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La historia de la estatua de Edward Snowden en un parque de NYC

Fuentes: Hyperallergic y Huffington Post

Un grupo de artistas ha colocado un busto del Edward Snowden, exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), en un monumento a los caídos de la independencia de EEUU en Nueva York.

El monumento se encuentra en lo alto del parque de Fort Greene, en Brooklyn, y recuerda a miles de prisioneros de guerra estadounidenses que murieron a manos de los británicos durante la guerra de Independencia.

Los artistas dicen que eligieron el lugar porque las acciones de Snowden coinciden con los ideales que defendían esos caídos. Según señalaron, se trata de una historia “construida sobre unos ideales de vivir en libertad y no estar limitado o vigilado por tu Gobierno”.

“Este es un hombre al que algunos de los medios de comunicación tradicionales presentan como un traidor o un terrorista, y lo mismo se habría dicho sobre estos prisioneros de guerra en la guerra de la Independencia”, explicaron.

Los artistas esperan que las autoridades mantengan el busto en su lugar, aunque reconocen que es poco probable que eso ocurra. De hecho, la escultura, instalada sobre una columna, fue cubierta poco después por empleados municipales.

Una portavoz del departamento de Parques de Nueva York ha asegurado a medios locales que la instalación de “cualquier estructura u obra de arte sin autorización es ilegal” y que las autoridades están estudiando su retirada.

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La estatua del Presidente mexicano Miguel Alemán

Estatua del Presidente mexicano Miguel Alemán (1946-1952), promotor de la Ciudad Universitaria en el DF. Estado del monumento antes y después de los incidentes estudiantiles de 1960. Alemán está representado con las ropas de Rector.

Fotografías de Enrique Bordes Mangel, 1960.

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Versos de Miguel Hernández

(algunas estrofas de “Llamo a los poetas”, 1939).

Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.

Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.

Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.

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