Archivos por Etiqueta: ciegos

Touch Art Fair

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We are thrilled to invite you to the Touch Art Fair, the world’s first-ever art fair celebrating tactile and haptic arts.

The Touch Art Fair 2013 will take over a former BBC building in London on 35 Marylebone High Street, W1U 4QA, just a short walk from Frieze Art Fair.

It is open to the public from 17-20 October 2013 and features work from international artists including: Jake and Dinos Chapman, Abigail Burt, Axelle Russo, Colin Hambrook, Gillian A Mcfarland, Nendie Pinto-Duschinsky, Nicole Wassall, Phoebe Stannard, Rhiannon Palmer, Scratchadelia, Steve Chang Hee Lee, Sungshin Olivia Yim, Victoria Karlsson and Younghee Lee.

The Touch Art Fair is a non-profit organisation celebrating haptic arts.

In a society where everything is at your fingertips but you are still not allowed to touch, we are inviting visitors to a sensory fête where they will be able to re:think art and ways of seeing through touch.

Spect-Actors will be encouraged to re:activate their forgotten senses and to experience art in a different way.

Restoring vision, the Touch Art Fair aims to re:unite people and to make society a bit more inclusive.

Evgen Bavcar y otros fotógrafos ciegos

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Portrait with hands. Evgen Bavcar

Evgen Bavcar no ve porque es ciego pero mira porque es fotógrafo. Lo curioso es que su ceguera llegó antes que la fotografía. Luego de dos percances sucesivos –la pérdida del ojo izquierdo, culpa de la rama de un árbol; la pérdida del otro debido a la explosión de una mina abandonada– Bavcar perdió completamente la visión. Tenía once años y su despedida de la luz fue gradual.

“Jamás me asomé a una lente mientras veía. Tomé mis primeras fotos ya ciego, y tuve la suerte de conocer a un fotógrafo que me presentó su oficio como una profesión que yo podría ejercer”.

En la línia de la reciente entrada, quiero añadir aquí información acerca de algunos fotógrafos ciegos.

Evgen Bavcar es quizás uno de los más reconocidos a nivel internacional, pero existen también muchos otros casos

Elogio de la mano, de Henri Focillon (1934)

Emprendo este elogio de la mano como quien cumple con un deber de amistad. En el  momento en que empiezo a escribir veo que las mías solicitan mi espíritu, que tiran de él. Están aquí, estas compañeras incansables que, durante tantos años, han cumplido su tarea, una manteniendo quieto el papel, la otra multiplicando sobre la página blanca esos pequeños signos apresurados, oscuros y activos. A través de ellas el hombre toma contacto con la dureza del pensamiento. Ellas son las que despejan el bloque, le imponen una forma, un contorno y, por la escritura, un estilo.

Son casi seres animados. ¿Sirvientas? Quizá. Pero dotadas de un genio  enérgico y libre, de una fisonomía – rostros sin ojos y sin voz, pero  que ven y que hablan. Ciertos ciegos adquieren a la larga tal finura de tacto que son capaces de discernir, tocándolas, las figuras de un juego  de naipes, por el espesor infinitesimal de la imagen. Pero los videntes también necesitan sus manos para ver, para completar con el tacto y la posesión la percepción de las apariencias. Tienen su aptitud inscrita en su perfil y en su dibujo: manos finas expertas en el análisis, dedos largos y móviles del pensador, manos proféticas impregnadas de fluidos, manos espirituales, cuya inacción posee gracia y carácter, manos tiernas. La fisiognomía, antaño practicada asiduamente por los maestros, se hubiera perfeccionado si se hubiera enriquecido con un capítulo sobre las manos. El rostro humano es, sobre todo, un compuesto de órganos receptores. La mano es acción: coge, crea y, a veces, diríase que piensa. En reposo, no son utensilio sin alma, abandonado encima de una mesa o colgando a lo largo del cuerpo: la costumbre, el instinto y la voluntad de la acción meditan en ellas, y no hace falta un raciocinio muy prolongado para adivinar el gesto que van a hacer.
Los grandes artistas han concedido una atención extrema al estudio de las manos. Han percibido su poderosa virtud, ellos, quienes más que los otros hombres viven de ellas. Rembrandt nos las muestra en toda la gama de emociones, tipos, edades, condiciones…
(…)
¿Qué privilegio es ése? ¿Por qué un órgano mudo y ciego nos habla con tanta persuasión? Porque es uno de los más originales, de los más diferenciados, como las formas superiores de la vida. Articulado sobre delicados goznes, el puño tiene una armadura compuesta por múltiples huesecillos. Cinco ramales óseos, con su sistema de nervios y ligamentos, caminan bajo la piel, luego se separan como un chorro para formar cinco dedos, articulados por tres coyunturas, cada uno con su aptitud propia y su espíritu.

Henri Focillon, La vida de las formas y Elogio de la mano (1934).  Ed. Xarait, Barcelona. Trad. de Jean-Claude del Agua.

Henri Focillon (1881 – 1943), Éloge de la main. (Texto íntegro en francés).

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Manos pintadas o esculpidas por Rembrandt, Auguste Rodin, Edgar Degas, Nicolas de Largillière y Alberto Durero:

Arte a ciegas gracias al tacto

Muy pronto, las personas invidentes podrán acercarse a los museos para disfrutar de las grandes obras de la pintura. La aparente contradicción es posible gracias al potencial del tacto para entender el arte. Y a una técnica, única en su género, que ha investigado ese potencial para conferir relieve a las imágenes y que podrá palparse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, a partir de septiembre. Detrás de la innovación está Ander Soriano, director de Estudios Durero, y Juan Torre, veterano fotógrafo cuya visión se redujo al 8% por culpa de un extraño síndrome. Juntos pusieron en marcha una tecnología que, aún en su fase incipiente, supone un gran salto social para las personas con discapacidad visual.

Las ideas más innovadoras pueden surgir en un paseo por el monte. Así le ocurrió a Ander Soriano (Bilbao, 1968) hace tres años. “Juan Torre nos había encargado unas reproducciones de fotografías suyas”, relata. “Me llamó la atención que, más que a verlas, iba a tocarlas”. Días después, en el monte, pensó en superponer capas de tinta Y junto a un reducido equipo se lanzó a experimentar: “Desarrollamos un proceso químico y levantamos la tinta un milímetro. Ese efecto levadura lo perfeccionamos hasta llegar a tres milímetros, un margen que nos permitía realzar las partes prominentes de una fotografía para darle textura y volumen”, cuenta desde las modernas instalaciones que la empresa tiene en el Parque Tecnológico de Bizkaia. Así nació la exposición Imágenes para tocar, con 40 “fotoesculturas” que retrataban a otros tantos músicos. Poco después, la misma técnica se aplicó en una muestra aún itinerante de 20 billetes antiguos.

Hoy, el sistema permite imprimir capas de hasta cinco milímetros de grosor y tiene una marca registrada y en proceso de ser patentada, Didú. Con Juan Torre como colaborador y asesor, Estudios Durero se ha lanzado a la aventura de los museos. La primera parada, gracias al patrocinio de Iberdrola, será el Bellas Artes de Bilbao. A mediados de septiembre y coincidiendo con la exposición de Botero, la pinacoteca será el primer museo del mundo que acoge obras adaptadas a invidentes. “Y de ahí al Prado, al MoMA o al Pompidou”, enumera Soriano con convicción y seguridad. Por ahora, su tarjeta de visita son las seis reproducciones de El rapto de Europa, La anunciación, San Sebastián curado por las santas mujeres, Lot y sus hijas, Mujer sentada con un niño en brazos y Lying figure in mirror.

¿Cómo dotar de relieve a una obra de El Greco? Lo primero es fotografiarla con el máximo detalle posible; unos 300 megas de arte digitalizado, que deben interpretarse para ver las texturas y volúmenes a destacar. El objetivo es que la persona que lo toca pueda hacerse una idea precisa de la historia que refleja el cuadro manteniendo al mismo tiempo la perspectiva y los planos. El singular talento de Nancy Martin con el Photoshop ejecuta la interpretación. En el cuadro de Lot y sus hijas, explica, “la clave del lienzo es la figura diminuta que camina por una playa, esa es la mujer de Lot, imprescindible para entender la historia del cuadro”, y puntualiza, “mucho más que algunos detalles en primer plano”. Interpretar las capas de una pintura le lleva 40 horas de trabajo.

Una vez definidas las vetas, se imprimen una sobre otra con una tinta especial que, secada con una lámpara ultravioleta, se endurece, se adhiere y forma ese “efecto levadura”. Conseguidos todos los volúmenes, se imprime sobre ellos la imagen con los colores originales. Tras 12 horas de impresión, el resultado reproduce fielmente el cuadro con un relieve minucioso y contundente. Solo queda cortar el material, que no se desgasta y aguanta a la intemperie, en un formato delimitado a 80 x 120 centímetros. “Es el ideal para que los invidentes lo puedan abarcar con las manos”, explica Soriano.

Cualquier obra de arte es susceptible de ser reproducida con esta técnica y la proyección es innegable. Juan Torre, por su parte, es la autoridad que dictamina como de satisfactoria es la interpretación táctil del cuadro. Además, colabora con las audioguías que complementarán la experiencia en el Bellas Artes. Los cuadros se colocarán en unos soportes fabricados en Pegasus, otra de las creaciones de Durero. El invidente se pondrá los cascos y en tres minutos sus manos palparán la pintura mientras que sus oídos escucharán la historia recogida en el lienzo. También habrá antifaces, para que cualquier persona experimente ese juego de sentidos que supone empaparse de arte a ciegas con las manos por delante.

Fuente: El País

Fotos de las sesiones para ciegos en el Museo Sunderland (Reino Unido)

Sessions for the Blind at Sunderland Museum

From 1913, John Alfred Charlton Deas, a former curator at Sunderland Museum, organised several handling sessions for the blind, first offering an invitation to the children from the Sunderland Council Blind School, to handle a few of the collections. They were so successful that Deas went on to develop and arrange a course of regular handling sessions, extending the invitations to blind adults.
(Pictures courtesy of Tyne & Wear Archives & Museums)

Via The Public Domain Review:

http://publicdomainreview.org/2011/08/09/sessions-for-the-blind-at-sunderland-museum