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Los robos de arte en las series de televisión

En algunas de nuestras anteriores entradas (Las réplicas de las obras de arte en el cine, The Monument Men, Robos con arte. Entre el delito y la ficción) ya hemos hablado de la fascinación del séptimo arte por los robos de las obras de arte mientras hacíamos referencia a cómo éstos añaden un halo de dandismo y sofisticación. Pues hoy toca hacerlo sobre la televisión.

Y es que en tiempos en los que los los ladrones de arte escriben sus biografías y son motivo de documentales; los actos de destrucción de templos y esculturas de piedra circulan masivamente por redes sociales y medios de comunicación; y los museos dedican exposiciones a la iconoclastia, no nos debería extrañar que los robos de arte y sus ladrones sean protagonistas en la tramas de las series televisivas, como lo hemos visto en Castle y El Ministerio del Tiempo durante las pasadas semanas 17 y 18.

Fragmento de Castle. “Eye of the Beholder”. Temporada 4. Capítulo 5 (63)

Castle y Beckett investigan un asesinato sucedido en un museo. Tal asesinato guarda relación con el robo de la escultura Puño del capitalismo, de un valor de 50 millones. Serena Kaye, una atractiva investigadora que esconde un secreto muy importante, les ayudará en este caso y centrará su atención en Castle. Además, Joy McHugh, una adinerada benefactora del museo, se convertirá en la principal sospechosa del crimen. Finalmente Beckett, Castle y Serena encuentran que la obra de Alisa, una joven artista, contiene escondida la escultura en el mismo museo.

El Ministerio del Tiempo. “Óleo sobre tiempo”. Temporada 2. Capítulo 17

Diego Velázquez, que es funcionario del ministerio, recibe una alarma en su móvil. Uno de sus cuadros acaba de ser subastado en 2016 a un precio estratosférico. Esto sería algo normal si no fuera porque es una de las pinturas que fue destruida por el fuego en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734. Ante la falta de patrullas por problemas con el convenio laboral, el propio Velázquez e Irene se desplazan hasta allí para investigar lo que está ocurriendo. Lo que se encuentran es un robo de arte a gran escala por parte de Darrow en colaboración con Lola Mendieta, quienes están sustituyendo los originales por copias para, siglos después, hacer negocio con los originales.

Parece ser que estos capítulos tienen un claro preferente: en el 2009 la USA Network lanzó la serie White Collar (Ladrón de guante blanco) en la que durante seis temporadas Neal Caffrey, un convicto estafador que es capturado después de su fuga, termina colaborando con el departamento de crímenes de guante blanco bajo la supervisión del agente especial del FBI Peter Burke, que es el que lo puso en prisión. A lo largo de la serie, Neal ayudará a la FBI a solucionar los casos más complicados haciendo uso de su basto conocimiento. Y es que él es un hábil ladrón y falsificador de arte, entre otras actividades criminales.

Trailer de White Colllar

El capítulo piloto de Ladrón de guante blanco, entre otras historias de la trama, aborda el caso de la falsificación por parte de El Holandés de unos bonos españoles de 1938 que fueron acuñados con unos grabados de Goya. Ya en esta primera entrega, como en el caso de las otras series, podemos identificar como se parafrasean casos verídicos entre la ficción, o como se construyen ficciones a partir de casos reales… Habrá que estar atentos a la pantalla a ver si lo próximo irá en clave criminológica pseudo-historicista, en la línea de ficción especulativa de Black Mirror, o en algo totalmente nuevo y diferente.

Black Mirror. Temporada 1. Capítulo 1

Un terrorista ha raptado a la princesa Susannah de Gran Bretaña, una adolescente princesa que es la favorita de toda la población, muy querida, famosa y activa en Facebook. El delincuente ha subido un vídeo de la princesa en YouTube en la que se la ve atada y leyendo los requerimientos para su libertad. Para sorpresa del gabinete, el secuestrador no quiere dinero, no busca que liberen a un terrorista, ni que UK condone la deuda del Tercer Mundo. El Primer Ministro deberá salir en todas las cadenas de la televisión en una transmisión en vivo teniendo relaciones con un cerdo. Al final del capítulo descubrimos que el secuestrador, que se suicida después de liberar a Susannah y de comprobar cómo el Primer Ministro cumple con su palabra, es Carlton Bloom, un artista ganador de un premio Turner. El acto del cerdo termina siendo la primera gran obra de arte del siglo XXI según otro artista.

El Ayuntamiento de Madrid extravía 200 obras de arte

El Ayuntamiento de Madrid ha perdido el rastro a cerca de 200 objetos registrados en el inventario municipal de bienes de carácter histórico y artístico, de los que se sabe prácticamente todo al detalle, incluido su valor económico, excepto el lugar en el que se encuentran. Estos objetos (cuadros, estatuas, mobiliario, tapices, etcétera) forman parte de un catálogo de 6.700 bienes catalogados. Según fuentes municipales, no se trata de obras pertenecientes a las colecciones museísticas del Ayuntamiento sino de objetos que, por su antigüedad o naturaleza artística, fueron incluidos en ese inventario. Este catálogo está siendo sometido ahora a revisión, con vistas a su publicación actualizada el próximo mes de marzo.

El área municipal de Las Artes, de quien depende, asegura que para entonces habrá localizado todos los objetos cuya ubicación ahora desconoce. Sin embargo, y pese a que el inventario se renueva de forma periódica, muchos de estos bienes, los más valiosos, llevan en paradero desconocido por lo menos desde 2003.

El líder municipal socialista, Jaime Lissavetzky, cree que “el Ayuntamiento está incumpliendo su obligación de custodiar los bienes de todos los madrileños”. “Exijo que en el plazo de un mes se hagan constar todos los bienes pendientes de comprobación en el inventario. Es obligado dar de alta y de baja los bienes en cada momento que se producen”, añade.

“El grupo socialista lleva tiempo ya alertando sobre la necesidad de cuidar el patrimonio. Hace cuatro años colaboró en mejorar el control del inventario. Ahora vuelve a comprobar que el PP se salta sus deberes con los madrileños”, zanja Lissavetzky.

La edil socialista Ana García d’Atri añade: “Si constata que faltan bienes, el Ayuntamientodebe denunciarlo. Tiene que caer toda la responsabilidad política y, en su caso, penal sobre los encargados de la vigilancia del patrimonio. En este Ayuntamiento parece que solo está presente la cultura cuando se trata de agredirla o mercadear con ella”.

“No puede haber obras de arte que no sepamos dónde están. Me temo lo peor dado que el cuadro de Antonio de Felipe ni siquiera está inventariado, algo inconcebible, y por lo que cuanto antes alguien debería responder. Esto es un episodio más del desinterés del Gobierno del Partido Popular por la cultura”, considera el portavoz municipal socialista, Jaime Lissavetzky.

La alusión a un cuadro de Antonio de Felipe se corresponde con la presunta desaparición de una obra de ese autor cedida en 1996 a la Junta de Distrito de Retiro. El cuadro, valorado en 12.000 euros, no fue incluido en el inventario de bienes de carácter histórico y artístico. Colgó del despacho del concejal durante años, hasta que un día sencillamente dejó de estar allí y ahora nadie sabe dónde se encuentra.

Algo similar puede haber ocurrido con los cerca de 200 objetos (198, según el Ayuntamiento; 209, según el recuento realizado por este periódico) que figuran catalogados en una localización “pendiente de comprobación”.

Pudieron ser trasladados de lugar sin que se apuntara adónde, por ejemplo. Así, ahora descansarían en un almacén a la espera de volver a su ubicación original o a cualquier otra. O pudieron ser distraídos hace tiempo por amigos de lo ajeno sin que el Ayuntamiento se percatara de ello. En cualquier caso, se trata de bienes de todos los madrileños que el Consistorio ha extraviado. Algunos tienen, además de su supuesto valor histórico o artístico, un presunto valor económico.

En este caso, la cuantía fijada en el inventario debe tomarse con cautela porque se trata del valor de adquisición (una lámpara de techo estilo araña comprada en 1945 por un millón y medio de pesetas, cuando por ese dinero se podía adquirir una buena casa, figura ahora por ese mismo valor, 9.000 euros) o el que se le diera en el momento de inclusión en el catálogo. No se tiene así en cuenta ni el efecto de la inflación ni la apreciación o depreciación del bien por su valor artístico e histórico intrínseco a lo largo de los años. Hecha esa salvedad, la suma del valor de los objetos extraviados roza los 600.000 euros, según su precio en el inventario.

¿Qué objetos están en paradero desconocido? Hay, por ejemplo, dos cuadros provenientes del Museo Municipal; salieron de allí en abril de 1992, y no se sabe nada de ellos al menos desde 2003.

Hay objetos como un candelabro de plata neogótico de medio metro de altura, o dos relojes de pared de madera del siglo XIX. Una lámpara de techo de bronce y cristal del siglo XIX de más de dos metros de altura, o una alfombra de 12 metros de longitud. E, incluso, una mesa de sesiones con 15 sillones a juego valorada en su momento en 60.000 euros.

Hay esculturas, como las 27 piezas de estilo neoclásico del siglo XVIII procedentes del palacio de los Duques de Osuna. Hay pinturas, como un grabado y un dibujo de Eduardo Arroyo, o un retrato del exalcalde Enrique Tierno Galván realizado por José Luis de Palacio y valorado en 18.000 euros. Y arte sacro, como un Cristo crucificado o una copia del famoso cuadro de la Virgen de la Paloma, ambos del siglo XVII. Esas dos obras (de 30.000 euros cada una), como muchas de las más valiosas, ya estaban en paradero desconocido en 2003.

Alberto Ruiz-Gallardón (PP) relevó ese año en la alcaldía a José María Álvarez del Manzano. Inició entonces un meticuloso proceso de inventario de bienes inmuebles y muebles del Ayuntamiento, incluidos los de valor histórico y artístico. En 2008, elaboró una instrucción sobre altas y bajas y gestión del inventario.

Ahora, con Ana Botella en la alcaldía desde enero de 2012, el Ayuntamiento se ha comprometido a localizar esas obras. Algunas llevan tanto tiempo extraviadas, sin embargo, que quizá lo más factible sea aceptar la pérdida. Y reflejarla en el inventario.

Fuente: El País

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