Archivos por Etiqueta: Tate Modern

Crowd control at Tate Modern (2008), de Tania Bruguera

Esta pieza de Tania Bruguera tiene sin duda que ver con nuestro asunto: “Crowd control at Tate Modern” (2008).

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Un niño escala una obra de Donald Judd

On Sunday, a Brooklyn gallery owner snapped this photo of two parents letting their toddler crawl all over a multi-million dollar sculpture by Donald Judd at London’s Tate Modern museum.

Stephanie Theodore, the gallery owner, quickly posted the picture to Twitter.

Theodore also confronted the parents, who were unmoved. “I told the woman the the kids were using a $10mm art work as a toy, she told me I knew nothing abt kids. Obv she doesn’t either,” Theodore tweeted. She also notified the guards at the Tate, who she said were grateful for having it brought to their attention.

Similar sculptures by Judd sold for nearly $3 million at a 2006 auction.

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Sabrosos los comentarios. Seguirlos.

Gracias a Jaron Rowan por el pase.

Why the sudden trend to attack paintings?

Podríamos afirmar que existe una moda por atacar y pintarrajear pinturas?

Este artículo en The Gaurdian expone los recientes casos de pintadas al retrato de Isabel II, a un mural de Mark Rothko y a La libertad guiando al pueblo para especular sobre algunos posibles motivos al respecto. Lástima que no lo desarrolle en más profundidad.

Gracias Elena Vozmediano por el pase!

Queen

The Queen’s portrait and (right) an image of it after the attack. Photograph: Getty Images

 

Is there a sudden fashion for attacking works of art? The recent paint assault on a portrait of the Queen in Westminster Abbey was the latest in a stream of acts of art vandalism.

Last October at Tate Modern a man scribbled on Mark Rothko’s Black on Maroon. He claimed his destructive act was a creative gesture, but this cut no ice with a judge, who sentenced him to two years in prison. This February, a woman defaced one of the icons of French art, Liberty Leading the People by Delacroix, at the new outpost of the Louvre in Lens.

That is three highly publicised art attacks in less than a year. It looks as if a shared spirit is gripping the assailants. In all three cases over just a few months, each attacker thought she or he was making some kind of public statement. This is in contrast with previous art vandals who have attacked works such as Poussin’s The Adoration of the Golden Calf or Rembrandt’s Danae for more baffling reasons. The latest art attackers are saying something, or think they are. Vladimir Umanets damaged the Rothko in the name of an art movement called “yellowism”. The art assailant who picked on the Delacroix wrote “AE911” on it with a marker pen – referring to a website that deals in 9/11 conspiracy theories. The suspected royal-art defacer also has a cause – reportedly wanting to draw attention to his having lost contact with his children.

Museums hate articles such as this one, for a good reason: they fear that publicising art vandalism invites more. And it is plausible that a real lust to attack art is gripping people who have noticed the sheer publicity it can bring to what might otherwise be lost causes.

This is an age of protest. If you have a cause you can share with lots of other people, you take to the streets. But what if your cause is too strange or overlooked for mass protest? Attacking an authority figure is one way to get it in the headlines, and as authority figures go, paintings are vulnerable. A portrait of the Queen has a lot less security around it than the woman herself. A museum is a tranquil place where a moment of destruction can catch guards unaware. The results can be gratifying, if you are desperate to get your voice heard.

Ataque a un mural de Rothko en la Tate Modern

Londres. (AFP).- Una tela del pintor estadounidense Mark Rothko fue objeto este domingo de un ataque vandálico con pintura negra en la Tate Modern, según anunció ayer el museo. La Tate permaneció cerrada durante un corto espacio de tiempo después de que sus responsables descubriesen manchas negras en una de los esquinas de los murales, realizados por encargo de los propietarios del rascacielos Seagram, en Nueva York.

“La Tate confirma que se ha producido un incidente, un visitante ha deteriorado uno de los murales de la serie Seagram de Rothko al aplicarle un poco de pintura negra con la ayuda de un pincel”, se disculpó un portavoz del museo. Sin embargo, Tim Wright, testigo presencial y autor de la fotografía que ilustra la información, aseguraba en Twitter que “El tipo caminó tranquilamente, cogió un rotulador y lo marcó. Surrealista”.

En 1958, los arquitectos de la entonces torre Seagram encargaron estos cuadros, de 2,66 m por 4,57 m para decorar el restaurante Four Seasons. Sin embargo, Rothko, por razones que han permanecido siempre misteriosas, decidió rescindir el contrato, devolvió el dinero recibido e hizo donación de los mismos a la Tate, Las pinturas llegaron a Londres el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que el artista, que contaba entonces 66 años de edad, decidió suicidarse. La Tate es propietaria, junto el MoMa de Nueva York, la mayor parte de los trabajos de Rothko.

Fuente: La Vanguardia (¡Atentos a los comentarios de los lectores en el diario!)

El museo como instrumento despolitizador

“Mark Wallinger politiza el Tate”. Por lalulula.tv (fuente)

La historia comenzó en junio del 2001 cuando el pacifista Brian Haw instaló un pequeño campamento en protesta contra la ofensiva anglosajona en Irak. No pasó un solo día en el que Haw no hiciera guardia frente al Parlamento de Westminster contra una guerra que se insinuaba y que luego estalló. El campamento empezó en pequeña escala, pero con el paso de los años fue creciendo hasta alcanzar unos 40 metros. Estaba lleno de pancartas, tarjetas , banderitas y fotografías que colocaba Haw mismo, pero era alimentado por los recuerdos que dejaban visitantes y simpatizantes. Se convirtió en una atracción turística hasta que el gobierno de Tony Blair impuso una ley para combatir el crimen organizado que de paso prohibía manifestaciones en un radio de un kilómetro alrededor del Parlamento.

La protesta de Brian Haw fue confiscada por la policía en el año 2005, pero el artista Mark Walliger había retratado todo y con la ayuda de How y de 15 asistentes, recreó  el “Peace Camp” (campamento de la paz) tal y como estaba en su mayor extensión. Todo fue reconstruido, cada banderita con arcoiris, cada osito de peluche de la paz y recorte de periódico con las atrocidades que cometían las fuerzas aliadas en el país árabe. Impresionantes son las fotografías de bebés iraquíes deformados, se dice, por el efecto de radiaciones de uranio, otras imágenes son satíricas y de un sentimentalismo que rozan con el kitsch. Entre las consignas que pueden leerse en sus pancartas se lee “Asesinos de bebés” y “No más guerras”. Wallinger pintó una línea negra en la mitad de su instalación que marca la zona de exclusión de la citada ley, con lo que quiere dar a entender que media porción de su obra también viola la ley que prohíben las propuestas.

Las salas de la Tate Britain alojaron esa instalación pretendidamente política en 2007, y Mark Wallinger  ganó los 50.000 dólares del premio Turner de ese año gracias a ella. El jurado  destacó en su momento la intensidad visceral y la importancia histórica de la obra, así como la combinación de “una valiente declaración política con la habilidad del arte de articular verdades humanas fundamentales”.

Wallinger celebra el importante papel que juega el Turner en el mundo del arte contemporáneo, pero también critica el circo mediático que lo rodea. Cobra un dineral de plata por descontextualizar  la manifestación de Haw, pero ¿habrá visto algo de plata el activista?

Celebro que se aproveche de la herrameinta de impunidad que le da el contexto artístico (me encanta el detalle de los montajistas museisitcos desarmando con guantes puestos), pero ¿que pasa con esta estetizacion de la protesta?