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Auténticamente falso. Las copias de los hermanos Posin

Fuente: El Mundo

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Cuando en 2001 la policía belga creyó haber recuperado en una operación encubierta un Turner desaparecido desde 1994, Eugen Posin vio la fotografía en el periódico alemán e inmediatamente supo que se trataba de una falsificación, porque lo había pintado él mismo. Holywood también ha recurrido a los hermanos Posin y alguno de los cuadros que vimos en ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson, llevaba su firma, pero son sus clientes quienes presumen de la posesión de las copias Posin y nunca al contrario. Se habla de ellos en el mercado del arte como los tres mejores falsificadores en activo y no les importa demasiado que se utilice ese término. Al fin y al cabo, en la era digital, los únicos que parecen seguir resistiéndose al plagio son los académicos profesionales. Pero apenas comienza la conversación, los tres hermanos Posin aclaran casi al unísono que ellos no “copian”, sino que “hacen de nuevo”. “Wiedermachen”, dicen en un alemán callado y con intrínseco acento ruso, para explicar sin entusiasmo exteriorizado, pero desde la más profunda convicción, que el plagio en sí mismo, el plagio bien hecho, es una auténtica obra de arte.

A mediados de la década de los 80, Eugen (67), Michael (66) y Semyon (70) Posin huyeron a Berlín Occidental tras haber culminado sus estudios en la Academia del Arte de Leningrado. Arrastraban una traumática historia de pérdida de una vida arrebatada por la dictadura comunista que comenzaron a reflejar de inmediato en sus lienzos. Su padre había sido el traductor oficial de Greorgui Zhúkov, uno de los comandantes más destacados de la II Guerra Mundial, pero su popularidad entre las tropas y su comunicación privilegiada con el general estadounidense Dwight Eisenhower desataron los celos de Stalin, que a partir de 1946 lo apartó de Moscú, destinándolo a pequeñas jefaturas en Odessa y los Urales. Muchos de sus colaboradores, como Posin, terminaron encarcelados.

“Mi padre murió en Siberia. Mi madre se había trasladado allí con nosotros, para estar más cerca de él, y tampoco pudo resistir una existencia tan dura”, relata Eugen, como única respuesta a la pregunta sobre por qué abandonaron Rusia. En su propia obra, retratos preñados de odio contenido de los grandes dictadores europeos del siglo XX, Eugen expresa toda la rabia que su carácter y su voz con sordina esconden tras el humo de sus cigarros. Pero por lo que ha logrado una reputación incuestionable, junto a sus hermanos, es por sus trabajos reproduciendo obras maestras de los más dispares autores, épocas y estilos de la Historia del Arte. “Aprendimos en la academia. Lo primero que haces es ir a los museos y pintar grandes obras de grandes pintores, aprender su técnica”, explica junto a una reproducción exacta de la Giocondaque preside la exposición de espíritu ‘underground’ con la que se dan a conocer en Berlín. Esta obra no está en venta, aunque algunas hermanas suyas sí que han sido vendidas en el pasado por precios de entre 6.000 y 8.000 euros. “Pero no son copias”, corrige Eugen, “cada vez que pintamos una obra la hacemos nueva, la comenzamos desde el principio”. Y no se refiere solamente a la búsqueda de los materiales adecuados, como lienzos envejecidos o fabricación de pigmentos ya fuera de catálogo, sino sobre todo al proceso de reproducción psicológica, una especie de viaje en el tiempo, en el espacio y en el alma que permite a esta santa trinidad fraterna introducirse en la personalidad de cada uno de los artistas.

El crítico cultural Walter Benjamin escribió el ensayo publicado en 1936 por la revista ‘Zeitschrift für Sozialforschung’: ‘La obra de arte en la época de su reproducción técnica’, que sigue siendo la referencia fundamental en las reflexiones sobre la reproducción artística hasta nuestros días. En ella defendía la pérdida del “aura”, de la singularidad espacial y temporal del momento de la creación, que daba lugar en su opinión a la politización del arte. “En el mismo instante en que la norma de la autenticidad fracasa en la producción artística, se trastorna la función íntegra del arte”, describió. Y no solo la obra, sino la vida entera de los hermanos Posin parece entregada a demostrar lo contrario, que el “aura” es susceptible de ser reconstruida con la misma intencionalidad con la que se reconstruye el himen y con la misma dedicación con la que se cultiva un esqueje: rescatar la esencia virginal de la creación, trasplantarla a otro tiempo, a otro espacio.

Quizá por eso, tanto los Posin como su estudio en Berlín surgen como elementos desubicados en el hilo espacio-temporal. Sus botas y chalecos del oeste americano, su pana negra y su palidez vampírica no parecen encajar en el siglo XXI ni en el barrio berlinés de Neuköln, socialmente muy castigado y donde su Kunstsalon (Salón de Arte) alternativo convive con vecinos como tenderos de fruta turcos, fontaneros desahuciados y tiendas 24 horas que seguramente venden algo más que comestibles. Reciben, sin embargo, vecinos de muy alto standing. Allí encontramos casualmente a un adinerado matrimonio que ha volado desde EEUU a Berlín dos veces en lo que llevamos de año para seguir la marcha de su encargo. “Los descubrimos en enero y nos fascinó su trabajo. La posibilidad de seguir paso a paso la creación de esa obra que tanto significado tiene para nosotros es irrepetible. Es como verla nacer en directo”, explican a dúo y a cambio del anonimato.

“Entre, entre en el estudio y vea lo que tienen ahí colgado en las paredes”, invita un cliente mientras vuelve a sacar del maletero de su viejo Volkswagen Polo un pequeño Degas con el que se le cae la baba. “Soy coleccionista, tengo varias cosas suyas. Claro que es para mí un esfuerzo económico, pero es mi debilidad. Y si me lo puedo permitir es porque para mí lo hacen a un precio muy especial. A ellos no les importa el dinero, solo el arte. Entre y hable con ellos, entenderá lo que le digo”.

Su lista de espera de encargos supera seguramente lo que podrán pintar en lo que les resta de vida. La mayoría de sus clientes, como el español que ha encargado por alrededor de 10.000 euros el espectacular ‘El nacimiento de Venus’, de Botticelli, en el que trabajan actualmente y que viajará hasta Valencia el próximo otoño, permanecen en el anonimato. Pero hay otros que no, como el empresario del sector turismo Gerold Schellstede, que ha abierto un museo en Brandemburgo exclusivamente con obras de los Posin y con un espíritu que oscila entre lo kitsch y lo filantrópico. Recibe entre 4.000 y 5.000 visitas al año y alega que “muchos ciudadanos no pueden irse a París o a Nueva York a ver esas obras y yo les ofrezco una posibilidad alternativa”, alega. Legalmente está cubierto. La Ley de la Propiedad alemana considera que el copyright de las obras dura 70 años y la mayoría de las obras que reproducen los Posin son más antiguas. Algunos Kirchner, por ejemplo, no hubiesen alcanzado ese plazo en el momento de su realización, pero ¿a quién iba a importarle? Y respecto a la autoría, los tres hermanos reproducen exactamente la firma del artista original en el lienzo, pero se cuidan mucho de estampar la propia al dorso, de modo que no engañan a nadie: es una copia Posin.

“Yo no le diría copia”, insiste Michael, cuya obra original, puramente religiosa, ha alcanzado notoriedad independiente y ha sido expuesta incluso en el Vaticano. “Cada una de nuestras copias tiene un alma auténtica, por eso yo prefiero decir obra paralela”, especifica, adentrándose de nuevo en el misterio de estos tres hermanos que no solamente pintan en equipo sino que lo hacen como si se tratase de un solo artista. Mientras Michael posa en una de las butacas de club londinense que componen el mobiliario de su estudio, Semjon se desentiende y centra su atención en unos Cipreses de Van Gogh aún por terminar y a los que añade seis estudiadas pinceladas. A continuación retoma la conversación mientras que es su hermano el que recoge el pincel manchado, que apenas ha permanecido unos segundos sobre la mesita junto al atril, y añade otras cinco o seis pinceladas más al mismo cuadro, tomando como único momento de transición unos segundos que pasa, traspuesto, frente al caballete.

El profesor de Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad de Heidelberg, Henry Keazor, también está de acuerdo en que no puede hablarse en propiedad de las obras Posin como de “copias”, sino “más bien como adaptaciones de estilo”. “No hay intencionalidad de fraude”, añade el autor del libro Historia de la Falsificación del Arte, que señala que hoy en día hay una industria de la falsificación anónima en la que trabajan ciudades enteras de artistas chinos que forman una especie de industria, falsificadores de poca monta que son considerados delincuentes y falsificadores de firma y muy admirados como Beltracchi, un modelo en el que podrían encajar mejor los Posin. “En el falsificador hay siempre cierta necesitad artística y psicológica de medirse con el original”, señala también, y aquí los Posin dan un paso hacia adelante respecto a la mayoría de sus competidores, puesto que llegan a falsificar obras que nunca existieron.

“Cuando vi la Sagrada Familia de Barcelona supe que Pizarro la habría pintado y que la habría pintado así exactamente”, explica Michael sobre un cuadro de pequeño formato que cuelga en el salón y que no está a la venta. “Tampoco existe un Monet idéntico a ese de ahí, pero podría haberlo pintado, se lo aseguro”, añade.

La obra de los Posin sirve de inspiración a la policía criminal de Berlín, que en los últimos años ha visto como se multiplica la circulación de falsificaciones y cuyo oficial, René Allonge, reconoce que “es la parte técnica, los aglutinantes utilizados, los adhesivos y los lienzos, donde la mayoría de los falsificadores fracasan y en ese sentido la obra Posin es un libro en el que aprender”.

Bromas con cámara oculta en museos

El la red encontrarán otros muchos ejemplos, como éste: Hidden camera comedy movie at Istanbul museum of wax.

National Gallery, un documental de Frederick Wiseman – TRAILER

National Gallery, by Frederick Wiseman, takes the audience behind the scenes of a London institution, on a journey to the heart of a museum inhabited by masterpieces of Western art from the Middle Ages to the 19th century. National Gallery is the portrait of a place, its way of working and relations with the world, its staff and public, and its paintings. In a perpetual and dizzying game of mirrors, film watches painting watches film.

TRAILER VOSE NATIONAL GALLERY from Surtsey Films on Vimeo.

Uno de los visitantes comenta: “Este cuadro fue atacado hace un par de meses. Un loco se coló con un aerosol rojo. Y vine a la mañana siguiente y el cuadro estaba ahí, perfectamente limpio.”

Crowd control at Tate Modern (2008), de Tania Bruguera

Esta pieza de Tania Bruguera tiene sin duda que ver con nuestro asunto: “Crowd control at Tate Modern” (2008).

Tableau vivant: Una escena de la película “Silení”, de Jan Svankmajer.

Una escena de la excelente película “Silení” (2005), de Jan Svankmajer, autor de algunas de las películas más táctiles de la historia del cine. Podríamos haber incluido otras escenas de la misma, pero hemos preferido ésta del cuadro viviente. Hacia el minuto 2.30 se entiende por qué.

Sileni de Jan Svankmajer. Escena del “tableau vivant” from Felix Perez-Hita on Vimeo.

Hace poco finalizó la excelente exposición METAMORFOSIS en el CCCB de Barcelona, dedicada a Svankmajer, Starewitch y los Hermanos Quay, comisariada por Carolina López. Estará hasta el 11 de enero en La Casa Encendida de Madrid.

Más información sobre la exposición:

METAMORFOSIS // Jan Švankmajer sobre els objectes i l’animació

EXPOSICIÓ // Reportatge // Metamorfosis. Visions fantàstiques de Starewitch, Švankmajer i els germans Quay

ENTREVISTA // Carolina López, comissària de l’exposició “Metamorfosis” (V.O ES).

El País: Gabinete de maravillas con los maestros de la animación en el CCCB.

Vitrina con objetos de la colección de Svankmajer.

El pintor chino, el pícaro gallego y la gran estafa

Fuente: El País

En la modesta casa de Pei-Shen Qian en Woodhaven (Queens, Nueva York) hace tiempo que no vive nadie. El pequeño garaje aparece cerrado, las persianas bajadas y el correo se acumula sin que encuentre quien lo recoja. Los periodistas han preguntado a los vecinos, pero estos no saben nada de Qian ni de su mujer. Un discreto ciudadano de origen chino que llegó a Estados Unidos en 1981 con el deseo de estudiar en la escuela de arte de Nueva York. Una cara entre otras mil.

La inesperada e indeseada fama le ha llegado por verse envuelto en un caso de falsificación de obras de arte, uno de los mayores de las últimas décadas. Todo tiene un comienzo y en este caso la historia arranca en las calles de Manhattan. Allí pintaba Pei-Shen Qian para pagarse parte de su formación y allí vendía sus cuadros. En esas aceras, a principios de los ochenta, conoció a José Carlos Bergantiños Díaz, un español nacido hace 58 años en Guitiriz (Lugo). Dicen, quienes le conocen, que este empresario es un hombre afable, con don de gentes. Y, sobre todo, amante del arte, coleccionista. Que incluso presume de haber conocido a Warhol. Cuentan, también, que se mueve con soltura en los círculos sociales.La Fiscalía de Nueva York habla de un timo de 58 millones de euros

Pero ahora el tiempo se le ha vuelto esquivo, y la Fiscalía neoyorquina y el FBI lo sitúan como una figura central dentro de un presunto entramado de falsificación de obras de arte. Según la acusación estadounidense, y The New York Times, Bergantiños habría contratado a comienzos de los ochenta a Pei-Shen Qian para que imitara obras de mitos del arte moderno como Franz Kline, Jackson Pollock, Lee Krasner, Willem de Kooning, Barnett Newman, Clyfford Still o Sam Francis. La estrategia no era imitar piezas conocidas sino hacerlas pasar por cuadros recién descubiertos.

Las telas fueron enajenadas durante años a través de una de las galerías más antiguas de Nueva York, Knoedler & Company. La sala cerró en 2011 por la avalancha de demandas que llegaban de coleccionistas engañados. También se colocaron telas con la intermediación del marchante independiente Julian Weismann, que niega cualquier participación en el engaño. Sin embargo, el negocio creado por la mexicana Glafira Rosales, pareja del español, con quien tiene una hija, y en el que presuntamente también participó Bergantiños, fue una máquina de generar dinero. Pei-Shen Qian pintaba unas telas por unos cientos de dólares y Rosales era capaz de darles el pase por millones. El informe de la acusación, de 42 páginas, asegura que Knoedler pagó 20,7 millones de dólares por decenas de cuadros falsos del pintor chino y los colocó a coleccionistas millonarios obteniendo 43 millones. Por su parte, Weismann adquirió piezas valoradas en 4,5 millones y las vendió por 12,5 millones. En números redondos, las galerías adjudicaron pinturas por más de 80 millones de dólares (58 millones de euros). En total, unas 60 piezas falsas, según la investigación.

El pintor chino Pei-Shen Qian, ante una de sus obras.

El trampantojo se mantuvo en pie desde los años noventa hasta 2009. En ese momento, las dudas sobre las “telas de Rosales” empezaron a surgir. Varios coleccionistas buscaron la autentificación de sus obras y no lo consiguieron. Incluso algún museo estadounidense se hizo con obras salidas de la mano de Pei-Shen Qian. Al final todo estalló.

En septiembre pasado Glafira Rosales admitió, ante un tribunal neoyorquino, tras una compleja negociación de meses, los nueve cargos de los que se le acusa, entre ellos fraude y conspiración para cometer fraude. Afronta una pena que puede llevarla 99 años a la cárcel cuando se conozca la sentencia a finales de este año. Aunque habrá negociado con la fiscalía.

¿Cómo es posible que un pintor de 73 años, sin apenas presencia en el oficio, pudiera generar imitaciones de tal calidad? Lo cierto es que Pei-Shen Qian tiene su trayectoria (pequeña) en el circuito artístico de Estados Unidos. En los años ochenta tuvo varias exposiciones en la costa oeste. El año pasado exponía en una galería en Shanghai. Sus cuadros originales nada tienen que ver con los maestros a los que copia, y parece complicado imaginar que pudiera crear telas que han engañado durante años. Pero así ha sido. Además de tener buena mano para imitar a Pollock o De Kooning, el sistema que empleaba pasaba por utilizar telas antiguas en mercados callejeros o subastas y utilizar pinturas antiguas. De estas compras, según la fiscalía, se ocupaba José Carlos Bergantiños Díaz. Y si había que darle un aspecto, incluso, más viejo, se utilizaba el calor de un secador de pelo o bolsas de té. Las demandas obligaron a cerrar a una de las galerías más antiguas de EE UU

En declaraciones desde Shanghai a Bloomberg Newsen diciembre pasado, Qian aseguraba ser víctima de “un enorme malentendido”. Y sostenía que nunca trató de hacer pasar sus obras por trabajos originales de maestros modernos. “Hice una navaja para cortar fruta”, dijo. “Pero si otro la usa para asesinar, acusarme a mí es injusto”. El pintor se encuentra, presumiblemente, aún en China, un país sin tratado de extradición con EE UU.

El viernes pasado José Carlos Bergantiños Díaz era detenido en un hotel sevillano. Posteriormente fue arrestado en Lugo su hermano, Jesús Ángel, a quien la fiscalía estadounidense involucra también en el fraude. Hoy ambos están en libertad pero con el pasaporte retenido: José Carlos puede afrontar 80 años de cárcel. La historia, desde luego, no pinta bien.

Un pase de Arturo fito Rodríguez.

Visita de un burgués al Salón de Otoño de París

Visita de un burgués al Salón de Otoño de París. Dibujo animado de los años 1920.

Visita de un burgués al Salón de Otoño de Paris from Felix Perez-Hita on Vimeo.

Art Killers

Art Killers, una película de Àlam Raja. Fuente: Art Killers

Synopsis: Van Gogh worth $43 million dollars is sliced with a knife by a woman in broad daylight. A senior museum-goer approaches a Rembrandt worth an estimated $169 million and sprays it with sulphuric acid. Are the people who commit these acts simply insane or are there deeper motivations to their actions?

ART KILLERS digs into the covert world of contemporary iconoclasm to reveal a largely unknown kind of criminals: apparently harmless men and women who sneak in museums and pull out a knife, a syringe of sulphuric acid or even a tube of lipstick to destroy a piece of art.

What motivates art destruction in today’s society? Vandals, activists, artists in their own way… Who are these criminals? How is the legal system treating them? And how are their disturbing actions affecting the art world?

Museums all apply a code of silence when it comes to art destruction. While they pretend this is the best way to avoid offering attention-seeking vandals fame and media attention, we will discover that this is also a way to avoid criticism on their all-but-neutral politics. Museums, curators, art collectors and auction houses have altogether engineered an industry of gigantic proportions, transforming the art into a powerful global currency.

Beyond exploring the motives and modus operandi of modern art destruction, ART KILLERS offers a critical look at the monetization of art and a powerful analysis of the mechanisms of this multibillion-dollar trade.

Through the staggering testimonies of artists, curators, auctioneers and art killers themselves, this documentary takes us behind the scenes to unveil a shocking fact: the actual art killers may not be the ones holding the smoking gun.

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Gracias a Ingrid Guardiola por el pase.

Una lectura de género del vandalismo artístico (estudio completo)

Fuente: Palomitas en los ojos

Este trabajo trata sobre el poder de la representación visual y como este poder ha intentado ser conjurado o rebatido mediante la violencia. Una violencia que no sólo se circunscribe a una sola explicación sino que en su devenir un acto complejo como es el del vandalismo artístico combina en su realización cientos de posibles explicaciones que van desde el acto reivindicativo político, pasando por la enajenación mental, la frustración personal o la lectura de género. Mi intención, pues, es centrarme en uno de esos motivos, aislando en casi condiciones de laboratorio la lectura de género a partir de unos casos particulares ya estudiados y aplicar esos criterios a casos de vandalismo a obras de arte actuales, que por las características de los ataques recibidos bien pudieran significarse como especialmente provechosas para esa lectura en particular.

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encadenados

“Las religiones dividen, los museos forman ciudadanos del mundo”

Reflexiones de Neil MacGregor, sobre los retos a los que se enfrentan los museos de todo el mundo.

Fuente original: Artículo en El País 17-Abril-2013

Neil MacGregor (Glasgow, 1946), director del Museo Británico de Londres, divulgador radiofónico y una de las autoridades intelectuales más admiradas de Reino Unido, vino a Madrid a celebrar algo más que el préstamo de la muestra de dibujos El trazo español en el British Museum.Dibujos del Renacimiento a Goya.“Este año se cumple medio siglo de la primera vez que visité el Prado. Lo recuerdo perfectamente; iba con mis padres y me negué a salir para comer… ¡quería seguir viendo más salas!”. Entonces, MacGregor solo era un chico escocés con una curiosa idea acerca del gusto artístico: “Crecí en Glasgow, al lado de la casa del refinado Stirling Maxwell, que tenía una de las mayores colecciones de arte español. Y cuando tenía ocho años, la ciudad compró Cristo de San Juan de la Cruz, de Dalí. De modo que a tan tierna edad pensaba que los coleccionistas coleccionaban arte español y que cuando las ciudades compraban, también se decantaban por su país”.

Aquel chico se convirtió en director de museo, primero de la National Gallery y desde 2002 del British, institución que aspira a contener el mundo desde la antigüedad hasta nuestros días. También hizo historia de la radio con un programa de la BBC (que se convirtió en libro, editado por Debate) en el que dos millones de años de la humanidad quedaban explicados en 100 objetos. Sobre los retos que aguardan en el futuro a los museos charló con EL PAÍS en el moderno, soleado y apacible claustro de la ampliación del Prado, metáfora de lo mucho que han cambiado las pinacotecas en este medio siglo. “Han cambiado, sí, ¡pero los cuadros, no!”.

Mostrar el pasado en el futuro.“Siguen siendo los lugares para entender el mundo mirando al pasado. En el Prado compruebas que la historia de Europa es una sola, cultural y políticamente. Luchamos últimamente por construir una única historia Europea cuando es una historia que llevamos construyendo desde hace siglos. Los museos te permiten entender el mundo. Obviamente, el British es distinto, porque reúne objetos de todas las civilizaciones. Pero lanza el mismo mensaje: el mundo siempre ha estado conectado”.

¿Entradas gratis para todos? “La tradición en Gran Bretaña es que los museos sean gratis, porque así fue el mandato del Parlamento que los creó en el siglo XVIII. Se establecieron sin coste para los ciudadanos ingleses y extranjeros. Si quieres que la gente entienda el mundo debes hacer la entrada accesible y gratuita. Un museo es un espacio público de la mente y el espíritu que todos los ciudadanos tienen el derecho a habitar”.

Sobrevivir a los recortes. “Como en España, las instituciones de Gran Bretaña sufren recortes en la asignación pública. Los combatimos recurriendo al dinero privado; echando mano de las ventas de la tienda y también de los patrocinadores, bien sean empresas o ciudadanos individuales. Y luego compartimos nuestra colección con el resto del mundo, como creo que está haciendo con mucho criterio el Prado. En todos los continentes puedes ver en estos momentos cuadros de la pinacoteca madrileña. Eso, además de reafirmarnos en que esos tesoros pertenecen a todo el mundo, también implica que los receptores de esas colecciones apoyan las finanzas del museo”.

“Para conseguir el equilibrio perfecto no hay una fórmula. La tradición británica siempre ha sido una mezcla entre lo público y lo privado. Mitad y mitad. Creo que ese es un buen porcentaje. El Estado garantiza la continuidad y la seguridad de la colección y las empresas, los particulares y los museos del extranjero ayudan de otras maneras. La fórmula es difícil, pero clara: mucho trabajo duro. Puede ser un asunto complejo, pero recuerda a los museos cuál es su público y de qué modo deben dirigirse a él. Es importante no ser totalmente dependiente de lo privado ni de lo público; es necesario tener independencia a la hora de contar una historia académicamente verdadera”.

¿A quién sirve la diplomacia cultural? “Depende lo que entienda por ese concepto. No creo en los museos como un arma del Estado. Porque las piezas no les pertenecen. Ahora bien, al hacer viajar a las obras se crea un diálogo, un debate con la gente. Últimamente estamos prestando mucho más a China e India. Ellos nunca han tenido la oportunidad de ver las piezas del antiguo Egipto, por ejemplo. Con ellas, permitimos a esos países entrar y relacionarse con la historia de nuestro tiempo, que es una historia global. Es una forma de comunicación, pero no debe ser un subterfugio para emplear a Velázquez en el propio interés de un país o de otro”.

¿Expolio o propiedad legítima? “No creo en la devolución de las piezas si fueron correctamente adquiridas. Y sabemos que no siempre fue de esa manera: hubo un montón de saqueos en la II Guerra Mundial. Las cosas no han mejorado mucho en los últimos 30 o 40 años. Pero si los objetos fueron obtenidos legalmente, como sucedió con el Partenón, no entiendo por qué habría que devolverlas. Sucede lo mismo con las pinturas flamencas del Prado, ¿por qué deberían devolverse? Aquí están accesibles a todo el mundo. El gran desafío es luchar contra las excavaciones ilegales y ser capaces de compartir estos tesoros con todo el mundo. Estas joyas no pertenecen a París, a Berlín o a Madrid, sino que estas ciudades deben compartirlas. Las religiones dividen, los museos forman ciudadanos del mundo”.

Desafíos. “El peligro para el futuro de los museos es el nacionalismo. La misma existencia de las colecciones de arte supone una negación del nacionalismo, porque aportan una visión de la humanidad en su conjunto. Quizá es más importante hoy que nunca, cuando vemos los peligros de la división por todo el mundo. Estas colecciones nos enseñan a compartir”.

¿Hay un límite para el número de visitantes? “Es un gran dilema. Nosotros tenemos seis millones. Hay un límite, indudablemente. Tenemos que ser capaces de acomodar nuestros edificios a esa demanda. Y luego, volvemos a la idea del museo viajero; si los visitantes no pueden venir aquí, podemos mandarles las piezas. También hay que trabajar por hacer las colecciones accesibles para todos, en la Red y también en los teléfonos inteligentes. Y lo que hacen los móviles es hacer accesible la colección a todos los usos”.

The Decapitation of Margaret Thatcher, the Statue

Sobre la escultura de Margaret Thatcher realizada por el artista Neil Simmons y su decapitación cometida en 2002 por el productor de teatro Paul Kelleher.

En relación al entierro de Margaret Thatcher, ocurrido el día de hoy 17 de Abril.

Fuente original en Hyperallergic, por  Hrag Vartanian.

What looks like the scar of the 2002 attack is still visible after the repair.

When I was in London last January, I had the chance to visit a hidden gem — well, depending on how you define “gem” — of a sculpture in the Guildhall Art Gallery in central London. Neil Simmons’ marble likeness of former British Prime Minister Margaret Thatcher has a very pretentious (as you might expect) name, “Rt. Hon. The Baroness Thatcher of Kesteven, L.G., O.M., F.R.S.” (2001), and it sits in the corner of this small art museum with an excellent collection of Pre-Raphaelite painting.

Why such an important — if controversial figure — in contemporary Britain would be tucked into the corner of the city’s official art gallery is an interesting story, as it wasn’t always the case.

On July 3, 2002, theater producer Paul Kelleher, at the time 37, decapitated the eight-foot marble statue of the former British Prime Minister, which was once more prominently displayed at the Guildhall Art Gallery. He swung at the statue with a cricket bat concealed in his trousers, then used one of the “heavy metal poles that are used to support the rope cordon” to decapitate the statue. After the beheading, he waited for the police to arrive.

Afterwards, Kelleher explained his crime:

“I haven’t really hurt anybody, it’s just a statue, an idol we seem to be worshipping to a greater extent.” He later explained his defence involved his “artistic expression and my right to interact with this broken world.”

He was eventually convicted of criminal damage and sentenced to three months in jail.

Sculptor Neil Simmons told the BBC at the time he was “deeply saddened” by the damage, while Thatcher said nothing and released no official statements.

After the incident the museum repaired the damage, moved the statue to the corner, and encased it in glass. There it sits, away from the spotlight.

Neil Simmons, “Rt. Hon. The Baroness Thatcher of Kesteven, L.G., O.M., F.R.S.” (2001) (all photos by the author for Hyperallergic)

It’s worth mentioning that the now infamous sculpture was judged “too domineering” by the National Portrait Gallery in London, which refused the work before it was finally placed at Guildhall, and it’s not the only official statue of Baroness Thatcher — another one is housed in the Houses of Parliament.

Now, after yesterday’s death of the Iron Lady, there are calls by some people in the UK — most British conservatives and military officers — to erect a new statue to Thatcher on thefourth plinth in Trafalgar Square. This is the same plinth that has been used as a site for temporary contemporary art installation since 1998. The fourth plinth was originally intended as the pedestal for a statue of William IV, but lack of funding left it empty for over a century before contemporary art lovers got a hold of it.

Will the UK decide to forgo a great contemporary art site that has featured work by Marc Quinn, Antony Gormley, Michael Elmgreen and Ingar Dragset, and others for a monument to British conservatism? Whatever the decision, I think it will be very telling.

Dos videos del MoMA sobre Fluxkit


Alison Knowles discusses the Fluxkit.
During the course of the exhibition, the display of Fluxkits-collective groupings of Fluxus Editions assembled by George Maciunas-will change. Artists-some who were original members of Fluxus-have been invited to select objects from the kits and determine their arrangement.
© 2011 The Museum of Modern Art, New York


“A Personal History of Curation”, Pope.L | Thing/Thought: Fluxus Editions, 1962-1978, at MoMA. Narrative involving the Fluxkit, created by Pope.L.
Filmed on December 13, 2011, in conjunction with the exhibition Thing/Thought: Fluxus Editions, 1962-1978
On view at MoMA September 21, 2011-January 16, 2012
Thanks to David Hart, Dan Phiffer, Gretchen Wagner, the artist’s sister and her husband Jim, Jim Calder, Jim Pruznick, Jim Jeffers, Tati and Mitchell-Innes and Nash, New York

Arte, gusto y ley

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En una calle de Madrid, 2013.

¿Cómo mira la gente las imágenes artísticas?

Guy Thomas Buswell, How people look at pictures. A study of the psychology of perception in art, The University of Chicago Press, 1935

Descargar pdf.

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Las cajas chinas

Hace un tiempo hacíamos referencia al trabajo de las artistas Montse Carreño y Raquel Muñoz, “Las cajas chinas”, en el que exploraban la “autoridad” de los museos respecto a la autenticidad de las obras de arte. Finalmente lo han presentado acabado. La idea fue encargar en Dafen (China)- un conglomerado comercial que se dedica a la reproducción masiva de originales famosos del arte-. la réplica de una serie de obras perdidas durante la Guerra Civil española, y que estaban inventariadas tanto en el Museo del Prado como en el MNAC. Una vez hechas las obras, fueron presentadas (al MNAC) debidamente embaladas y haciéndolas pasar como una devolución anónima. Una vez comprobada la inautenticidad de las mismas, la primera reacción del museo no fue nada amable, llegando a llamar a los Mossos d’Esquadra, ante la sospecha de que se les tendía una trampa, y como reacción ante la natural expectativa de recuperar obras de Mir, Nonell, Rusiñol, Bayeu o Lucas. Ayer, en una sesión abierta al público, las artistas presentaron junto a los responsables del museo el proyecto. Muy interesante el debate sobre cómo considerar a partir de ahora esas obras: ¿son obras de arte?

Web del proyecto: Las cajas chinas

Y aquí, las artistas frente a sus obras (lo de los rostros es culpa nuestra)

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Los Simpson en el museo