Archivos por Etiqueta: visitar galerías

Dos fragmentos de Théophile Gautier

“Sin llegar a ese grado de exaltación, ¿no os habéis sentido vosotros mismos dominados por una sensación de melancolía inexpresable al visitar una galería de maestros antiguos, pensando en las bellezas desaparecidas representadas en sus cuadros? (…) ¡Qué pena que las mujeres de Rafael, de Correggio y de Tiziano no sean más que sombras impalpables! (…).

Ayudándose con unos potentes anteojos, nuestro enamorado escrutaba su belleza hasta en las pinceladas más imperceptibles. Admiraba la fineza de la textura, la solidez y la suavidad del empaste, la energía del pincel, el vigor del dibujo, al igual que otro admira lo aterciopelado de la tez, la blancura y la bella coloración de una amante viva; so pretexto de examinar el trabajo más de cerca, obtuvo de su amigo pertiguero una escalera de mano, y, lleno de temblor amoroso, se atrevió a apoyar una mano temeraria en el hombro de la Magdalena. Se sorprendió mucho de hallar, en lugar de la blandura satinada de un hombro de mujer, una superficie áspera y ruda como una lima, rizada y golpeada en todos los sentidos por la impetuosidad del pincel del fogoso pintor. Este descubrimiento entristeció mucho a Tiburce, pero, tan pronto bajó de la escalera, su ilusión volvió a adueñarse de él.”

Théophile Gautier: El Vellocino de oro (Le Toison d’or), 1839. Trad. de José Escué.

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P.P. Rubens, Descendimiento de la Catedral de Amberes (cuadro al que se refiere el cuento de Gautier)

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“El cicerón que nos guió en el interior de la iglesia era ciego, y era una cosa verdaderamente maravillosa ver con qué precisión se paraba delante de los cuadros, de los cuales nos dibujaba el tema y al pintor sin vacilar y sin equivocarse jamás. Nos hizo subir a la cúpula, y nos paseo por una infinidad de pasillos ascendentes y descendentes que igualaban en complicación “El Confesionario de los Penitentes Negros” o “El castillo de los Pirineos” de Anne Radcliffe. Ese buen hombre se llama Cornelio; tiene el mejor humor del mundo y parece muy feliz con su enfermedad.”

Théophile Gautier: Viaje a España (Voyage en Espagne), 1845.

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De EL RETRATO, de Nicolás Gogol

Nicolás Gogol: EL RETRATO (fragmento). Del ciclo de “Historias de San Petersburgo”, 1835-1842.

En ninguna parte se detenía tanta gente como en el almacén de cuadros del edificio Schukin. Aquel comercio presentaba, efectivamente, el conjunto más heterogéneo posible de novedades. Los cuadros en su mayoría eran al óleo y estaban cubiertos de una pátina verde oscura y rodeados por marcos de un tono amarillo oscuro. Sus temas corrientes eran un invierno de árboles blancos, una noche carmesí como el nacimiento de un incendio, un campesino flamenco con una pipa y un brazo roto, más parecido a un gallo indio en mangas de camisa que a un hombre. (…) Para estas obras se encuentran pocos compradores, pero en cambio hay muchos mirones. Seguramente, ya estará detenido ante ellas algún lacayo haragán que lleva los platos del restaurante a su señor, el cual, sin duda, no comerá la sopa demasiado caliente. Ante las litografías, también estará seguramente boquiabierto algún soldado, embutido en su abrigo y que vende en la feria un par de cortaplumas, y asimismo algún vendedor con una caja llena de pantuflas. Cada uno se extasía a su modo: los mujiks señalan habitualmente con los dedos, los caballeros miran con aire serio, los chicos de los restaurantes y los aprendices de los talleres ríen y se hacen burla con las caricaturas, los viejos lacayos de abrigos de frisa miran nada más que para bostezar a sus anchas en alguna parte, y las vendedoras ambulantes, las jóvenes babas rusas, corren instintivamente a escuchar lo que dice la gente y a mirar lo que ésta mira.

(…)
Pero… ¿dónde estaban los compradores de aquellos cuadros pintarrajeados, chillones y sucios? ¿Quién necesitaba a aquellos campesinos flamencos, aquellos paisajes rojos y azules, reveladores de cierta pretensión a un nivel superior de arte, pero que revelan su profunda humillación? Aquello no parecía en absoluto la obra de un niño autodidacta; si así fuera, aquellos cuadros, a pesar de todo su carácter caricaturesco y sin vida, habrían revelado algún arranque de ingenio. Pero aquí se veía simplemente estolidez, una mediocridad aventajada  e impotente, que por propia decisión se había instalado en la línea de las artes cuando su verdadero lugar estaba entre los oficios inferiores; una mediocridad que era fiel, con todo, a su vocación y aportaba su oficio al propio arte. ¡Los mismos colores, la misma manera, la misma mano cansada y rutinaria, que parecía pertenecer más bien a un autómata toscamente construído que a un hombre!…
Chartkov permaneció largo tiempo inmóvil ante aquellos sucios cuadros, sin pensar ya en ellos para nada…

Nicolás Gogol: EL RETRATO. Austral eds. Buenos Aires 1949. (Trad. de Leon Mirlas).

Soy Cámara: Colecciones y turismo

Este capítulo, producido por el CCCB y TVE, cuenta con la participación de Martin Parr, Manuel Delgado, Bernard Stiegler, Carles Guerra, Jorge Luis Marzo y Andrés Rábago, entre otros. Sobre la pulsión de ordenar y coleccionar el mundo, de poseerlo capturándolo en imágenes, recuerdos y pedacitos. El álbum y el museo reflejan una misma obsesión: definirse a través de capturas y fetiches, conquistas representadas a través de imágenes y objetos. Si al principio estas aventuras eran cosa de pocos, hoy viajar, coleccionar y exponer es cosa de masas.

soy cámara – el programa del cccb

Capítulo dirigido por Andrés Hispano y Félix Pérez-Hita.
Pueden verlo completo  AQUÍ.

Iconoclastia, FPS (First Person Shooters). Vídeo de Manel Bayo

Iconoclàstia FPS (First Person Shooters), de Manel Bayo. Pieza producida por el Vad festival 1.0.

Gracias a Marta Sureda por el aviso.

(Text que acompanya el vídeo – Texto que acompaña el vídeo).

Català:

Si acceptem com a vàlida la lectura feta per Donald Kuspit segons la qual el pas d’un art analògic a un art digital s’hauria d’entendre, a grans trets, com un procés que va de la «representació d’objectes» a un progressiu intent per «codificar les sensacions», aleshores sembla clar que l’estètica dels videojocs FPS (Doom, The Conduit, Unreal, Quake, Halo…) suposaria una mena de fita en aquest esdevenir marcat per la voluntat de situar el subjecte –i la seva experiència sensorial– en el centre del «dispositiu lúdic-estètic».

I no només això: de la mateixa manera que el millor videoart de la dècada dels setanta (Baldessari, Acconci, Nauman…) va haver d’encarar l’omnipresència de la televisió com a metàfora dominant d’un suposat «nosaltres» –com molt bé ha observat Mark van Proyen–, l’art digital d’avui dia només podrà ser rellevant en la mesura que tingui en compte les implicacions d’Internet. Ser a la xarxa s’endevina com el darrer requisit per completar aquest procés d’obertura que converteix l’espectador tradicional en usuari o protagonista d’una història que ell mateix s’encarrega de construir.

Justament per tot això, no és estrany que artistes com Manel Bayo –que ha transitat per quasi tots els formats, començant per la pintura– trobin en l’estètica del videojoc un espai insòlitament autàrquic que els permet, d’una banda, mantenir i afirmar el caràcter lúdic que sempre hauria de tenir qualsevol proposta artística i, de l’altra, dialogar irònicament amb una tradició representativa que ha esdevingut icònica (encapçalada per la «pintura de cavallet»). Si a tot plegat hi sumem la utilització d’escenaris perfectament reconeixibles i amb una forta càrrega social i històrica com poden ser les antigues Sales Municipals d’Exposició de la rambla de Girona, aleshores el que s’esdevé és un diàleg vertiginós entre l’element més local –o, fins i tot, anecdòtic– i el dispositiu tecnològic d’abast global i, en aquest sentit, essencialment anodí i impersonal. D’això es tracta: el videojoc entès, també, com a espai de reflexió.

Eudald Camps.

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English:

Iconoclàstia FPS (First Person Shooters)
Eudald Camps

If we accept Donald Kuspit’s interpretation according to which the step from an analogical towards a digital art should be undesrtood, mainly, as a process that goes from the “representation of objects” to a progressive attempt for “codifying feelings”, then it becomes clear that the videogames FPS aesthetics (Doom, The Conduit, Unreal, Quake, Halo…) would be a kind of benchmark in this process that has to do with the aim of placing the subject –and his sensorial experience– at the center of the playful aesthetic device.

But not only this: the same as how the best video-art works in the seventies (Baldessari, Acconci, Nauman…) had to face the presence of TV everywhere as the dominant metaphore of an imagined “we” –as it has so well observed Mark van Proyen–, nowadays, digital art will only be relevant as long as it considers the implications of Internet. To be in the web is eventually the last condition to complete this opening process that makes the traditional viewer become a “user”, as well as the main character of a story that he or she is in charge to create.

And it is for that reason that artists like Manel Bayo –who has tried almost all the formats, starting with painting– can find in the aesthetics of videogames an autarchic space that allows him, on one side, to keep and to assert the playfull side of any art event and, on the other side, to ironically establish a dialogue with a tradition that has become iconic (with “easel painting” at the top). If we add to all this the use of perfectly recognizable environments that have a strong social and historical background, like the old Sales Municipals d’Exposició in the Rambla of Girona, then, what happens is a lightning-speed dialogue between the most local –even irrelevant– issue and the world-wide technological device, essentialy bland and impersonal. And that is the point: to understand the videogame also as a space for reflection.

Eudald Camps.

Tony Sarg: museos de Nueva York

El Metropolitan y el de Historia Natural.

Página de la revista MAD: El arte moderno

Portada y página del primer número de la edición en español (enero 1975).
Documento encontrado por Andrés Hispano.

Herbert Read: Carta a un joven pintor (1962).

Quizá me influyó excesivamente el extraordinario fragmento de Matisse:

“Sueño con un arte que de equilibrio, de pureza y de serenidad, despojado de temas inquietantes o deprimentes, una arte que para cada trabajador del intelecto, ya se trate de un hombre de negocios o de un escritor, constituya una influencia apaciguadora, como un tranquilizador mental, algo así como un buen sillón en el que pueda descansar de la fatiga física”.

En cuanto expresión de banalidad burguesa este fragmento lo enfurece, me imagino, como hubiera enfurecido a Tolstoi. Pienso que no debe separárselo de otras muchas afirmaciones de Matisse sobre el arte; ¡además esto fue escrito en 1908, en un mundo libre de Angst! (angustia, ansiedad). Aun así expresa cierta verdad… es decir, una verdad histórica. Eso fue el arte en muchos periodos y para la mayoría de la gente. “Un arte de equilibrio, de pureza y de serenidad”… ¿no es precisamente lo que caracteriza a Giotto, a Piero della Francesca, a Seurat y a Cézanne? Pero no, protestará usted, a todos los artistas. No es el caso de Rembrandt o de El Greco, de Picasso o de Henry Moore. Hay en ellos caos en lugar de equilibrio, pasión en lugar de pureza, y angustia en lugar de serenidad. No tienen belleza, sino vitalidad, y eso, dirá usted, es “más grande” que la belleza.
(…).

Pero escuchemos nuevamente a Picasso:

“¿Acaso el espectador puede vivir uno de mis cuadros como yo lo he vivido? El cuadro adviene a mí desde millas de distancia: quién puede decir de dónde vino, cómo lo sentí, cómo lo vi, cómo lo pinté; y sin embargo, al día siguiente no puedo ver lo que yo mismo hice. ¿Cómo puede nadie penetrar en mis sueños, en mis instintos, en mis deseos, en mis pensamientos, que han necesitado tanto tiempo para madurar y surgir a la luz del día, y sobre todo quién puede deducir de ellos dónde estuve… quizá contra mi propia voluntad?”. (pp.18-19).
(…).
A veces me gustaría ver unos de sus croquis inconclusos, o sus dibujos al lápiz, o sus notas naturalistas, cualquier producto impremeditado y espontáneo… un esquema elaborado casualmente; por ejemplo, el que usted podría trazar sobre una carta, algo menos acabado que la gouache que usted me regaló, y algo al mismo tiempo más objetivo. Equivaldría a una pequeña confesión, y yo no sería tan tonto como para criticarlo. Pero un trabajo de esa naturaleza podría revelarme algo… recuerde cuánto hemos sabido gracias a los croquis de Rembrandt, datos que jamás habrían llegado a nosotros si sólo hubiéramos visto óleos terminados. (p.22).

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Herbert Read: Carta a un joven pintor (1962). Buenos Aires, Ediciones Siglo Veinte, 1976. Traducción de Aníbal Leal.

Miguel Brieva y Spiderman (dos viñetas)

Para ver más trabajos de Miguel Brieva:
http://www.clismon.net

Twilight Zone: I sing the Body Electric (guión de RAY BRADBURY)


Nos interesa aquí el diseño expositivo del lugar donde estos niños escogen las piezas para fabricar una abuela a su medida. La sala y la presentación recuerdan, más que un museo de arte contemporáneo al uso actual, las ferias de fenómenos del siglo XIX, los museos de cera o las salas del Museo de Art Brut de Lausanne.
Capítulo recomendado por Andrés Hispano.

Fotos de la Primera Exposición Surrealista Internacional en Londres (1936)

Fotos de la disposición de las obras en la Primera Exposición Surrealista Internacional en Londres (1936). Imágenes del libro: Roland Penrose: 80 AÑOS DE SURREALISMO (1900 – 1981). Barcelona, Ediciones Polígrafa S.A. 1981.

Il seme dell’uomo (1969), película futurista de Marco Ferreri (fragmento)

Gracias a Marta Sureda por el pase.

Shadow Puppets in Front of Paintings (2011-2012)

Micro-performances by Adan De La Garza and Nicholas O’Brien

No Touching – Publicación de Radicalmente emancipado(s)

Sobre el robo de partes o elementos de arte contemporáneo.

Descarga el PDF.

Libro intervención para el catálogo de Composición del lugar II: Audiencias cardinales, ciclo de Álex Brahim.

Catalan, Castellano e inglés.

Abril de 2012

Más información aquí.

Paul Valéry: “Tel quel” (1943).

El moderno se contenta con poco.

Un oído moderno, un ojo moderno son un oído y un ojo a los que una combinación de sonidos o de colores tomada al azar tiene muchas más posibilidades de gustar que las que habría tenido para un oído no moderno.
El moderno parece tanto más capaz de gustar de lo que sea cuanto menos capaz de atención.
He ahí un hecho que afecta de cerca al desarrollo de las ciencias, el cual degenera hacia una acumulación irreprimible de hechos.

***

Hacerse con un público.
Convertirse en “gran hombre” no es más que llevar a la gente a amar todo aquello que viene de uno; a desearlo. Uno los acostumbra a su yo como a un alimento, y comen de su mano. Pero hay, así, dos tipos de grandes hombres: los que dan a la gente lo que gusta a la gente; y  los otros, que le enseñan a comer lo que no le gusta.
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A menudo juzgo una obra de arte pensando: es imposible que haya usted querido esto.
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Gustar.
Piénsese en lo que hace falta para gustar a tres millones de lectores.
Paradoja: hace falta menos que para gustar a cien personas exclusivamente. Pero aquel que gusta a millones siempre se gusta a sí mismo, y aquel que no gusta más que a unos pocos, generalmente, no se gusta a sí mismo.
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Los verdaderos amantes de una obra son aquellos que invierten en mirarla, en sí misma y en ellos mismos, al menos tanto deseo y tanto tiempo como hizo falta para hacerla.
Pero más interesados aun aquellos que la temen y la huyen.

***

Las obras bellas son hijas de su forma, que nace antes que ellas.
El valor de las obras del hombre no reside en absoluto en ellas mismas, sino en el desarrollo que ellas reciben de los otros y de las circunstancias ulteriores.
Nunca sabemos por adelantado si tal obra vivirá… Es un germen más o menos viable; necesita de las circunstancias, y éstas pueden favorecer al más débil.

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Aquello que me interesa – cuando tiene lugar – no es la obra, no es el autor, es aquello que hace la obra.
Toda obra es obra de otras muchas cosas además de un autor

Paul Valéry, Tel quel (1943). Gallimard, Paris.

Arte y moda en una galería elegante de Nueva York.


¿Estampados como cuadros o cuadros como estampados? (El reportajillo parece de los años 60).

Visitar galerías según el coleccionista Lluís Bassat

Gracias a Quim Tarrida por el pase.