestia y el soberano, que tenía que tener lugar en el MACBA, ha sido cancelada hoy mismo, día de su inauguración.

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La muestra ha sido comisariada por Hans D. Christ, Iris Dressler, Paul B. Preciado y Valentín Roma (estos dos últimos pertenecen al equipo del museo); y coproducida con el Württembergischer Kunstverein (WKV) Stuttgart. Exploraba cómo las prácticas artísticas contemporáneas cuestionan y deshacen la definición occidental y metafísica de la soberanía política: el modo en que éstas proponen maneras de entender la libertad y la emancipación que exceden el marco de la autonomía individual, así como la forma moderna del Estado-nación.

La exposición tomaba el título del último seminario impartido por Jacques Derrida en 2002-2003, dedicado a analizar los límites de la soberanía política en la tradición metafísica. La bestia y el soberano encarnan, para el filósofo francés, las dos figuras alegóricas de lo político que se han situado históricamente más allá de la ley: la bestia supuestamente desconocedora del derecho y el soberano cuyo poder se define precisamente por su capacidad de suspender el derecho. Esta división ontoteológica produce una serie de oposiciones binarias de género, clase, especie, sexualidad, raza o discapacidad que estructuran relaciones de dominación. Por un lado, la bestia entendida como animalidad, naturaleza, feminidad, el sur, el esclavo, el sitio colonial, el sujeto no blanco, lo anormal. Por otro, el soberano que representa lo humano o incluso lo sobrehumano, Dios, el Estado, la masculinidad, el norte, el sujeto blanco y sexualmente normal. ¿Cómo pensar la soberanía más allá del poder? ¿Cómo producir soberanía cuestionando estas relaciones de dominación?

Sobre esas relaciones de dominación injustas que lleva aparejadas la soberanía popular, definida como primacía de la supuesta voluntad general frente a las minorías, iba a girar la muestra La bestia y el soberano, del 19 de marzo al 30 de agosto en el MACBA, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Las obras que se incluían eran de Efrén Álvarez, Angela Bonadies and Juan José Olavarría, Inés Doujak y John Barker, Juan Downey, Edgar Endress, Oier Etxeberria, León Ferrari, Ghasem Hajizadeh, Julia Montilla, Ocaña, Mary Reid Kelley, Jorge Ribalta, Wu Tsang, Stefanos Tsivopoulos, Viktor & Yelena Vorobyeva y Sergio Zevallos entre otros.

Escribimos este post en pasado porque, según explica Efrén Álvarez en Zero Grados, la muestra ha sido suspendida supuestamente por “un tema de protección de la imagen del rey”. Detrás de esta decisión, se encuentra “el miedo a perder cargos” y apunta directamente a “la gente de la Fundación MACBA y, en general, al tipo de gente que dirige grandes entidades, que piensan que meterse o mencionar al rey no es una tontería”. “No les verás intervenir en ningún otro tema”, matiza Efrén.

La Bèstia i El Sobrià_ La Bestia y el Soberano_Loomshuttles, Warpaths o Líneas de guerra _Ines Doujak and John Barker.

Según cuentan La Vanguardia, El Mundo o Ara, el MACBA ha decidido cancelar la exposición por la inclusión de una polémica obra de la artista austríaca Ines Doujak: Haute Couture 4. Transport, que presentó el pasado mes de diciembre en la Bienal de Sao Paolo. En la impactante escultura de papel maché se representa a un pastor alemán penetrando a la líder bolivariana Domitila Barrios de Chúngara y ésta, a su vez, al rey Juan Carlos I, que aparece a cuatro patas escupiendo un ramo de flores sobre una alfombra de cascos nazis de las SS. En la Bienal de Sao Paolo, Doujak ya dijo que la obra «juega con las relaciones de poder y las subvierte».

«Es una imagen muy sensible», admite el director del Macba, Bartomeu Marí, que conoció la existencia de esta pieza este mismo lunes -«algo inaudito», lamenta- y considera que su «contenido no debe vehicularse en el museo». Según Marí la decisión de no exponer la pieza no debe considerarse como una censura: «Es una decisión del propio museo». Sin embargo, los comisarios de la exposición se han negado a quitar la escultura de la exposición.

«En mis 25 años de carrera nunca había visto una cosa similar. No conocía los detalles de la exposición con la antelación con que debería. Es un fallo. Y cancelar la exposición es un hecho absolutamente lamentable y triste», critica Marí, que había defendido la «exposición por considerarla muy pertinente». Pero ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el propio equipo curatorial de la muestra, ha decidido cancelarla. ¿Y cuál será el próximo paso de Paul B. Preciado y Valentín Roma? «Espero que no presenten su dimisión y podamos seguir trabajando juntos», asegura el director.

Foto de eblavatsky en Instagram

Personalmente, tengo diferentes opiniones respecto a lo ocurrido:
La cancelación de tal exposición es la mejor metáfora (incluso performance) acerca de la soberanía y la bestia. Lo ocurrido hoy es una fehaciente muestra de la estructura institucional del MACBA, y quizás debamos preguntarnos hasta qué punto se pueden deshacer las estructuras de poder (del rey) en el mismo marco de un museo que fue inaugurado en 1995 por la misma realeza.

Me parece adecuada la reflexión de Paul Beatriz Preciado en El Estado Mental: “Si queremos salvar el museo quizás tengamos que, paradójicamente, elegir la ruina pública frente a la rentabilidad privada. Y si no es posible, entonces quizás haya llegado el momento de ocupar colectivamente el museo, vaciarlo de deuda y hacer barricadas de sentido. Apagar las luces para que, sin posibilidad alguna de espectáculo, el museo pueda empezar a funcionar como un parlamento de otra sensibilidad”.

La concentración de hoy mismo delante la puerta principal para exigir un museo democrático es importante, pero espero que no se quede sólo en eso.

Flyer convocatoria concetrnación MACBA_La Bestia y el soberano

Por otra parte, me sorprende que la información publicada en los medios sobre la “polémica escultura” sea del todo errónea en cuanto a título y autores. Tal y como he podido comprobar en los listados de la Bienal de São Paulo, la obra es Loomshuttles, Warpaths o Líneas de guerra (2009-) y no Haute Couture 4. Transporty, mientras que sus autores son Ines Doujak y John Barker en vez de Ines Doujak.

Y para terminar, hará falta seguir el desarrollo de esta situación y, por ende, actualizar esta información.

Attack on Museum Bardo in Tunis

Al menos ochos personas, entre ellas siete extranjeros, han muerto en un ataque terrorista en el Museo Bardo de Túnez, según anunció el Ministerio de Interior. Entre las víctimas se encuentra al menos un español.

Dos terroristas vestidos con uniformes militares han tratado esta mañana de asaltar, alrededor de las 12.30 horas, el Parlamento de Túnez y, tras un tiroteo, se han refugiado en el vecino museo, que está al lado de la sede del legislativo. Allí, los terroristas han tomado rehenes, tras herir a los guardias de seguridad del recinto. En el lugar habría unos 200 visitantes.

Un portavoz del Ministerio del Interior afirmó que hay al menos 8 turistas muertos, entre ellos españoles, franceses e italianos, según France 24h.

Según las mismas fuentes, la guardia de seguridad de la cámara se dio cuenta de que los dos uniformados no portaban armas reglamentarias y, al pedirles que se detuvieran, se desató un tiroteo durante el que los presuntos asaltantes lograron huir hacia el citado museo, uno de los más importantes de Túnez. Los asaltantes, además, habrían ocupado el edificio de la radio tunecina. Tras el asalto, el Parlamento ha procedido a evacuar a los diputados y a los periodistas que cubrían la información de la cámara.

Un funcionario de la Agencia del Patrimonio confirmó a Shems FM por teléfono que los asaltantes entraron en el museo disparando y que han tomado como rehenes a los visitantes y el personal del museo.

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Nouvelle photo des otages du musée du #Bardo … Toujours pas du confirmation sur la mort de 4 d’entre eux. #Tunisie pic.twitter.com/WsXHB21kDQ — Med Dhia Hammami (@_med_Dhia) March 18, 2015

 
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PHOTO: A Photo taken by one of the hostages in the Bardo Museum. #Tunisia #Hostage #Developing pic.twitter.com/eq07QbNmsq — News_Executive (@News_Executive) March 18, 2015

A Tunisian official says eight people have been killed in a shooting attack on a leading museum.

Interior Ministry spokesman Mohamed Ali Aroui said on Radio Mosaique that only one of the dead in Wednesday’s attack was a Tunisian. He did not provide nationalities for the others.

Tunisia-based independent journalist Elodie Auffray posted on Twitter that one man was captured by the police, but did not elaborate.

Mosaique FM also reported that about 20 to 30 tourists were still in the museum around 1 p.m. local time Wednesday afternoon (8 a.m. Toronto time).

The station said 200 tourists were inside the museum when the attack began.

The National Bardo Museum is next to the national parliament building, which was being evacuated after the shooting.

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A Tunisian official says eight people have been killed in a shooting attack on a leading museum.

Interior Ministry spokesman Mohamed Ali Aroui said on Radio Mosaique that only one of the dead in Wednesday’s attack was a Tunisian. He did not provide nationalities for the others.

Tunisia-based independent journalist Elodie Auffray posted on Twitter that one man was captured by the police, but did not elaborate.

Mosaique FM also reported that about 20 to 30 tourists were still in the museum around 1 p.m. local time Wednesday afternoon (8 a.m. Toronto time).

The station said 200 tourists were inside the museum when the attack began.

The National Bardo Museum is next to the national parliament building, which was being evacuated after the shooting.

Fuentes:
La Vanguardia
Al Arabiya News
The Star World
CBS News

Oscar Murillo Painting Goes Missing – Was it Theft or Prank?

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An Oscar Murillo canvas was taken from the exhibition “Forever Now: Painting in an Atemporal World” at MoMA last week by a visitor, a MoMA representative has officially confirmed. [This story has been updated. See below.]

“Last week, one was removed by a visitor,” press director Margaret Doyle told artnet News in an email.

Doyle further claimed that MoMA security identified the visitor and it was “quickly returned without incident or damage to the work” and that all eight of the canvases by Murillo in the show “are on view in the galleries.”

While yesterday afternoon, March 6, on our visit to MoMA, we spotted only seven of the canvases in the show. It is unclear whether or not the painting has in fact been returned to the floor. Has another one gone missing or been stolen?

artnet News’s sources also indicated that an Oscar Murillo canvas displayed on the floor in the exhibition had disappeared—that there were only seven on the floor though the wall label listed eight.

Murillo, the Colombian-born market phenom, is showing several of his trademark abstract paintings, marked with scribbles and often with the names of food items written on them, displayed on the wall. The museum has been showing eight (8) of the paintings on the floor, where visitors are free to handle them (As Instagrammers Step On Oscar Murillo at MoMA).

So what happened?
Letting visitors handle the canvases apparently left them vulnerable to, say, theft by a sticky-fingered visitor with a backpack while a guard was distracted. By comparing the paintings in the gallery with those on an illustrated checklist, a source concluded that the missing work is grid (2012-14).

Murillo has experienced a white-hot market ever since Miami collectors Mera and Don Rubell discovered his work at the Independent art fair in New York in 2012 at the booth of London dealer Stuart Shave (see 6 Weird Things the Rubells Told New York Magazine About Oscar Murillo). A show followed that winter at their collection during Art Basel in Miami Beach. In the space of a few months, in 2013, he saw his auction price soar from $37,500 (at his May 2013 auction debut at Sotheby’s) to $400,000 (at Phillips four months later). He’s represented by David Zwirner, who has galleries in New York and London.

Whether the thief knows specifically about Murillo’s high prices and hoped to cash in on the theft, or it was simply a prank, remains unknown.

Of course no scrupulous buyer would purchase the painting. If it was theft for profit, the thief would have to hope to find the sort of sinister buyer who may be displaying other priceless, stolen artworks like the Rembrandt seascape that went missing from Boston’s Isabella Stewart Gardner Museum in 1990.

UPDATE: As of March 7, at noon, there were indeed eight canvases back on view.

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Actually other fonts say:
Ms. Doyle said that the painting was unharmed, adding that “no action such as an arrest was taken.” The painting was returned to the floor of the gallery, where, she said, “the museum will assure that there is the appropriate level of security in the exhibition.” She did not say how the museum was able to identify the person who took the work, describing that as a “security matter.” Ms. Doyle cited the same reason in declining to say how long the painting was missing and whether it was returned by the same person who took it.

The removal and return of the work, which was reported by artnet.com, left lingering mysteries. Who removed the canvas? And what became of that person?

A search through emails describing serious crimes that the Police Department sends each day to news organizations did not include an indication of any theft of an artwork since the beginning of the month. A police spokesman said Saturday night that he had no immediate information about a stolen painting.

Museum officials would not identify the person who took the painting. Neither would a representative of Mr. Murillo’s dealer, David Zwirner.

Mr. Murillo, who is not yet 30 and has been referred to as “the 21st-century Basquiat,” had a rapid rise in the art world. Just a few years ago, he was waking up near dawn to clean office buildings and earn money to pay his tuition at the Royal College of Art in London. More recently, collectors have paid six figure for his paintings.

Ms. Doyle said that the painting would remain in its spot on the floor until the exhibition, “The Forever Now: Contemporary Painting in an Atemporal World,” closes on April 5.

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Fuentes: artnet y ArtsBeat
Pase: Elena Vozmediano

Destrozo del mosaico de la doble cara de Écija

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La noche del 9 al 10 de marzo, el mosiaco de dos caras de Écija fue destrozado junto a el impluvium romano y una tumba islámica.
ste lugar de interés arqueológico es visitable desde 2013.

La Policía Nacional estudia las grabaciones de las cámaras de seguridad del parque arqueológico de El Picadero para averiguar la identidad de la persona o personas que la pasada madrugada han causado daños irreparables al mosaico romano de la doble cara, una pieza arqueológica de la que, hasta hoy, sólo había cuatro en el mundo.

El mosaico tenía en su centro un juego visual que representaba un anciano sileno o un joven del cortejo báquico según el punto desde el que se observara, un juego visual del que el de Écija era uno de los cuatro ejemplos mundiales, junto con otro mosaico similar en Luxemburgo y dos más en Italia.

“El cuarto lo teníamos aquí, pero desgraciadamente lo hemos perdido”, lamenta el arqueólogo municipal, Sergio García-Dils, que asegura que la pérdida es definitiva, ya que las teselas arrancadas han sido pulverizadas en su mayoría, con lo que Écija pierde “una de las señas de identidad del mundo romano preservado durante siglos en la ciudad, perdida de forma definitiva por culpa de estos actos criminales”.
Para García-Dils, lo ocurrido “no es vandalismo, es algo criminal, actos premeditados contra un patrimonio de todos nosotros, no solo de todos los ecijanos, sino verdaderamente un Patrimonio de la Humanidad, dada la excepcionalidad del mosaico que ha desparecido”, un hallazgo que había aparecido en la prensa internacional y en revistas especializadas, como recuerda el arqueólogo, que señala que el asalto no ha tenido el robo como móvil, ya que no se ha sustraído material.

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Los asaltantes también han dañado el impluvium romano y han destrozado una tumba islámica aparecida en el mismo sector en que se encontraba el mosaico. “Han destrozado los huesos, tenemos huesos humanos esparcidos por la excavación”, dice García-Dils, para señalar “el nivel de ensañamiento y criminalidad que es algo que realmente sorprende”.

También han intentado destruir un mosaico recientemente descubierto en el yacimiento, aunque sólo han podido destaparlo, según García-Dils, que sostiene que el asalto “es destrucción masiva, sistemática y premeditada y criminal, no un acto de gamberreo o de vandalismo”.

Fuente: El correo de Andalucía.
Más información: Web de Écija.

Cuando la escultura es a la vez obra de arte e instrumento devocional

Como es costumbre, el primer viernes de marzo de cada año, el Cristo de Medinaceli, en la Basílica del Cristo de Medinaceli en Madrid, es bajado de su camarín para el tradicional besapiés. La tradición, que data del siglo XVIII, tiene gran predicamento a la que acuden madrileños y personas venidas de otros lugares con la esperanza de que el Cristo, en el único día que se le pueden besar los pies, les conceda alguno de los tres deseos que se pueden pedir.

Esta completa talla del s.XVII de la escuela de Juan de Mesa de Sevilla representa a un Ecce-Homo, de 173 cm, con una mirada que refleja un gran sufrimiento. No es gran cosa, pero su veneración provoca largas colas de devotos. Y así está el pie derecho del Cristo de Medinaceli con tanto ósculo de fieles, y sobretodo, con tanto paño que se pasa para limpiarlo después.

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Cuando la escultura es a la vez obra de arte e instrumento de devoción, puede ocurrir que el “espectador” acabe destruyéndola con su fervor. Y sobretodo en este caso: una de las restauraciones prevista para este Cristo en el 1997, que incluía una una pantalla de metacrilato para proteger el pie derecho del desgaste y una medalla de plata con la imagen del Cristo donde depositar los besos, no fue llevada a cabo en su totalidad por la queja y rebelión de los fieles. Y es que el contacto, es el contacto.

Gracias a Elena Vozmediano por el pase.

Punch a Monet, the Video Game

Después de que la semana pasada supiéramos de la agresión de Andrew Shannon al Monet Argenteuil Basin with a Single Sailboat, hoy podemos hacer uso de este videojuego, como si fuéramos el mismo Andrew y pudiéramos descargar cualquier enfado o rifirrafe con la historia del arte. Los creadores de tal iniciativa son Tom Galle, Dries Depoorter, and Eiji Muroichi y, una vez más, nos pasa la noticia nuestra siempre fiel Elena Vozmediano.

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Aquí la noticia original publicada en BlouinArtinfo por Craig Hubert:

Andrew Shannon, the man hilariously described as a “thug” for punching a hole in a Claude Monet painting at the National Gallery of Ireland, has, in addition to his reported six year prison sentence, done something even more amazing: make the internet laugh. “Punch a Monet,” created by Tom Galle, Dries Depoorter, and Eiji Muroichi, is a browser-based game that places you in Shannon’s shoes, allowing you to take out your anger on art history with a few swift swings at the canvas.

According to Galle, its origins were simple. “[The user] would be able to walk up to the super expensive Monet painting and start punching it until it eventually is completely destroyed,” he wrote in an e-mail. “It is just built for fun, we do not in any way want to encourage destroying valuable objects of art (of course).”

Last week, the 49-year old Shannon, who told the authorities after his arrest that he punched the painting as a form of protest against the state, later in court claimed he was ill and simply fell into the painting. After 90 minutes of deliberation, the jury found him guilty. Shannon was sentenced to five years in prison as well as the much more vicious punishment of being banned from any gallery or museum for 15 years after his release.

The response to “Punch a Monet” has been immediate and unexpected. “The internet’s reaction has been crazy and overwhelming,” Galle wrote. “I think people really see the humor behind it, but I also had a couple of negative reactions of people that felt like we were encouraging the destruction of valuable art.” Even so, Galle knows a few virtual cracks at something so expensive can be cathartic. “There’s something inside all of us that wants to break the rules, cross the line, and go a little crazy.”

Guarding Jeff Koons

A Photo Essay by Hrag Vartanian in Hyperallergic.
Thanks to Dominique Hurt .

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“Nevertheless, some museum visitors might see guards, so often silent and stone-faced, as more machine than human. That is a misconception. Many guards … speak with obvious passion about the exhibitions, as well as the visitors, for which they feel responsible.

“Museum guards find the lost, shepherd the confused and save runaway toddlers from impending collisions with immovable sculptures. The job demands long hours, constant vigilance and a reservoir of patience to put up with illicit picture takers, soda smugglers and pontificating amateur art critics, among other annoyances. Consider these guards the army grunts of the art world.”

—David Wallis, “Varied Duties, and Many Facets, in a Guard’s Life,” New York Times, March 20, 2013

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‘One of the things is that people always forget about museums, and forget about guards, is that when the docents go, the curators go, we’re the only ones left,’ says Booker, 72, one of several museum guards at L.A.’s major museums who talked about their unusual line of work for a Sunday Arts & Books story.

“‘And patrons are very demanding — they don’t care if you are a curator, they want to know, and you are supposed to know because you are standing in front of this stuff,’ Booker continues. ‘And to know a lot, more than just where’s the toilet and where’s the Picasso. They want to know about every kind of art there is.’”

—Diane Haithman, “Museum security guards: Lots of art and a little eavesdropping,” Los Angeles Times, July 15, 2011

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“Aside from the fact that the Russian museum guards appear to be a homogenous corps of women of a certain age and museum security staff in the U.S. is more diverse, the two significant differences between guarding art in Russia and guarding art in this country is the uniform and the chair.”

—Robin Wander, “Lens turned on museum guards in new exhibit at Stanford’s Cantor Arts Center,” Stanford News, July 25, 2012

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“I set out to get the opinions of these master observers on the pieces they guard day in and day out. Unfortunately, getting them to open up turned out to be more difficult than I had originally thought. I went to the Whitney Biennial’s press preview thinking I could waltz up to anyone with a badge, ask them whatever I wanted, and be met with a happy reply. Instead, my questions were answered with questions like, ‘Who are you?’ and, ‘Why are you asking me this?’ Later, I emailed the museum’s senior publicist and was told that ‘it is Whitney policy to have only curators comment on the art…’ Bourgeois elitism! Someone take the cork out of these untapped geysers of art criticism and let them gush!”

—Xavier Aaronson, “No Fluff in Their Stuff: Museum Guards Review the Whitney Biennial,” Vice, April 5, 2012

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“When I worked at the Walker, we had a series of tiny (about two or three inches high, for easy concealment) books called Bored Beyond Belief. They passed hands from guard to guard, and everyone added things – stories, writing, art, and comics.

“Most of the guards were artists of some kind, so they were usually well drawn and always entertaining, especially when faced with the kind of sensory deprivation one is sometimes subjected to in that situation. (My first month there was rotating through six empty galleries and a Donald Judd exhibit.)

“I believe that most of them are in the possession of the series originator.”

—@xicana63 on “A Day in the Life of a Security Guard,” Metafilter, November 14, 2013

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“Is it about, that the guards matter? Or is it about the matter of the guards … And we thought it’s basically about both those things.”

—Margot Adler, “Museum Guards ‘Sw!pe’ The Spotlight,” NPR, March 20, 2010

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‘Part of the advantage of hiring artists and art students is that they’re more enthusiastic about the artwork,’ said Joel Woodard, head of security.”

—Kathleen Luppi, “Art Museum’s guards aren’t just security experts — they’re also artists,” Laguna Beach Coastline Pilot, July 31, 2014

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“The game consists of two-minute matches in which two players take on two roles: the photographer and the guard. The photographer’s task is to take a photo of each museum exhibit by moving next to it, while the guard has to take the photographer into custody before he succeeds.”

—András Neltz, “Tourists Face Off Against Museum Guards in a Great-Looking Party Game,” Kotauku, December 31, 2013

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“‘[Performance artist] Marina Abramovic attracted a lot of people from all over the country. Two days before the exhibition ended, a lady waited all day and couldn’t get her time. She said she was going to sleep outside the museum all night so she’d be first in line for the final day. The next morning, she was the first person queued up. As she approached Marina, she started taking off her clothes. The security officers surrounded her and covered her up. She said, ‘This is what Marina likes! I’m performing too.’ We managed to get her to put her clothes back on, but she started crying when we had to ask her to leave.’—Tunji Adeniji, director of facilities and safety, MoMA”

—Sarah Bruning, “Museum stories of the worst museumgoers security guards have seen,” Time Out New York, June 25, 2014

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“For the grand finale of the museum of museum guards, perhaps even for the encore, it would have to be a guard from the third floor of the National Gallery. Between attempts to bring the Italian Renaissance and German Romanticism closer together, it resounds, so that the marble in the columns starts to shake and the faces of boys and girls on the paintings flush. The museum, in which the exhibits protect themselves alone, will end with a room with a display of the fart of a guard, an act inspired by classical art, a gesture of pure, organic creative expression, without restraint and without apology.”

—Aleš Šteger, “The Museum of Museum Guards” (translation by Brian Henry), Blackbird Archive

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Jeff Koons: A Retrospective continues at the Whitney Museum (945 Madison Avenue, Upper East Side, Manhattan) until October 19.

Para qué sirve un museo

La reciente visita de Beyoncé al Museo del Louvre

La reciente visita de Beyonce al Museo del Louvre

Sábado 10 de la mañana en el DF, México; desde las puertas del Museo Tamayo sale una cola de público de al menos 100 metros de largo y aproximadamente de cinco metros de ancho, que llega hasta la avenida de Reforma: cientos de personas se agrupan y esperan para… Una voz dice por megafonía que “ les recuerdo que esta cola no es nada más que para recoger la cita de acceso a la exposición de Yayoi Kusama, las visitas de hoy sábado y mañana domingo ya están cerradas, y les recuerdo a todos que no se puede elegir hora de visita”. Bien, a los pocos días leo en el periódico que las “más importantes pinacotecas del mundo, las más visitadas, buscan fórmulas para gestionar el acceso de turistas en sus salas”. Así me entero de que la Capilla Sixtina es visitada al día por 22.000 personas; ya no se habla de personas sino de turistas.
Sin duda la Mona Lisa ya está aburrida de ver pasar delante de ella a miles de desconocidos a diario. Los museos tienen overdose de visitas. Claro que sólo unos pocos en el mundo. La exposición de Dalí en el Reina Sofía tuvo 732.000 visitas, 6.615 al día (EL PAIS), museo que por otro lado sólo es el duodécimo del ranking de los más visitados. Por delante están el Museo Británico, la National Gallery de Londres, los Museos Vaticanos, el National Palace Museum de Taipei, la National Gallery of Art de Washington, el Pompidou y el D’Orsay en París Desde 6,7 millones el primero a 3,5 el último. La lista de los menos visitados nunca se hace pública. Miles de museos en todo el mundo están vacíos prácticamente todos los días. No porque su contenido no sea importante, no sea especial, bello, interesante; todos y cada uno de los museos del mundo lo son (exceptuando los de cera y de los deportes, el de la Coca Cola, y alguna otra estupidez, no por absurda menos visitada). Yo he visitado hasta el de Carmen Miranda en Rio de Janeiro en Brasil (precioso), los arqueológicos de toda España, los de Historia, vestimenta, bellas artes (ese genérico en el que entra todo) y, por supuesto, de arte contemporáneo. El problema es, parece ser, la gran afluencia de público a unos pocos, y la pregunta es por qué no potencian a los que no va nadie o casi nadie, esos museos desconocidos, sin personal ni directores famosos, ni campañas de publicidad, ni gabinetes de prensa, ni exposiciones temporales. El problema es cómo controlar a los turistas que como locos acuden a ver lo que sea, es más yo añadiría a esos miles de jóvenes que, también enloquecidos, acuden con sus celulares a hacerse fotos delante de todo lo que se está quieto en un acto semivandálico. Un director de museo español afirma que a él no le gustan las prohibiciones; después de recuperarme del ataque de risa, le digo con todo mi afecto: a mí si, y se me ocurren unas cuantas prohibiciones que harían mucho bien en general al arte. Primero: prohibir los celulares y las fotografías, más aún los selfies que los penaría con trabajos sociales.
Cada vez que en un museo (incluso en una feria) veo a la gente que pasea sin mirar nada, leyendo la guía, haciendo fotos, hablando y riendo entre ellos, tocando las obras, comiéndose un bocadillo, me gustaría convertirme en un Jesucristo postmoderno y expulsarles del templo de la cultura. ¡Fuera de aquí, bárbaros, salvajes, ignorantes¡ La pregunta realmente es ¿para qué sirve un museo? Esos millones de personas en todo el mundo, casi todos ellos etiquetados con el despectivo nombre de “turista” (muchas veces son los mismos en todos los museos) , ¿van al museo a ver arte o a cumplir con las guías turísticas? ¿Las cientos de personas que hacen cola para entrar a ver la exposición de Yayoi Kusama, saben quién es, saben siquiera que es una mujer, tienen idea de que es lo que hace, lo que piensa, saben algo de algo… o sólo van a hacerse selfies? Sinceramente, lo siento, lo dudo profundamente. Con la pésima o nula educación cultural que se imparte en todo el mundo, con la absoluta ignorancia que del arte actual tienen los medios de comunicación, los libros de texto básicos, con la escasa venta de libros especializados y su nula lectura…. Esos millones de turistas en todo el mundo, sometidos a una encuesta imposible dirían que un museo sirve para comprar recuerdos, souvenirs, un paraguas si llueve; para comer, merendar, tomar té o café y pastel, comprar un regalo para llevar a casa, para mamá o para los amigos, sentarse un rato a descansar de tanto pasear por las ciudades, y es que el turismo es muy duro. Lo de ver arte, así de entrada, no se lo había planteado más de un 7% de los visitantes. Antes entrábamos en las iglesias o catedrales a sentarnos sin tener que consumir, los turistas de mi época éramos más discretos (tal vez por no existir aún el selfie). Y esto es, amigos, para lo que sirven los museos hoy. Así que yo casi que prefiero, otra vez, las iglesias y los cines, que están igual de vacíos… aunque a los cines también va mucha gente que no ve la película: come, se besa, se duerme, se meten mano… pero por lo menos no pueden hacerse selfies, todavía.

Fuente: Exit Express

Para más información , ver las siguientes entradas:
Beyoncé y familia visitan El Louvre
Los museos en la era del “selfie”

Is the Museum a Battlefield?

Este trabajo de Hito Steyerl, producido en el marco de la 13ª Biennal de Istambul, toma su punto de partida en su charla ‘I Dreamed a Dream: Politics in the Age of Mass Art Production’ para abordar temas como la industria armamentística, una realidad constantemente reconceptualizada por los medios a través del continuo flujo de imágenes. Este trabajo analiza cómo el museo y el campo de batalla pueden estar relacionados; y la cuestión emerge cuando Hito investiga los rastros de un cartucho de bala encontrado en la zona de la fosa común de Van, en Turquía, donde Andrea Wolf y otros miembros de la PKK fueron ejecutados en 1998.

No debemos olvidar el loop que se produce alrededor de este vídeo: a la vez que las tareas de investigación, producción, edición, así como su posterior proyección, se dieron mientras que sucedían las protestas sociales del país. Además, Hitoy su equipo desentramaron vínculos de los principales espónsors de la Biennal con la indústria bélica.

Para otra lectura sobre este proyecto y la Biennal, lee este artículo de Caterina Almirall.

 

¿Llevar o no llevar los niños al museo?

A principios de este mes, el Young British Artists Jake Chapman despertó una gran polémica mediática a raíz de su afirmación a The Independent “Standing a child in front of a Pollock is an “insult” to the American who pioneered the abstract expressionism. “It’s like saying… it’s as moronic as a child? Children are not human yet”.

Ayer salió publicado un artículo de Estrella de Diego sobre este mismo tema que, quizás por ser vacaciones, no ha generado tanto revuelo pero sí copio aquí. También más abajo añado un listado de las noticias publicadas en los medios anglosajones para quien quiera seguir los comentarios.

Personalmente opino que todo este revuelo fue una pataleta de este enfant terrible por lo que ocurrió esa misma semana en Roma: la retirada de su Peggyback del MAXXI museo de arte contemporáneo porqué un grupo defensor de los derechos de los niños se quejó de que esa escultura era pedopornográfica.

Y aunque no estoy de acuerdo con estas acciones, tampoco lo estoy con la actitud snob y paternalista de Jake Chapman.

Piggyback

 

No lleven a los niños al museo

Según el artista Jake Chapman, los padres que llevan a sus hijos a galerías son unos “arrogantes” y cometen un “insulto” hacia Pollock o Rothko

La pequeña bomba informativa ha saltado a la palestra a principios de este mes desde el periódico británico The Independent y a través de las declaraciones del artista inglés Jake Chapman: no se molesten en llevar a los niños a los museos de arte contemporáneo porque es una pérdida de tiempo. Es más: si deciden hacerlo, sepan que como padres son unos “arrogantes” y están cometiendo un “insulto” hacia Pollock o Rothko, complejísimos de entender, sobre todo para un niño. “¿Hay alguien más bobo que un niño? Los niños no son humanos aún”, opinaba Chapman. Además, nada de falsas esperanzas. Tampoco hay suerte con Matisse o Picasso, a pesar de que dichos pintores aspiran a recuperar los trazos infantiles. “Es tanto como decir que un niño entenderá el cubismo porque las pinturas cubistas se parecen al dibujo de los niños. Una cosa no tiene que ver con la otra”, apostillaba el artista.

Los padres que se habían preparado para la visita del domingo por la mañana a la Tate Modern —muchísimos entre bicis y paseo— se quedaban pasmados, supongo, con los niños cogidos de la mano y preguntándose qué plan alternativo se podía buscar que fuera gratis —en una Londres cara donde la oferta cultural también lo es, la permanente de la Tate Modern no cuesta nada— y ocupara un par de horas de entretenimiento infantil. ¿Dónde iban si no podían ir al museo? Sobre todo, ¿hay otros planes para niños que interesen a los padres también? Menuda noticia: echaba por tierra el trabajo de quienes en los últimos veinte años se han empeñado en despertar el gusto por el arte en los niños. No sé…, igual se puede ver pintura clásica —de esa no dice nada Chapman—. La National Gallery, por ejemplo, pues el Británico con las momias ya está visto. Saldrá más caro, pero bueno…

No era la primera vez que este artista, miembro de una generación de niños terribles ya entrados en años, protagonizaba una boutade. Parece cosa de los Young British Artists, presentados en la Royal Academy londinense a finales del siglo XX a través de la exposición Sensation. Young british artists from the Saatchi Collection —lo demuestran las actitudes de otros integrantes como Hirst o Tracey Emin, ambos excelentes en los negocios y que no se caracterizan por su discreción—. Jake Chapman es, de hecho, uno de los dos hermanos Chapman, autores de muñecones con bocas en forma de vagina y narices en forma de pene que fascinaron o desquiciaron a tantos.

Pese a todo, en esta ocasión el artista —que busca fondos para su proyecto actual a través del crowdfunding, lo que hay que ver— se ha pasado al tocar la fibra más sensible de una sociedad como la nuestra, extremadamente consciente de los derechos infantiles y muy preocupada por los programas educativos en los museos. La prensa británica se ha hecho eco y han opinado encargados de los departamentos de educación de la Royal Academy o la National Gallery: los niños sí deben ir a los museos.

Sin embargo, las declaraciones de Chapman no son sólo absurdas en lo básico, en especial porque niegan la capacidad de los niños para entender el arte o cualquier cosa: ponen sobre el tapete el viejo dilema de lo incomprensible del arte contemporáneo, porque si los niños no pueden entender el cubismo ni a Pollock, ¿quién nos asegura que podrán apreciarlo los miles de personas sin formación que van al museo precisamente a formarse? Vayan, pues, tranquilos con los niños al museo y hasta a una galería de arte: tal vez muchos de ellos pasarán por allí sin más, casi con aburrimiento —¡qué pesado mi padre!—, pero luego estará ese niño al cual la visita le cambiará la vida. Valía la pena el esfuerzo.

Noticias en medios anglosaxones:

The Independent

The Guardian

The Telegraph

Hyperallergic

The Spectator

Una gallina “se comió” una obra de arte

Una gallina sale desorientada de una pequeña casa de madera acondicionada para pasar desapercibida en manos de quien parece un visitante habitual. Ante la reacción de una guía que se sorprende por la escena, la gallina salta sobre una montaña de maíz, la obra Paisaje Producido del artista Carlos Uribe, parte de la exposición Coordenadas, historia de la instalación en Antioquia, del Museo de Arte Moderno de Medellín.

El responsable de poner a la gallina frente a la obra de Uribe es Daniel Felipe Escobar, un joven de 25 años, estudiante de séptimo semestre de Artes Plásticas en la Universidad de Antioquia.

Lo que ocurre es que la chica llega, me dice que eso no se puede, le pregunto por qué y me dice que la obra de Carlos Uribe es una obra de arte. Yo le pregunto que si lo que yo estaba haciendo no lo era, ella me dice que no. Ese es el punto, cuestionar qué se valida como arte y qué no”, dice Daniel Escobar.

Explica que su trabajo de grado, para obtener el título de Maestro en Artes Plásticas, es una reflexión sobre “los estamentos del arte. Consiste en preguntarme qué debe tener una obra para ser considerada arte en el espacio del museo”.

No considera que se trate de un acto subversivo, ni acepta que se le considere un activista en contra del arte contemporáneo. “¿Por qué se asustan al encontrarse con este tipo de situaciones?, ¿por qué lo consideran como una falta de respeto?. Uno como espectador o artista puede ser parte y accionar las obras”, dice Daniel.

Sucedió el 14 de marzo, Daniel había solicitado un permiso para acceder con la cámara y un trípode, ocultó que también habría una gallina. Luego el video fue publicado en YouTube, también en una página de Facebook que busca, según su descripción, “un espacio para la activación, critica y diálogos en el arte contemporáneo”. Ese espacio se encuentra en esa red social con un nombre de fácil recordación: La Gallina.

Allí, en Facebook, aparece transcrita la carta que Daniel Escobar le envió a Carlos Uribe. En ella, según dice el estudiante de la U. de A., se ofrece una explicación sobre su “activación” en una de las primeras instalaciones que se elaboraron en la historia del arte colombiano.

“A mí no me parece tan descabellado que una gallina vaya a dar a un museo de arte moderno si lo que hay es una gran pila de maíz. Me parece una asociación muy básica: Montaña – Maíz – Gallina”. dice el texto que dejó Daniel en la oficina del artista.

“No me respondió porque cuando lo llevé a Bellas Artes [Uribe es el decano de la Facultad de Artes de esa institución], él no estaba, entonces le dejé el sobre con mis datos y no me ha llamado”.

Según su versión, la directora del Museo, María Mercedes González, le preguntó por qué no había pedido permiso para llevar la gallina. “¿Me lo hubiera usted dado?”, le respondió.

Fuente aquí. Gracias a Elena Vozmediano por el pase.