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Los robos de arte en las series de televisión

En algunas de nuestras anteriores entradas (Las réplicas de las obras de arte en el cine, The Monument Men, Robos con arte. Entre el delito y la ficción) ya hemos hablado de la fascinación del séptimo arte por los robos de las obras de arte mientras hacíamos referencia a cómo éstos añaden un halo de dandismo y sofisticación. Pues hoy toca hacerlo sobre la televisión.

Y es que en tiempos en los que los los ladrones de arte escriben sus biografías y son motivo de documentales; los actos de destrucción de templos y esculturas de piedra circulan masivamente por redes sociales y medios de comunicación; y los museos dedican exposiciones a la iconoclastia, no nos debería extrañar que los robos de arte y sus ladrones sean protagonistas en la tramas de las series televisivas, como lo hemos visto en Castle y El Ministerio del Tiempo durante las pasadas semanas 17 y 18.

Fragmento de Castle. “Eye of the Beholder”. Temporada 4. Capítulo 5 (63)

Castle y Beckett investigan un asesinato sucedido en un museo. Tal asesinato guarda relación con el robo de la escultura Puño del capitalismo, de un valor de 50 millones. Serena Kaye, una atractiva investigadora que esconde un secreto muy importante, les ayudará en este caso y centrará su atención en Castle. Además, Joy McHugh, una adinerada benefactora del museo, se convertirá en la principal sospechosa del crimen. Finalmente Beckett, Castle y Serena encuentran que la obra de Alisa, una joven artista, contiene escondida la escultura en el mismo museo.

El Ministerio del Tiempo. “Óleo sobre tiempo”. Temporada 2. Capítulo 17

Diego Velázquez, que es funcionario del ministerio, recibe una alarma en su móvil. Uno de sus cuadros acaba de ser subastado en 2016 a un precio estratosférico. Esto sería algo normal si no fuera porque es una de las pinturas que fue destruida por el fuego en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734. Ante la falta de patrullas por problemas con el convenio laboral, el propio Velázquez e Irene se desplazan hasta allí para investigar lo que está ocurriendo. Lo que se encuentran es un robo de arte a gran escala por parte de Darrow en colaboración con Lola Mendieta, quienes están sustituyendo los originales por copias para, siglos después, hacer negocio con los originales.

Parece ser que estos capítulos tienen un claro preferente: en el 2009 la USA Network lanzó la serie White Collar (Ladrón de guante blanco) en la que durante seis temporadas Neal Caffrey, un convicto estafador que es capturado después de su fuga, termina colaborando con el departamento de crímenes de guante blanco bajo la supervisión del agente especial del FBI Peter Burke, que es el que lo puso en prisión. A lo largo de la serie, Neal ayudará a la FBI a solucionar los casos más complicados haciendo uso de su basto conocimiento. Y es que él es un hábil ladrón y falsificador de arte, entre otras actividades criminales.

Trailer de White Colllar

El capítulo piloto de Ladrón de guante blanco, entre otras historias de la trama, aborda el caso de la falsificación por parte de El Holandés de unos bonos españoles de 1938 que fueron acuñados con unos grabados de Goya. Ya en esta primera entrega, como en el caso de las otras series, podemos identificar como se parafrasean casos verídicos entre la ficción, o como se construyen ficciones a partir de casos reales… Habrá que estar atentos a la pantalla a ver si lo próximo irá en clave criminológica pseudo-historicista, en la línea de ficción especulativa de Black Mirror, o en algo totalmente nuevo y diferente.

Black Mirror. Temporada 1. Capítulo 1

Un terrorista ha raptado a la princesa Susannah de Gran Bretaña, una adolescente princesa que es la favorita de toda la población, muy querida, famosa y activa en Facebook. El delincuente ha subido un vídeo de la princesa en YouTube en la que se la ve atada y leyendo los requerimientos para su libertad. Para sorpresa del gabinete, el secuestrador no quiere dinero, no busca que liberen a un terrorista, ni que UK condone la deuda del Tercer Mundo. El Primer Ministro deberá salir en todas las cadenas de la televisión en una transmisión en vivo teniendo relaciones con un cerdo. Al final del capítulo descubrimos que el secuestrador, que se suicida después de liberar a Susannah y de comprobar cómo el Primer Ministro cumple con su palabra, es Carlton Bloom, un artista ganador de un premio Turner. El acto del cerdo termina siendo la primera gran obra de arte del siglo XXI según otro artista.

Obras de arte falsas co-comisariadas por el FBI

En Hyperallergic nos explicaron por allá en el 2013 de una exposición bastante curiosa que añadió más leña al fuego sobre los debates sobre las falsificaciones…
Y es que en este caso se exhibieron obras de arte falsas interceptadas por el FBI…

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In what might be the first-ever exhibition of artworks co-curated by an intelligence agency, a show has been mounted at Fordham University’s Center Gallery to showcase some of the finer specimens of forged art seized by the FBI’s Art Crimes team. Caveat Emptor, as the show is titled, was timed to coincide with the intelligence community’s biannual ICCS conference on cybersecurity — and the confab will be using the gallery space resplendent with forgeries as its central registration room.

How might one go about putting together a show of forgeries owned by the FBI? The show’s co-curator, Daniel Small, recently told Hyperallergic about the extended process. “The [FBI] gave me a much longer list of stuff that could be cleared, then I whittled it down to a group of 25. And then once I got into town [New York City] I went to the facility, I pulled some other stuff out, saw what they [the FBI] accepted, then brought it to Fordham and whittled it down to the 13 artists in the show.”

The collected works are intentionally uneven, but they share a common characteristic: “All of them forensically tested out, some are convincing, some are amazing, and some are terrible,” Small said. The identical Chagall “La Nappe Mauve” paintings, for instance, were the work of the prolific forger Ely Sakhai, who went to great lengths to procure period frames and canvases for his forgeries. Small added that the full provenance of some of the forgeries remains unknown to him, though the FBI plans on making the case files available to him, and he will in turn present this information as the show continues.

Taken together, the works in the show have the effect of forming a cartoonish canon, like the national museum of a very small country whose bureaucrats are Sotheby’s catalogue completists. Juxtaposed with the theatrics of power — the agencies represented at the conference include the NSA, the FBI, and the CIA —  Caveat Emptor, with its mercantilistic title recalling the whole affair’s intersection with the art market — has all the makings of an intriguing spectacle.

The tension isn’t lost on Small, who by working closely with a veteran Special Agent in the Bureau’s Art Crimes team was able to gain an unusually nuanced view of the Bureau’s attitudes toward art and art forgery. “From their position it’s all a very logistical thing … But the show isn’t just some tongue-in-cheek joke making fun of the FBI, at least how I think of it, but there are a lot of idiosyncrasies in the system.”

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Artículo de Mostafa Heddaya

Auténticamente falso. Las copias de los hermanos Posin

Fuente: El Mundo

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Cuando en 2001 la policía belga creyó haber recuperado en una operación encubierta un Turner desaparecido desde 1994, Eugen Posin vio la fotografía en el periódico alemán e inmediatamente supo que se trataba de una falsificación, porque lo había pintado él mismo. Holywood también ha recurrido a los hermanos Posin y alguno de los cuadros que vimos en ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson, llevaba su firma, pero son sus clientes quienes presumen de la posesión de las copias Posin y nunca al contrario. Se habla de ellos en el mercado del arte como los tres mejores falsificadores en activo y no les importa demasiado que se utilice ese término. Al fin y al cabo, en la era digital, los únicos que parecen seguir resistiéndose al plagio son los académicos profesionales. Pero apenas comienza la conversación, los tres hermanos Posin aclaran casi al unísono que ellos no “copian”, sino que “hacen de nuevo”. “Wiedermachen”, dicen en un alemán callado y con intrínseco acento ruso, para explicar sin entusiasmo exteriorizado, pero desde la más profunda convicción, que el plagio en sí mismo, el plagio bien hecho, es una auténtica obra de arte.

A mediados de la década de los 80, Eugen (67), Michael (66) y Semyon (70) Posin huyeron a Berlín Occidental tras haber culminado sus estudios en la Academia del Arte de Leningrado. Arrastraban una traumática historia de pérdida de una vida arrebatada por la dictadura comunista que comenzaron a reflejar de inmediato en sus lienzos. Su padre había sido el traductor oficial de Greorgui Zhúkov, uno de los comandantes más destacados de la II Guerra Mundial, pero su popularidad entre las tropas y su comunicación privilegiada con el general estadounidense Dwight Eisenhower desataron los celos de Stalin, que a partir de 1946 lo apartó de Moscú, destinándolo a pequeñas jefaturas en Odessa y los Urales. Muchos de sus colaboradores, como Posin, terminaron encarcelados.

“Mi padre murió en Siberia. Mi madre se había trasladado allí con nosotros, para estar más cerca de él, y tampoco pudo resistir una existencia tan dura”, relata Eugen, como única respuesta a la pregunta sobre por qué abandonaron Rusia. En su propia obra, retratos preñados de odio contenido de los grandes dictadores europeos del siglo XX, Eugen expresa toda la rabia que su carácter y su voz con sordina esconden tras el humo de sus cigarros. Pero por lo que ha logrado una reputación incuestionable, junto a sus hermanos, es por sus trabajos reproduciendo obras maestras de los más dispares autores, épocas y estilos de la Historia del Arte. “Aprendimos en la academia. Lo primero que haces es ir a los museos y pintar grandes obras de grandes pintores, aprender su técnica”, explica junto a una reproducción exacta de la Giocondaque preside la exposición de espíritu ‘underground’ con la que se dan a conocer en Berlín. Esta obra no está en venta, aunque algunas hermanas suyas sí que han sido vendidas en el pasado por precios de entre 6.000 y 8.000 euros. “Pero no son copias”, corrige Eugen, “cada vez que pintamos una obra la hacemos nueva, la comenzamos desde el principio”. Y no se refiere solamente a la búsqueda de los materiales adecuados, como lienzos envejecidos o fabricación de pigmentos ya fuera de catálogo, sino sobre todo al proceso de reproducción psicológica, una especie de viaje en el tiempo, en el espacio y en el alma que permite a esta santa trinidad fraterna introducirse en la personalidad de cada uno de los artistas.

El crítico cultural Walter Benjamin escribió el ensayo publicado en 1936 por la revista ‘Zeitschrift für Sozialforschung’: ‘La obra de arte en la época de su reproducción técnica’, que sigue siendo la referencia fundamental en las reflexiones sobre la reproducción artística hasta nuestros días. En ella defendía la pérdida del “aura”, de la singularidad espacial y temporal del momento de la creación, que daba lugar en su opinión a la politización del arte. “En el mismo instante en que la norma de la autenticidad fracasa en la producción artística, se trastorna la función íntegra del arte”, describió. Y no solo la obra, sino la vida entera de los hermanos Posin parece entregada a demostrar lo contrario, que el “aura” es susceptible de ser reconstruida con la misma intencionalidad con la que se reconstruye el himen y con la misma dedicación con la que se cultiva un esqueje: rescatar la esencia virginal de la creación, trasplantarla a otro tiempo, a otro espacio.

Quizá por eso, tanto los Posin como su estudio en Berlín surgen como elementos desubicados en el hilo espacio-temporal. Sus botas y chalecos del oeste americano, su pana negra y su palidez vampírica no parecen encajar en el siglo XXI ni en el barrio berlinés de Neuköln, socialmente muy castigado y donde su Kunstsalon (Salón de Arte) alternativo convive con vecinos como tenderos de fruta turcos, fontaneros desahuciados y tiendas 24 horas que seguramente venden algo más que comestibles. Reciben, sin embargo, vecinos de muy alto standing. Allí encontramos casualmente a un adinerado matrimonio que ha volado desde EEUU a Berlín dos veces en lo que llevamos de año para seguir la marcha de su encargo. “Los descubrimos en enero y nos fascinó su trabajo. La posibilidad de seguir paso a paso la creación de esa obra que tanto significado tiene para nosotros es irrepetible. Es como verla nacer en directo”, explican a dúo y a cambio del anonimato.

“Entre, entre en el estudio y vea lo que tienen ahí colgado en las paredes”, invita un cliente mientras vuelve a sacar del maletero de su viejo Volkswagen Polo un pequeño Degas con el que se le cae la baba. “Soy coleccionista, tengo varias cosas suyas. Claro que es para mí un esfuerzo económico, pero es mi debilidad. Y si me lo puedo permitir es porque para mí lo hacen a un precio muy especial. A ellos no les importa el dinero, solo el arte. Entre y hable con ellos, entenderá lo que le digo”.

Su lista de espera de encargos supera seguramente lo que podrán pintar en lo que les resta de vida. La mayoría de sus clientes, como el español que ha encargado por alrededor de 10.000 euros el espectacular ‘El nacimiento de Venus’, de Botticelli, en el que trabajan actualmente y que viajará hasta Valencia el próximo otoño, permanecen en el anonimato. Pero hay otros que no, como el empresario del sector turismo Gerold Schellstede, que ha abierto un museo en Brandemburgo exclusivamente con obras de los Posin y con un espíritu que oscila entre lo kitsch y lo filantrópico. Recibe entre 4.000 y 5.000 visitas al año y alega que “muchos ciudadanos no pueden irse a París o a Nueva York a ver esas obras y yo les ofrezco una posibilidad alternativa”, alega. Legalmente está cubierto. La Ley de la Propiedad alemana considera que el copyright de las obras dura 70 años y la mayoría de las obras que reproducen los Posin son más antiguas. Algunos Kirchner, por ejemplo, no hubiesen alcanzado ese plazo en el momento de su realización, pero ¿a quién iba a importarle? Y respecto a la autoría, los tres hermanos reproducen exactamente la firma del artista original en el lienzo, pero se cuidan mucho de estampar la propia al dorso, de modo que no engañan a nadie: es una copia Posin.

“Yo no le diría copia”, insiste Michael, cuya obra original, puramente religiosa, ha alcanzado notoriedad independiente y ha sido expuesta incluso en el Vaticano. “Cada una de nuestras copias tiene un alma auténtica, por eso yo prefiero decir obra paralela”, especifica, adentrándose de nuevo en el misterio de estos tres hermanos que no solamente pintan en equipo sino que lo hacen como si se tratase de un solo artista. Mientras Michael posa en una de las butacas de club londinense que componen el mobiliario de su estudio, Semjon se desentiende y centra su atención en unos Cipreses de Van Gogh aún por terminar y a los que añade seis estudiadas pinceladas. A continuación retoma la conversación mientras que es su hermano el que recoge el pincel manchado, que apenas ha permanecido unos segundos sobre la mesita junto al atril, y añade otras cinco o seis pinceladas más al mismo cuadro, tomando como único momento de transición unos segundos que pasa, traspuesto, frente al caballete.

El profesor de Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad de Heidelberg, Henry Keazor, también está de acuerdo en que no puede hablarse en propiedad de las obras Posin como de “copias”, sino “más bien como adaptaciones de estilo”. “No hay intencionalidad de fraude”, añade el autor del libro Historia de la Falsificación del Arte, que señala que hoy en día hay una industria de la falsificación anónima en la que trabajan ciudades enteras de artistas chinos que forman una especie de industria, falsificadores de poca monta que son considerados delincuentes y falsificadores de firma y muy admirados como Beltracchi, un modelo en el que podrían encajar mejor los Posin. “En el falsificador hay siempre cierta necesitad artística y psicológica de medirse con el original”, señala también, y aquí los Posin dan un paso hacia adelante respecto a la mayoría de sus competidores, puesto que llegan a falsificar obras que nunca existieron.

“Cuando vi la Sagrada Familia de Barcelona supe que Pizarro la habría pintado y que la habría pintado así exactamente”, explica Michael sobre un cuadro de pequeño formato que cuelga en el salón y que no está a la venta. “Tampoco existe un Monet idéntico a ese de ahí, pero podría haberlo pintado, se lo aseguro”, añade.

La obra de los Posin sirve de inspiración a la policía criminal de Berlín, que en los últimos años ha visto como se multiplica la circulación de falsificaciones y cuyo oficial, René Allonge, reconoce que “es la parte técnica, los aglutinantes utilizados, los adhesivos y los lienzos, donde la mayoría de los falsificadores fracasan y en ese sentido la obra Posin es un libro en el que aprender”.

El pintor chino, el pícaro gallego y la gran estafa

Fuente: El País

En la modesta casa de Pei-Shen Qian en Woodhaven (Queens, Nueva York) hace tiempo que no vive nadie. El pequeño garaje aparece cerrado, las persianas bajadas y el correo se acumula sin que encuentre quien lo recoja. Los periodistas han preguntado a los vecinos, pero estos no saben nada de Qian ni de su mujer. Un discreto ciudadano de origen chino que llegó a Estados Unidos en 1981 con el deseo de estudiar en la escuela de arte de Nueva York. Una cara entre otras mil.

La inesperada e indeseada fama le ha llegado por verse envuelto en un caso de falsificación de obras de arte, uno de los mayores de las últimas décadas. Todo tiene un comienzo y en este caso la historia arranca en las calles de Manhattan. Allí pintaba Pei-Shen Qian para pagarse parte de su formación y allí vendía sus cuadros. En esas aceras, a principios de los ochenta, conoció a José Carlos Bergantiños Díaz, un español nacido hace 58 años en Guitiriz (Lugo). Dicen, quienes le conocen, que este empresario es un hombre afable, con don de gentes. Y, sobre todo, amante del arte, coleccionista. Que incluso presume de haber conocido a Warhol. Cuentan, también, que se mueve con soltura en los círculos sociales.La Fiscalía de Nueva York habla de un timo de 58 millones de euros

Pero ahora el tiempo se le ha vuelto esquivo, y la Fiscalía neoyorquina y el FBI lo sitúan como una figura central dentro de un presunto entramado de falsificación de obras de arte. Según la acusación estadounidense, y The New York Times, Bergantiños habría contratado a comienzos de los ochenta a Pei-Shen Qian para que imitara obras de mitos del arte moderno como Franz Kline, Jackson Pollock, Lee Krasner, Willem de Kooning, Barnett Newman, Clyfford Still o Sam Francis. La estrategia no era imitar piezas conocidas sino hacerlas pasar por cuadros recién descubiertos.

Las telas fueron enajenadas durante años a través de una de las galerías más antiguas de Nueva York, Knoedler & Company. La sala cerró en 2011 por la avalancha de demandas que llegaban de coleccionistas engañados. También se colocaron telas con la intermediación del marchante independiente Julian Weismann, que niega cualquier participación en el engaño. Sin embargo, el negocio creado por la mexicana Glafira Rosales, pareja del español, con quien tiene una hija, y en el que presuntamente también participó Bergantiños, fue una máquina de generar dinero. Pei-Shen Qian pintaba unas telas por unos cientos de dólares y Rosales era capaz de darles el pase por millones. El informe de la acusación, de 42 páginas, asegura que Knoedler pagó 20,7 millones de dólares por decenas de cuadros falsos del pintor chino y los colocó a coleccionistas millonarios obteniendo 43 millones. Por su parte, Weismann adquirió piezas valoradas en 4,5 millones y las vendió por 12,5 millones. En números redondos, las galerías adjudicaron pinturas por más de 80 millones de dólares (58 millones de euros). En total, unas 60 piezas falsas, según la investigación.

El pintor chino Pei-Shen Qian, ante una de sus obras.

El trampantojo se mantuvo en pie desde los años noventa hasta 2009. En ese momento, las dudas sobre las “telas de Rosales” empezaron a surgir. Varios coleccionistas buscaron la autentificación de sus obras y no lo consiguieron. Incluso algún museo estadounidense se hizo con obras salidas de la mano de Pei-Shen Qian. Al final todo estalló.

En septiembre pasado Glafira Rosales admitió, ante un tribunal neoyorquino, tras una compleja negociación de meses, los nueve cargos de los que se le acusa, entre ellos fraude y conspiración para cometer fraude. Afronta una pena que puede llevarla 99 años a la cárcel cuando se conozca la sentencia a finales de este año. Aunque habrá negociado con la fiscalía.

¿Cómo es posible que un pintor de 73 años, sin apenas presencia en el oficio, pudiera generar imitaciones de tal calidad? Lo cierto es que Pei-Shen Qian tiene su trayectoria (pequeña) en el circuito artístico de Estados Unidos. En los años ochenta tuvo varias exposiciones en la costa oeste. El año pasado exponía en una galería en Shanghai. Sus cuadros originales nada tienen que ver con los maestros a los que copia, y parece complicado imaginar que pudiera crear telas que han engañado durante años. Pero así ha sido. Además de tener buena mano para imitar a Pollock o De Kooning, el sistema que empleaba pasaba por utilizar telas antiguas en mercados callejeros o subastas y utilizar pinturas antiguas. De estas compras, según la fiscalía, se ocupaba José Carlos Bergantiños Díaz. Y si había que darle un aspecto, incluso, más viejo, se utilizaba el calor de un secador de pelo o bolsas de té. Las demandas obligaron a cerrar a una de las galerías más antiguas de EE UU

En declaraciones desde Shanghai a Bloomberg Newsen diciembre pasado, Qian aseguraba ser víctima de “un enorme malentendido”. Y sostenía que nunca trató de hacer pasar sus obras por trabajos originales de maestros modernos. “Hice una navaja para cortar fruta”, dijo. “Pero si otro la usa para asesinar, acusarme a mí es injusto”. El pintor se encuentra, presumiblemente, aún en China, un país sin tratado de extradición con EE UU.

El viernes pasado José Carlos Bergantiños Díaz era detenido en un hotel sevillano. Posteriormente fue arrestado en Lugo su hermano, Jesús Ángel, a quien la fiscalía estadounidense involucra también en el fraude. Hoy ambos están en libertad pero con el pasaporte retenido: José Carlos puede afrontar 80 años de cárcel. La historia, desde luego, no pinta bien.

Un pase de Arturo fito Rodríguez.

The Con Artist en 60 Minutes

Aquí un abstracto del programa ’60 Minutes’ del canal CSB que el domingo 23 de febrero fue dedicado al falsificador Wolfgang Beltracchi, cuyas pinturas son consideradas notables obras de falsificación. Según él mismo explica en el documental, corresponden a sus visiones e intuiciones sobre lo que los grandes pintores pudieron haber hecho o que pudieron haberse perdido. Lo curioso, pues, de este caso no son las “copias” de obras de arte que él llevó a cabo, sino su afirmación de ‘haber canalizado’ al artista para crear nuevas obras que  son atribuidas a tal o cual artista. Cuando se le arrestó en 2010 debido al component químico de uno de los blancos que usó, las casas de subastas que autentificaron sus falsificaciones fueron denunciadas. Y sus expertos ya no se atreven a emitir opiniones de autentificación. Hoy en día Wolfgang Beltracchi pinta bajo su propio nombre para enfrentarse a millones en demandas.

Heinrich Campendonk forge by Wolfgang Beltracchi

Mientrastanto, también se anuncia para el 6 de marzo una película sobre su persona, cuyo trailer ya está en vimeo.

Wolfgang Beltracchi

Y más abajo el script de ‘The Con Artist’ con Bob Simon de conrresponsal y Katherine Davis de productora: Wolfgang Beltracchi is a name you may never have heard before.  Very few people have. But his paintings have brought him millions and millions of dollars in a career that spanned nearly 40 years. They have made their way into museums, galleries, and private collections all over the world.  What makes him a story for us is that all his paintings are fakes. And what makes him an unusual forger is that he didn’t copy the paintings of great artists, but created new works which he imagined the artist might have painted or which might have gotten lost. Connoisseurs and dealers acknowledge that Beltracchi is the most successful art forger of our time — perhaps of all time. Brilliant not only as a painter, but as a conman of epic proportions.

Bob Simon: Are you the best forger in the world?

Wolfgang Beltracchi: Maybe, yeah.  In the moment.

He agreed to meet with us in Cologne recently and took us to a small wooden bridge outside his home.  He volunteered to show us how he works. He was forging a Max Ernst, the German surrealist of the early 20th century.  Beltracchi was painting on this wooden bridge because Ernst had done much of his work on a wooden floor.

Bob Simon: I have seen Beltracchi forgeries on the cover of Christie’s catalogues.

Jeff Taylor: Yes, yes.

Bob Simon: That’s pretty good isn’t it?

Jeff Taylor: It is really good, it is really good

Jeff Taylor teaches arts management at Purchase College. He says though there is no shortage of gifted forgers, Beltracchi holds the title. He has made more money than any other art forger ever.

Jeff Taylor: He combined all the nefarious techniques of everybody who came before him and made very important innovations in exactly what is essential.

Bob Simon: You have called him an evil genius?

Jeff Taylor: Yes.

Bob Simon: So aside from being a very talented painter, he was also a very accomplished conman?

Jeff Taylor: Absolutely one of the best.

He started making a few bucks in the game when he was quite young, but his career really took off when he married Helene, a perfect co-conspirator, in 1993.

Bob Simon: You were really the Bonnie and Clyde of the art world, weren’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yes, Bonnie and Clyde, yeah. Without weapons. Only with pencils.

Bob Simon: But you were a pair, you did everything together.

Helene Beltracchi: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: Everything together, yes, yes.

They invented a story that fooled them all. Helene said her grandfather hid his art collection at his country estate in Germany before the war to protect it from the Nazis.  When he died, she said, she inherited it.  But there was nothing to inherit, because there had never been a collection. Every one of the works had been painted by Wolfgang Beltracchi.

Helene Beltracchi: When I said it’s a collection of my grandfather it was OK.

Bob Simon: It was OK, but it wasn’t true

Helene Beltracchi: No, it wasn’t true.  But the others – never asked me more.

Bob Simon: ‘Cause it was a good story?

Helene Beltracchi: Yeah.

Bob Simon: And you were a good actress in telling the story?

Helene Beltracchi: Maybe.

She and Wolfgang even created fake labels from a real German dealer which they put on the backs of paintings, staining them with coffee and tea to make them look old.

They toured flea markets like this one to find canvases from the right periods.

Bob Simon: Tell me what we’re doing here. Tell me what we’re looking for.

Wolfgang Beltracchi: We’re looking for a painting like that because we need something that is 1919, 1910, see that’s a French one.

Bob Simon: You can get that completely clean?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah, completely clean, yeah.

They sent paint pigments to labs to make sure they had been available at the time the artist had painted.

Bob Simon: You were really perfectionists weren’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah sure.

Bob Simon: And hearing you talk, you were really good criminals.

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah.

Helene Beltracchi: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: Yeah, it’s true.

To back up their story, they found an old box camera like this one, dressed Helene up to look like her grandmother, hung up some forgeries behind her and took some bogus photos on pre-war paper.

Jeff Taylor: To make it look like an old photograph which is, in the art world, in the documentation aspect, is golden.  Archival photographs are sort of the El Dorado.

Bob Simon: Now when you see something like that, do you say, “You gotta hand it to him”?

Jeff Taylor: Yes, yes you do.

Bob Simon: He was off and running.

Jeff Taylor: He was off and running.

Running to luxurious estates they bought in Germany and in France, vineyard included. They gave parties Gatsby would have loved and they traveled the world in style, by land or  by sea.  Bonnie and Clyde had taste.

Wolfgang Beltracchi: This is – was – my boat, yah.

Bob Simon: I don’t think you’re translating correctly. This isn’t a boat, it’s a yacht.

Beltracchi was riding high and thought he would stay up there forever.  He was turning out forgeries – like this Max Ernst which went for $7 million. But then in 2010, he got busted by this tube of white paint.

The Dutch manufacturer didn’t include on the tube that it contained traces of a pigment called titanium white. That form of titanium white wasn’t available when Ernst would have painted these works and Beltracchi’s high ride was over.

Jamie Martin, one of the world’s top forensic art analysts, uses science to help determine whether or not a painting is genuine. We asked him to examine this Beltracchi forgery for us.

Jamie Martin: His fakes are among the best fakes I’ve seen in my career. Very convincing.  Very well done.

Bob Simon: And what you’re saying is that basically he got away with it for 40 years because nobody was examining them properly?

Jamie Martin: Nobody was examining them closely enough.

He showed what he does, how he uses a stereomicroscope to study every millimeter of a painting’s surface, and to select and remove samples.

Bob Simon: You actually take little pieces off of the painting?

Jamie Martin: We take very little pieces. We take only the minimum amount that’s required. Smaller than the width of a human hair.

He uses what is called Raman spectroscopy, which can help detect historically inaccurate pigments. That’s what cut Beltracchi’s career short.  He was sentenced to six years in a German prison. His wife, Helene, to four. But the chaos they wrought has not been undone.  Now, galleries and auction houses who vouched for his forgeries have been sued by the collectors who bought them.

Bob Simon: You have, in fact, you’ve really upset the art world, haven’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yeah sure, they all hate me, these experts now–

Bob Simon: Do you think the experts are just incompetent or that they are also frauds, that they pretend to know more than they know?

Wolfgang Beltracchi: No, no nearly all the experts we have met, we met, they were serious, really serious. Their only problem was that I was too good for them. Yes, that was their problem, that’s all.

And with all the legal problems they now have, many experts are very hesitant to use their expertise.

Jeff Taylor: I think they’re terrified. I think that Beltracchi particularly put them in a very nervous position.

Bob Simon: So being an art expert today is a risky business?

Jeff Taylor: It’s so risky that a lot of authentication boards have shut down. There’s just simply too much legal peril out there. It’s one of the reasons why a lot of experts will not give their opinions.

Many foundations representing major artists like Andy Warhol, Keith Haring and Willem de Kooning are refusing to authenticate works brought to them at all.  Francis O’Connor is the world’s top Jackson Pollock expert.  He says he can spot a fake Pollock in a second, but these days is keeping his opinions to himself.

Bob Simon: What if I were to come to you and say “this has been presented to me as a Pollock”

Francis O’Connor: Someone comes to me about once a week. I just let it go by

Bob Simon: Let it go by?

Francis O’Connor: In other words, ignore it.

Bob Simon: I’m not quite sure I understand.  If I come to you and I say, “Hey, this has been presented to me as a Pollock” and you can see right away that it isn’t, you’re not going to tell me “this is not a Pollock”?

Francis O’Connor: I would be very hesitant to give any opinion at that point, because of the legal situation.

Bob Simon: Where do I go to see whether my painting is a real Pollock or not?

Francis O’Connor: There is nowhere to go.

When collectors do have suspicions about their paintings, one of the few places they can go is Jamie Martin’s lab.

Bob Simon: Ballpark figure, if you’ve examined say a hundred paintings, how many of them are fakes?

Jamie Martin: I would say probably 98 percent are fake.

Bob Simon: No kidding.

Jamie Martin: That’s just the numbers.

At his trial in 2011, prosecutors said Beltracchi had created 36 fakes which were sold for $46 million.  But art historians believe, and Beltracchi told us, that there may be more than 300 of his fakes all over the world. German police have uncovered 60 so far and the numbers keep climbing.

Bob Simon: Do you think we’ll be uncovering fake Beltracchis for years to come?

Jeff Taylor: Absolutely. There’s gonna be many more out there. But one thing we know about fake art works is short of having them burned or destroyed, they have a strange way of finding their way back onto the market, generation after generation.

And no one disputes that they are awfully good.  Beautiful. This $7 million dollar fake Max Ernst is being shipped back to New York.  Its owner decided to keep it even after it had been exposed as a fake. He said it’s one of the best Max Ernsts he’s ever seen.

Beltracchi spent a year and a half in this grim penitentiary, but is now allowed to spend many days at home, where he is launching a new career. Beltracchi is painting again and is signing his works Beltracchi.  He needs to get his name out there, which is probably why he agreed to talk to us. He’s lost everything is now facing multiple lawsuits totaling $27 million.

Bob Simon: Did you ever think you would wind up in prison?

Wolfgang Beltracchi: No.

Bob Simon: At what point did you realize, uh-oh, I’m in trouble, this is over?

Wolfgang Beltracchi: When I was in prison.

Bob Simon: Not before then.

Wolfgang Beltracchi: Not really, no.

Bob Simon: Do you think you did anything wrong?

Wolfgang Beltracchi: Yes, I use the wrong titanium white, yeah.

Bob Simon: What do you think this Max Ernst would be worth?

Wolfgang Beltracchi: This one?

Bob Simon: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: $5 million, I think.

Bob Simon: $5 million.  And you can do it in three days?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, oh yes, yes, sure, or quicker.

Beltracchi estimates he has done 25 Max Ernsts. He is not copying an existing work. He’s painting something he thinks Ernst might have done if he’d had the time or felt like it.

Bob Simon: So you would be doing a Cezanne that Cezanne never painted but that you thought he might have wanted to paint?

Wolfgang Beltracchi: Yes, exactly.

So, in a sense, every Beltracchi painting is an original. He just lied about who painted it. He says forged a hundred artists and can do just about anyone.

Bob Simon: Could you do a Rembrandt?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, sure.

Bob Simon: Could you do a Leonardo?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah, sure.

Bob Simon: Who couldn’t you do?

Wolfgang Beltracchi: Maybe Bellini. Bellini’s really difficult.

He has sold his forgeries. Of course, but says he can still see some of them because they’re on public display.

Bob Simon: Have you seen your paintings, your forgeries hanging in museums?

Wolfgang Beltracchi: Yeah. Yeah, all the museums, you know. I think I am one of the most exhibited painters in museums of the world.

Bob Simon: You are one of the most exhibited painters in the world?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah.

Bob Simon: That’s quite an accomplishment

Wolfgang Beltracchi: Yeah.

You might have seen his stuff in New York’s Metropolitan Museum or in the Hermitage in Lausanne…to name just a couple.  You can also see them in the homes of the one percent. Actor Steve Martin bought this one. Beltracchi’s forgeries have also made it into art books listing the best paintings of the 20th century and have been sold in many of the world’s top auction houses.

Y los ladrones se llevaron un Van Gogh falso…

A veces no siempre los ladrones de arte están bien informados… o al menos esa  podría ser la primera impresión al leer esta noticia. Pero es cierto que los caprichos de un fetichista pueden llegar a ser muy variopintos y no sé yo si es que a algún coleccionista privado se le antojó un Van Gogh falso…

La cosa es que a mediados de julio, diez pinturas y dos dibujos fueron robados en el Museo Van Buuren a las afueras de Bruselas. “Los ladrones fueron particularmente rápidos, todo lo hicieron en menos de dos minutos” dijo la curadora Isabelle Anspach. Muchos de los trabajos robados eran de gran valor, incluyendo ‘The Thinker’ del pintor holandés Kees van Dongen cuya suma asegurada asciende a 1.2 millones de Euros.

Lo que seguramente no sabían los ladrones al escoger el dibujo atribuído a Van Gogh, ‘Peasant Woman Pealing Potatoes’, era que se piensa que es una falsificación ya que “el lápiz común, utilizado en este dibujo, indica el trabajo propio de un copista. Además la mujer tiene los labios pintados de rojo, lo cual es muy inusual en un dibujo de Van Gogh. Por último, el papel marrón sobre el cual está el dibujo, no fue utilizado por Van Gogh en ningún otro dibujo que se le conozca.” Escribió el erudito holandés Liesbeth Heenk.

‘Peasant Woman Pealing Potatoes’ tiene una ‘falsa’ firma de Van Gogh. Foto: Museo van Buuren

Debido a la naturaleza de la colección del Museo Van Buren, las pérdidas son irremplazables.

Otros trabajos robados incluyen una pintura de Pieter Brueghel el Joven y ‘Shrimps and Shells’ una obra de James Ensor de 1894.

 

Gracias a Elena Vozmediano por el pase! Por cierto, mirad su nueva web…

 

 

Ten paintings and two drawings were nimbly stolen in the course of two minutes, according to representatives at the Van Buuren Museum, on the outskirts of Brussels.

“All alarms went off, but they [the thieves] were particularly fast, everything was done in two minutes,” said curator Isabelle Anspach.

Several of the works were said to have been of great value, including ‘The Thinker’ by Dutch painter Kees van Dongen, said to have a replacement value of 1.2 million Euros.

The thieves are unlikely to have known, however, when they chose the drawing near the stairs, Peasant Woman Pealing Potatoes, that although labelled Van Gogh it is believed to be a fake.

It was one of the Van Gogh drawings singled out by Dutch scholar Liesbeth Heenk, who wrote of it, “The regular pencil marks betray the typical care of a copyist… The lips of the woman have been coloured red, which would have been very unusual for Van Gogh. The brownish woven paper has not been used for other Van Gogh drawings and the signature seems spurious.”

Kees van Dongen’s The Thinker, 1907, valued at more than €1m, was one of the more expensive works stolen. Photo: Musée et Jardins van Buuren

Due to the personal nature of the collection the losses are irreplaceable to the Van Buuren Museum. An Art Deco-style villa, it was filled with art in the Twenties and Thirties by Dutch banker-patron David van Buuren and his wife, Alice.

Other works stolen include a painting by Pieter Brueghel the Younger, and James Ensor’s Shrimps and Shells, 1894.

Las cajas chinas

Hace un tiempo hacíamos referencia al trabajo de las artistas Montse Carreño y Raquel Muñoz, “Las cajas chinas”, en el que exploraban la “autoridad” de los museos respecto a la autenticidad de las obras de arte. Finalmente lo han presentado acabado. La idea fue encargar en Dafen (China)- un conglomerado comercial que se dedica a la reproducción masiva de originales famosos del arte-. la réplica de una serie de obras perdidas durante la Guerra Civil española, y que estaban inventariadas tanto en el Museo del Prado como en el MNAC. Una vez hechas las obras, fueron presentadas (al MNAC) debidamente embaladas y haciéndolas pasar como una devolución anónima. Una vez comprobada la inautenticidad de las mismas, la primera reacción del museo no fue nada amable, llegando a llamar a los Mossos d’Esquadra, ante la sospecha de que se les tendía una trampa, y como reacción ante la natural expectativa de recuperar obras de Mir, Nonell, Rusiñol, Bayeu o Lucas. Ayer, en una sesión abierta al público, las artistas presentaron junto a los responsables del museo el proyecto. Muy interesante el debate sobre cómo considerar a partir de ahora esas obras: ¿son obras de arte?

Web del proyecto: Las cajas chinas

Y aquí, las artistas frente a sus obras (lo de los rostros es culpa nuestra)

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