Tatoueurs, Tatoués

“Tatoueurs, Tatoués” – Musée du quai Branly, Paris. De mayo 2014 a octubre 2015.

En las sociedades llamadas “primitivas”, surgido de los mundos orientales, africanos y oceánicos, el tatuaje cumple un rol social, religioso y místico y acompaña al sujeto en los ritos de paso incluyéndolo en la comunidad. Inversamente, en Occidente, fue relacionado con la infamia, la criminalidad, las atracciones del circo (con los fenómenos de feria -”side shows”) además de marca identitaria de tribus urbanas. …

Este acercamiento geográfico y antinómico tiende hoy a desaparecer.

La piel como lienzo. Obras que piden ser tocadas, acariciadas. Obras que también gozan y padecen del sentido del tacto.

Más información: Tatoueurs, Tatoués.

Una visita a la exposición ‘Playgrounds. Reinventar la plaza’, por Fidel Moreno

REVUELTO DE REVUELTAS PARA TURISTAS MAREADOS.

Una visita a la exposición ‘Playgrounds. Reinventar la plaza’.

por FIDEL MORENO para la revista EL ESTADO MENTAL.

Una turista ha dejado el bolso y una botella de agua sobre la superficie acristalada de la obra Una arquitectura del juego, 1966/2014 de Nils Norman. Como era de esperar –y fiel al tópico acerca de la incomprensión que acompaña al arte al menos desde el impresionismo– la vigilante de sala le llama la atención recordándole que se trata de una obra de arte. Aunque esta exposición invite al juego y a reinventar nuestra relación con el espacio y los objetos cuestionando las reglas del orden establecidos, sólo dos de las 300 obras que forman la muestra se pueden tocar; la invitación a la “aventura del playground”, como se puede leer en esa misma instalación, es una propuesta imaginaria, ya saben, un ejercicio conceptual. Sin embargo, esta pobre mujer condenada por imperativo turístico al calvario de la Ruta del Arte –con un calor de 30 grados en la calle– no está para desafíos mentales: sofocada,  parece que se acaba de librar de un jamacuco, aunque no del todo. Con parsimonia ordena sus pertenencias sin renunciar al apoyo que le ofrece la obra, hasta que encuentra lo que busca, un abanico. Luego se cuelga el bolso al hombro, se abanica su frente perlada de sudor y, sólo entonces, apenas recompuesta, recoge la botella de agua de litro del poyete de la obra de arte y continúa la marcha.

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Expo Reina Sofia

Pascal Pinaud

En el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Ginebra (MAMCO) se encuentra una obra de Pascal Pinaud sobre el tema de la iconoclastia. La obra, que se mantiene en constante proceso, documenta algunas agresiones e incidentes sobre obras de arte.

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El origen del mundo

El Museo de Orsay se ha negado hoy a pronunciarse sobre la polémica intervención de la artista luxemburguesa Deborah de Robertis, que la semana pasada recreó en persona en una de sus salas y sin autorización el cuadro de Gustave Courbet ‘El origen del mundo’. Con un vestido corto de lentejuelas doradas y sin ropa interiorDe Robertis se sentó ante la famosa obra, abrió las piernas y, con ayuda de sus manos, mostró su sexo a los visitantes durante varios minutos.

Los trabajadores del centro, según se puede ver en el vídeo colgado por la artista en internet, se interpusieron entre ella y el público para obstaculizar la visión y, sin forzarla físicamente a interrumpir el espectáculo, procedieron a desalojar la sala.

El museo ha indicado que no va a pronunciarse sobre lo sucedido, que acaparó miradas sorprendidas pero también aplausos entre quienes el pasado jueves se cruzaron con ella.

“Mi obra -bautizada ‘Espejo del origen’- no refleja el sexo, sino el ojo del sexo, el agujero negro. Mantuve mi sexo abierto con las dos manos para revelarlo, para mostrar lo que no se ve en el cuadro original”, apuntó la artista al diario ‘Le Monde’.

No es la primera vez, según dice, que recrea ese cuadro en el museo parisino, donde hace un mes también desnudó parte de su cuerpo para que un fotógrafo que la acompañaba le hiciera una foto. “Actúo con mucha naturalidad, lo que hace que incluso cuando hay vigilantes a veces no digan nada. Lo ven como algo que no es chocante. Intento siempre transmitir algo muy puro””, concluye la artista, que acompaña el vídeo de su último espectáculo con la música del ‘Ave María’ de Schubert de fondo. Fuente: El Periódico de Catalunya.

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Art Scrub

Fuente: Art Scrub

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Las réplicas de las obras de arte en el cine

Fuente: El País.

Hollywood necesita obras falsas para sus películas. Las necesita George Clooney cuando filma The Monuments Man o Ed Harris cuando recrea la vida de Jackson Pollock. Pero es una tarea complicada. Los derechos de imagen y de reproducción están muy regulados y muchas veces es un calvario conseguirlos. O bien no se ceden o bien se exigen unas cifras inabordables incluso para una gran producción americana.

Antes no era tan complicado generar esta obra “falsa”, pero desde mediados de los años noventa del siglo pasado las cosas cambiaron, y mucho. Una denuncia y una queja fueron el detonante de esta transformación. El ingeniero y artista futurista estadounidense Lebbeus Woods (1940-2012) demandó al director Terry Gilliam por haber copiado, tal cual, uno de sus más famosos dibujos: Neomechanical Tower (UpperChamber. Quien tenga memoria cinéfila recordará que en la película de 1996 titulada 12 Monos Bruce Willis es duramente interrogado en un escenario claustrofóbico, que calca el boceto de Woods. Más tarde, la justicia daría la razón al artista.

Fotograma de la película ‘Basquiat’ (1996), dirigida por Julian Schnabel.

Un año después, en 1997, sucedería el segundo incidente. En una de las tramas centrales en El abogado del diablo, con Al Pacino y Keanu Reeves, un relieve de mármol cobra vida entre lo demoniaco y lo sexual. La pieza es una réplica de la escultura (Ex Nihilo Tympanum, que muestra el surgir de la vida desde el caos) que Frederick Hart proyectó en la fachada de la Catedral Nacional de Washington. Warner Brothers, distribuidora del filme, tuvo que rehacer la escena para reducir las similitudes y también, aquí estaba el problema, el contenido erótico.

A partir de estos dos sucesos, que recogen la revista Vanity Fair y artnet.com, conseguir los derechos de reproducción de ciertas obras de arte es muchas veces lo más cercano a una pesadilla.

En 1996, el pintor Julian Schnabel quería recrear la vida de un artista con el que coincidió en los años ochenta, cuando la carrera de ambos despuntaba: Jean-Michel Basquiat (1960-1988). Pidió permiso para utilizar imágenes de sus cuadros. El legado del artista (eso que los estadounidenses llaman estate), que está férreamente controlado por su padre y sus hijas, no se lo dio. Bueno sí, pero a cambio de una cantidad de dinero tan elevada que hacía inviable la película. Se llegó a una extraña solución de consenso. Se permitiría crear una serie de pinturas “al estilo de” Basquiat siempre y cuando no se parecieran demasiado a cuadros reales o bien el estilo no fuera muy veraz. Para asegurarse de que cumplían lo pactado, un abogado supervisaba todas las obras. Y si le parecían demasiado próximas al original impedía usarlas.

Pero el mayor problema llegó con Picasso. Schnabel pretendía reproducir El Guernica. “Es enorme y por entonces la película ya estaba en marcha, y no podría ser una impresión sobre papel porque Julian quería una pintura”, cuenta el director de producción del filme Dan Leigh a Vanity Fair. “Y la familia Picasso, o el estate, nunca habían recibido una petición para reproducir el cuadro, o sea, para copiar una pintura en pintura. ¡Ese era el gran problema! Básicamente se trataba de una falsificación”.

El original de Vermeer, a la izquierda, y el que se realizó para ‘La joven de la perla’, con Scarlett Johanson.

Al final, la familia accedió a que se pintara una copia (en la que el propio Schnabel participó), pero con un requisito irrenunciable. Una vez filmada, la tela debería ser destruida y la productora se comprometía a mandar un vídeo que lo acreditara. Embadurnaron el gigantesco óleo con la pintura que les había sobrado —previamente mezclada en un enorme barril— y la extendieron sobre la cara del lienzo que mostraba la imagen, y cuando aún estaba húmeda enrollaron la tela. Nadie, aunque se lo propusiera, podría restaurarla nunca.

Tribulaciones parecidas vivió el rodaje de La joven de la perla, protagonizada por Scarlett Johansson. El filme recreaba el trabajo y el genio del pintor barroco Johannes Vermeer (1632-1675). Al equipo de producción se le encargaron 75 cuadros. Y decidieron subcontratarlos a copistas chinos. La idea fue un desastre. En uno de los lienzos, La joven con un vaso de vino, cambiaron el rostro occidental por uno oriental, le dieron aire de beoda, confundieron la perspectiva e incluso le pintaron las uñas.

Dándole vueltas a una solución, el equipo creó una técnica digital que se basaba en encolar, con un barniz casero, una reproducción en papel sobre un lienzo y filmarlo usando diferentes tratamientos digitales de texturas. En este caso, el equipo sí logró el permiso del Museo Mauritshuis para reproducir La joven de la perla, aunque decidió no utilizar la infinidad de bocetos que habían pintado y que simulaban el proceso de creación de la obra por Vermeer. El propósito era mantener la tensión de la imagen en el espectador hasta el final, que es cuando se desvelaría el cuadro íntegro.

‘Pollock’ (2000), del realizador y actor Ed Harris. Moviestore Collection/Rex/Rex USA.

Un desafío diferente fue “falsificar” los cientos de obras que aparecen en la película dirigida por George ClooneyThe Monuments Men. La historia de ese grupo de soldados (y civiles) aliados que al término de la Segunda Guerra mundial tuvieron el encargo de recuperar la ingente cantidad de obras expoliadas y robadas por la Alemania nazi. No fue fácil ni recuperar las piezas ni rodar la película. “Más importante que las obras en sí fueron los marcos”, relata a Vanity Fair el director de producción del filme James D. Bissell. “Cuando miras a ese gran escondrijo de arte [recreado con tecnología 3D] y ves un enorme montón de marcos apilados, necesitas que sean de calidad para que estén en relación con las obras a las que pertenecen”.

En esta ocasión se recurrió a los archivos digitales de alta resolución que existen de bastantes de las pinturas recuperadas por losMonuments Men. Muchas de estas imágenes se imprimieron sobre lienzos o maderas, luego, con técnicas artesanales, se envejecieron y, más tarde, se añadieron efectos de craquelado. Sin duda, en la película hay una obra de arte que exigió más que ninguna. El altar de Gante (La adoración del cordero místico), pieza maestra de la pintura flamenca de los hermanos Hubert y Jan Van Eyck, no fue ajeno a los problemas. El equipo tuvo que solucionar la reacción adversa de ciertos pigmentos con los esmaltes. Y a la vez reproducir, a mano, el singular enmarcado de la obra.

Relieve del escultor estadounidense Frederick Hart que se encuentra en la fachada de la catedral de Washington y que fue utilizado en el filme ‘El abogado del diablo’ (1997).

Más fácil lo tuvo Ed Harris cuando rodó Pollock en 2000. El equipo de diseñadores aprendió a crearpollocks. En concreto, 125. Ese fue el número de telas que consiguieron pintar al estilo del artista expresionista americano. Excepcionalmente contaron con la ayuda de la Fundación Pollock-Krasner, que cuida el legado del pintor. De hecho, consiguieron los permisos para reproducir cualquier obra de su catálogo. Lo que hizo Harris fue contratar a algunos de los mejores directores artísticos de Nueva York y estudiaron juntos las películas y fotos de Hans Namuth y Paul Falkenberg que muestran cómo el artista crea sus famosos drippingsusando desde los botes de pintura a los mangos de los pinceles. En vez de copiar, recrear; funcionó.

El pintor chino, el pícaro gallego y la gran estafa

Fuente: El País

En la modesta casa de Pei-Shen Qian en Woodhaven (Queens, Nueva York) hace tiempo que no vive nadie. El pequeño garaje aparece cerrado, las persianas bajadas y el correo se acumula sin que encuentre quien lo recoja. Los periodistas han preguntado a los vecinos, pero estos no saben nada de Qian ni de su mujer. Un discreto ciudadano de origen chino que llegó a Estados Unidos en 1981 con el deseo de estudiar en la escuela de arte de Nueva York. Una cara entre otras mil.

La inesperada e indeseada fama le ha llegado por verse envuelto en un caso de falsificación de obras de arte, uno de los mayores de las últimas décadas. Todo tiene un comienzo y en este caso la historia arranca en las calles de Manhattan. Allí pintaba Pei-Shen Qian para pagarse parte de su formación y allí vendía sus cuadros. En esas aceras, a principios de los ochenta, conoció a José Carlos Bergantiños Díaz, un español nacido hace 58 años en Guitiriz (Lugo). Dicen, quienes le conocen, que este empresario es un hombre afable, con don de gentes. Y, sobre todo, amante del arte, coleccionista. Que incluso presume de haber conocido a Warhol. Cuentan, también, que se mueve con soltura en los círculos sociales.La Fiscalía de Nueva York habla de un timo de 58 millones de euros

Pero ahora el tiempo se le ha vuelto esquivo, y la Fiscalía neoyorquina y el FBI lo sitúan como una figura central dentro de un presunto entramado de falsificación de obras de arte. Según la acusación estadounidense, y The New York Times, Bergantiños habría contratado a comienzos de los ochenta a Pei-Shen Qian para que imitara obras de mitos del arte moderno como Franz Kline, Jackson Pollock, Lee Krasner, Willem de Kooning, Barnett Newman, Clyfford Still o Sam Francis. La estrategia no era imitar piezas conocidas sino hacerlas pasar por cuadros recién descubiertos.

Las telas fueron enajenadas durante años a través de una de las galerías más antiguas de Nueva York, Knoedler & Company. La sala cerró en 2011 por la avalancha de demandas que llegaban de coleccionistas engañados. También se colocaron telas con la intermediación del marchante independiente Julian Weismann, que niega cualquier participación en el engaño. Sin embargo, el negocio creado por la mexicana Glafira Rosales, pareja del español, con quien tiene una hija, y en el que presuntamente también participó Bergantiños, fue una máquina de generar dinero. Pei-Shen Qian pintaba unas telas por unos cientos de dólares y Rosales era capaz de darles el pase por millones. El informe de la acusación, de 42 páginas, asegura que Knoedler pagó 20,7 millones de dólares por decenas de cuadros falsos del pintor chino y los colocó a coleccionistas millonarios obteniendo 43 millones. Por su parte, Weismann adquirió piezas valoradas en 4,5 millones y las vendió por 12,5 millones. En números redondos, las galerías adjudicaron pinturas por más de 80 millones de dólares (58 millones de euros). En total, unas 60 piezas falsas, según la investigación.

El pintor chino Pei-Shen Qian, ante una de sus obras.

El trampantojo se mantuvo en pie desde los años noventa hasta 2009. En ese momento, las dudas sobre las “telas de Rosales” empezaron a surgir. Varios coleccionistas buscaron la autentificación de sus obras y no lo consiguieron. Incluso algún museo estadounidense se hizo con obras salidas de la mano de Pei-Shen Qian. Al final todo estalló.

En septiembre pasado Glafira Rosales admitió, ante un tribunal neoyorquino, tras una compleja negociación de meses, los nueve cargos de los que se le acusa, entre ellos fraude y conspiración para cometer fraude. Afronta una pena que puede llevarla 99 años a la cárcel cuando se conozca la sentencia a finales de este año. Aunque habrá negociado con la fiscalía.

¿Cómo es posible que un pintor de 73 años, sin apenas presencia en el oficio, pudiera generar imitaciones de tal calidad? Lo cierto es que Pei-Shen Qian tiene su trayectoria (pequeña) en el circuito artístico de Estados Unidos. En los años ochenta tuvo varias exposiciones en la costa oeste. El año pasado exponía en una galería en Shanghai. Sus cuadros originales nada tienen que ver con los maestros a los que copia, y parece complicado imaginar que pudiera crear telas que han engañado durante años. Pero así ha sido. Además de tener buena mano para imitar a Pollock o De Kooning, el sistema que empleaba pasaba por utilizar telas antiguas en mercados callejeros o subastas y utilizar pinturas antiguas. De estas compras, según la fiscalía, se ocupaba José Carlos Bergantiños Díaz. Y si había que darle un aspecto, incluso, más viejo, se utilizaba el calor de un secador de pelo o bolsas de té. Las demandas obligaron a cerrar a una de las galerías más antiguas de EE UU

En declaraciones desde Shanghai a Bloomberg Newsen diciembre pasado, Qian aseguraba ser víctima de “un enorme malentendido”. Y sostenía que nunca trató de hacer pasar sus obras por trabajos originales de maestros modernos. “Hice una navaja para cortar fruta”, dijo. “Pero si otro la usa para asesinar, acusarme a mí es injusto”. El pintor se encuentra, presumiblemente, aún en China, un país sin tratado de extradición con EE UU.

El viernes pasado José Carlos Bergantiños Díaz era detenido en un hotel sevillano. Posteriormente fue arrestado en Lugo su hermano, Jesús Ángel, a quien la fiscalía estadounidense involucra también en el fraude. Hoy ambos están en libertad pero con el pasaporte retenido: José Carlos puede afrontar 80 años de cárcel. La historia, desde luego, no pinta bien.

Un pase de Arturo fito Rodríguez.

El efecto de contemplar un Rubens

Gracias a Pilar Gonzalo por el pase.

Revealing layers at the museum

Saul Steinberg

Portada de Saul Steinberg para The New Yorker (18 de octubre de 1969).

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Ravage. Art et culture en temps de conflit

Se acaba de presentar en el Museo de Leuven (Lovaina, Bélgica), la exposición Ravage. Art et culture en temps de conflit, dedicada a la destrucción del arte en los conflictos bélicos, políticos y sociales. Comisariada por Eline Van Assche y Ronald Van de Sompel.

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El museo y las nuevas tecnologías (Do not charge, please)

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Un pase de Jaron Rowan.

Una gallina “se comió” una obra de arte

Una gallina sale desorientada de una pequeña casa de madera acondicionada para pasar desapercibida en manos de quien parece un visitante habitual. Ante la reacción de una guía que se sorprende por la escena, la gallina salta sobre una montaña de maíz, la obra Paisaje Producido del artista Carlos Uribe, parte de la exposición Coordenadas, historia de la instalación en Antioquia, del Museo de Arte Moderno de Medellín.

El responsable de poner a la gallina frente a la obra de Uribe es Daniel Felipe Escobar, un joven de 25 años, estudiante de séptimo semestre de Artes Plásticas en la Universidad de Antioquia.

Lo que ocurre es que la chica llega, me dice que eso no se puede, le pregunto por qué y me dice que la obra de Carlos Uribe es una obra de arte. Yo le pregunto que si lo que yo estaba haciendo no lo era, ella me dice que no. Ese es el punto, cuestionar qué se valida como arte y qué no”, dice Daniel Escobar.

Explica que su trabajo de grado, para obtener el título de Maestro en Artes Plásticas, es una reflexión sobre “los estamentos del arte. Consiste en preguntarme qué debe tener una obra para ser considerada arte en el espacio del museo”.

No considera que se trate de un acto subversivo, ni acepta que se le considere un activista en contra del arte contemporáneo. “¿Por qué se asustan al encontrarse con este tipo de situaciones?, ¿por qué lo consideran como una falta de respeto?. Uno como espectador o artista puede ser parte y accionar las obras”, dice Daniel.

Sucedió el 14 de marzo, Daniel había solicitado un permiso para acceder con la cámara y un trípode, ocultó que también habría una gallina. Luego el video fue publicado en YouTube, también en una página de Facebook que busca, según su descripción, “un espacio para la activación, critica y diálogos en el arte contemporáneo”. Ese espacio se encuentra en esa red social con un nombre de fácil recordación: La Gallina.

Allí, en Facebook, aparece transcrita la carta que Daniel Escobar le envió a Carlos Uribe. En ella, según dice el estudiante de la U. de A., se ofrece una explicación sobre su “activación” en una de las primeras instalaciones que se elaboraron en la historia del arte colombiano.

“A mí no me parece tan descabellado que una gallina vaya a dar a un museo de arte moderno si lo que hay es una gran pila de maíz. Me parece una asociación muy básica: Montaña – Maíz – Gallina”. dice el texto que dejó Daniel en la oficina del artista.

“No me respondió porque cuando lo llevé a Bellas Artes [Uribe es el decano de la Facultad de Artes de esa institución], él no estaba, entonces le dejé el sobre con mis datos y no me ha llamado”.

Según su versión, la directora del Museo, María Mercedes González, le preguntó por qué no había pedido permiso para llevar la gallina. “¿Me lo hubiera usted dado?”, le respondió.

Fuente aquí. Gracias a Elena Vozmediano por el pase.

Visita de un burgués al Salón de Otoño de París

Visita de un burgués al Salón de Otoño de París. Dibujo animado de los años 1920.

Visita de un burgués al Salón de Otoño de Paris from Felix Perez-Hita on Vimeo.

Se desnuda frente a “El nacimiento de Venus” en Florencia

Según una trabajadora de la Galería degli Uffizi de Florencia, Susanna Mantovani, que dió buena cuenta de la ocurrido a través de su cámara de fotos, el joven, español, de 25 años, y del que aún se desconoce la identidad, se puso de rodillas frente a la obra “El nacimiento de Venus” de Botticelli, y lanzó pétalos de rosa, emulando las flores que caen sobre la diosa que surge de las aguas sobre una concha. Además, llevaba las manos pintadas de rojo y se le escuchó decir: “Esta es la poesía, la poesía es esto”. Así, los vigilantes del museo llamaron inmediatamente a los Carabineros que cubrieron con una sábana al español y se lo llevaron a la comisaría mientras gritaba: “Freedom, freedom”. El chico fue acusado de actos obscenos y después puesto en libertad. El director de los Ufizzi, Antonio Natale, confirmó a los medios locales la noticia, aseguró que no hubo problemas ni daños, y bromeó al decir que “quizá resultó afectado por el síndrome de Adán”.

Fuente: El Correo de Álava

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Nosotros creemos que es el bruto de Vulcano, que viene a decirle a su mujer que la perdona tras su lío con Marte. Pobrecico. Recordemos la cara que se le quedó cuando se enteró, al menos en la imaginación de Velázquez. Vulcano es el que aparece junto al radiante Apolo que, malo él, viene a cotillearle el affaire.

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Se niega a apartar la mirada de un cuadro hasta que lo entienda

Mario Guzmán, de 45 años, entró en una galería el pasado 3 de enero. Dos meses más tarde se niega a marcharse hasta que logre entender el cuadro que está mirando.

Fuente: El Mundo Today

The Monuments Men (variaciones)

Fuente: The Art of the Prank

The most hated statue in Sofia, Bulgaria has been painted in the colors of the Ukrainian flag, in solidarity with the revolution and the deadly protests in the former Soviet Republic.

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It is, essentially, a gigantic bronze relief to remind the Bulgarian people about an invading Soviet forces that crushed and “liberated” the country from its a reformist uprising 45 years ago. It was previously vandalized in June 2010 when the soldiers were painted as Superman, Ronald McDonald, Santa Claus and other capitalist/pop culture American icons, captioned below in graffiti: “In step with the times!”

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It was vandalized again in August 2013, when it was sprayed entirely in hot pink and tagged with the words “Prague ’68″ and “Bulgaria apologizes” in Czech and Bulgarian, as in, sorry about the Warsaw Pact, you know, that time Bulgarian troops aided the Soviet invasion of Czechoslovakia.

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And of course, that time in August 2012 when it was briefly balaclava’ed in tribute to the jailed Russian feminist art-band activists of Pussy Riot.

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lead image: AFP Photo/Nikolay Doychinov

THE MONUMENTS MEN

En estos tiempos en los que los ladrones de arte escriben sus biografías, son motivo de documentales e incluso de producciones cinematográficas, las historias relacionadas con los robos de arte durante la Segunda Guerra Mundial han llegado también a Hollywood. Así la apenas estrenada The Monument Men es la película que más interés ha despertado sobre el tema. Esto puede ser debido a una curiosa mezcla de publicidad invasiva y descarada (¿Qué hacía un stand de esta película en ARCO?), actores famosos (como George Clooney, Matt Damon y Bill Murray), acción bélica y antinazismo de taquilla, así como una general y creciente simpatía por las intrigas detectivescas alrededor del arte.

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Lt. Dale Ford, left, and Sgt. Ettlinger with the Rembrandt self-portrait from Karlsruhe’s Art Museum.
American Jewish Historical Society

Dadas las circunstancias, esta entrada al blog es para poner en claro lo que, épicas a parte, supuso que 345 hombres y mujeres de 13 países diferentes rescataran miles de obras robadas, amontonadas y guardadas entre 1941 y 1953. Para ello hay un buen artículo en el New York Times que a la vez se refiere a la exhaustiva página web donde vienen recogidas las historias alrededor de estas acciones, así como un listado de quienes fueron esas personas, bibliografía relacionada y demás. Y es que la película de George Clooney está basada en el libro Monuments Men escrito por Robert M. Edsel, un tejano apasionado por este tema que ha sido el impulsor de tan exhaustivo trabajo de documentación y comunicación… En fin, otro día tendríamos que hablar de las miles de obras de arte europeas que se encuentran en Estados Unidos, algunas encargadas a grandes ladrones de guante blanco, como es el ya famoso Erik El Belga.

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Edith A. Standen, left, and Rose Valland in 1946. Credit James J. Rorimer papers,
Archives of American Art, Smithsonian Institution

The Con Artist en 60 Minutes

Aquí un abstracto del programa ’60 Minutes’ del canal CSB que el domingo 23 de febrero fue dedicado al falsificador Wolfgang Beltracchi, cuyas pinturas son consideradas notables obras de falsificación. Según él mismo explica en el documental, corresponden a sus visiones e intuiciones sobre lo que los grandes pintores pudieron haber hecho o que pudieron haberse perdido. Lo curioso, pues, de este caso no son las “copias” de obras de arte que él llevó a cabo, sino su afirmación de ‘haber canalizado’ al artista para crear nuevas obras que  son atribuidas a tal o cual artista. Cuando se le arrestó en 2010 debido al component químico de uno de los blancos que usó, las casas de subastas que autentificaron sus falsificaciones fueron denunciadas. Y sus expertos ya no se atreven a emitir opiniones de autentificación. Hoy en día Wolfgang Beltracchi pinta bajo su propio nombre para enfrentarse a millones en demandas.

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Mientrastanto, también se anuncia para el 6 de marzo una película sobre su persona, cuyo trailer ya está en vimeo.

Wolfgang Beltracchi

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Y más abajo el script de ‘The Con Artist’ con Bob Simon de conrresponsal y Katherine Davis de productora: Wolfgang Beltracchi is a name you may never have heard before.  Very few people have. But his paintings have brought him millions and millions of dollars in a career that spanned nearly 40 years. They have made their way into museums, galleries, and private collections all over the world.  What makes him a story for us is that all his paintings are fakes. And what makes him an unusual forger is that he didn’t copy the paintings of great artists, but created new works which he imagined the artist might have painted or which might have gotten lost. Connoisseurs and dealers acknowledge that Beltracchi is the most successful art forger of our time — perhaps of all time. Brilliant not only as a painter, but as a conman of epic proportions.

Bob Simon: Are you the best forger in the world?

Wolfgang Beltracchi: Maybe, yeah.  In the moment.

He agreed to meet with us in Cologne recently and took us to a small wooden bridge outside his home.  He volunteered to show us how he works. He was forging a Max Ernst, the German surrealist of the early 20th century.  Beltracchi was painting on this wooden bridge because Ernst had done much of his work on a wooden floor.

Bob Simon: I have seen Beltracchi forgeries on the cover of Christie’s catalogues.

Jeff Taylor: Yes, yes.

Bob Simon: That’s pretty good isn’t it?

Jeff Taylor: It is really good, it is really good

Jeff Taylor teaches arts management at Purchase College. He says though there is no shortage of gifted forgers, Beltracchi holds the title. He has made more money than any other art forger ever.

Jeff Taylor: He combined all the nefarious techniques of everybody who came before him and made very important innovations in exactly what is essential.

Bob Simon: You have called him an evil genius?

Jeff Taylor: Yes.

Bob Simon: So aside from being a very talented painter, he was also a very accomplished conman?

Jeff Taylor: Absolutely one of the best.

He started making a few bucks in the game when he was quite young, but his career really took off when he married Helene, a perfect co-conspirator, in 1993.

Bob Simon: You were really the Bonnie and Clyde of the art world, weren’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yes, Bonnie and Clyde, yeah. Without weapons. Only with pencils.

Bob Simon: But you were a pair, you did everything together.

Helene Beltracchi: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: Everything together, yes, yes.

They invented a story that fooled them all. Helene said her grandfather hid his art collection at his country estate in Germany before the war to protect it from the Nazis.  When he died, she said, she inherited it.  But there was nothing to inherit, because there had never been a collection. Every one of the works had been painted by Wolfgang Beltracchi.

Helene Beltracchi: When I said it’s a collection of my grandfather it was OK.

Bob Simon: It was OK, but it wasn’t true

Helene Beltracchi: No, it wasn’t true.  But the others – never asked me more.

Bob Simon: ‘Cause it was a good story?

Helene Beltracchi: Yeah.

Bob Simon: And you were a good actress in telling the story?

Helene Beltracchi: Maybe.

She and Wolfgang even created fake labels from a real German dealer which they put on the backs of paintings, staining them with coffee and tea to make them look old.

They toured flea markets like this one to find canvases from the right periods.

Bob Simon: Tell me what we’re doing here. Tell me what we’re looking for.

Wolfgang Beltracchi: We’re looking for a painting like that because we need something that is 1919, 1910, see that’s a French one.

Bob Simon: You can get that completely clean?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah, completely clean, yeah.

They sent paint pigments to labs to make sure they had been available at the time the artist had painted.

Bob Simon: You were really perfectionists weren’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah sure.

Bob Simon: And hearing you talk, you were really good criminals.

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah.

Helene Beltracchi: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: Yeah, it’s true.

To back up their story, they found an old box camera like this one, dressed Helene up to look like her grandmother, hung up some forgeries behind her and took some bogus photos on pre-war paper.

Jeff Taylor: To make it look like an old photograph which is, in the art world, in the documentation aspect, is golden.  Archival photographs are sort of the El Dorado.

Bob Simon: Now when you see something like that, do you say, “You gotta hand it to him”?

Jeff Taylor: Yes, yes you do.

Bob Simon: He was off and running.

Jeff Taylor: He was off and running.

Running to luxurious estates they bought in Germany and in France, vineyard included. They gave parties Gatsby would have loved and they traveled the world in style, by land or  by sea.  Bonnie and Clyde had taste.

Wolfgang Beltracchi: This is – was – my boat, yah.

Bob Simon: I don’t think you’re translating correctly. This isn’t a boat, it’s a yacht.

Beltracchi was riding high and thought he would stay up there forever.  He was turning out forgeries – like this Max Ernst which went for $7 million. But then in 2010, he got busted by this tube of white paint.

The Dutch manufacturer didn’t include on the tube that it contained traces of a pigment called titanium white. That form of titanium white wasn’t available when Ernst would have painted these works and Beltracchi’s high ride was over.

Jamie Martin, one of the world’s top forensic art analysts, uses science to help determine whether or not a painting is genuine. We asked him to examine this Beltracchi forgery for us.

Jamie Martin: His fakes are among the best fakes I’ve seen in my career. Very convincing.  Very well done.

Bob Simon: And what you’re saying is that basically he got away with it for 40 years because nobody was examining them properly?

Jamie Martin: Nobody was examining them closely enough.

He showed what he does, how he uses a stereomicroscope to study every millimeter of a painting’s surface, and to select and remove samples.

Bob Simon: You actually take little pieces off of the painting?

Jamie Martin: We take very little pieces. We take only the minimum amount that’s required. Smaller than the width of a human hair.

He uses what is called Raman spectroscopy, which can help detect historically inaccurate pigments. That’s what cut Beltracchi’s career short.  He was sentenced to six years in a German prison. His wife, Helene, to four. But the chaos they wrought has not been undone.  Now, galleries and auction houses who vouched for his forgeries have been sued by the collectors who bought them.

Bob Simon: You have, in fact, you’ve really upset the art world, haven’t you?

Wolfgang Beltracchi: Yeah sure, they all hate me, these experts now–

Bob Simon: Do you think the experts are just incompetent or that they are also frauds, that they pretend to know more than they know?

Wolfgang Beltracchi: No, no nearly all the experts we have met, we met, they were serious, really serious. Their only problem was that I was too good for them. Yes, that was their problem, that’s all.

And with all the legal problems they now have, many experts are very hesitant to use their expertise.

Jeff Taylor: I think they’re terrified. I think that Beltracchi particularly put them in a very nervous position.

Bob Simon: So being an art expert today is a risky business?

Jeff Taylor: It’s so risky that a lot of authentication boards have shut down. There’s just simply too much legal peril out there. It’s one of the reasons why a lot of experts will not give their opinions.

Many foundations representing major artists like Andy Warhol, Keith Haring and Willem de Kooning are refusing to authenticate works brought to them at all.  Francis O’Connor is the world’s top Jackson Pollock expert.  He says he can spot a fake Pollock in a second, but these days is keeping his opinions to himself.

Bob Simon: What if I were to come to you and say “this has been presented to me as a Pollock”

Francis O’Connor: Someone comes to me about once a week. I just let it go by

Bob Simon: Let it go by?

Francis O’Connor: In other words, ignore it.

Bob Simon: I’m not quite sure I understand.  If I come to you and I say, “Hey, this has been presented to me as a Pollock” and you can see right away that it isn’t, you’re not going to tell me “this is not a Pollock”?

Francis O’Connor: I would be very hesitant to give any opinion at that point, because of the legal situation.

Bob Simon: Where do I go to see whether my painting is a real Pollock or not?

Francis O’Connor: There is nowhere to go.

When collectors do have suspicions about their paintings, one of the few places they can go is Jamie Martin’s lab.

Bob Simon: Ballpark figure, if you’ve examined say a hundred paintings, how many of them are fakes?

Jamie Martin: I would say probably 98 percent are fake.

Bob Simon: No kidding.

Jamie Martin: That’s just the numbers.

At his trial in 2011, prosecutors said Beltracchi had created 36 fakes which were sold for $46 million.  But art historians believe, and Beltracchi told us, that there may be more than 300 of his fakes all over the world. German police have uncovered 60 so far and the numbers keep climbing.

Bob Simon: Do you think we’ll be uncovering fake Beltracchis for years to come?

Jeff Taylor: Absolutely. There’s gonna be many more out there. But one thing we know about fake art works is short of having them burned or destroyed, they have a strange way of finding their way back onto the market, generation after generation.

And no one disputes that they are awfully good.  Beautiful. This $7 million dollar fake Max Ernst is being shipped back to New York.  Its owner decided to keep it even after it had been exposed as a fake. He said it’s one of the best Max Ernsts he’s ever seen.

Beltracchi spent a year and a half in this grim penitentiary, but is now allowed to spend many days at home, where he is launching a new career. Beltracchi is painting again and is signing his works Beltracchi.  He needs to get his name out there, which is probably why he agreed to talk to us. He’s lost everything is now facing multiple lawsuits totaling $27 million.

Bob Simon: Did you ever think you would wind up in prison?

Wolfgang Beltracchi: No.

Bob Simon: At what point did you realize, uh-oh, I’m in trouble, this is over?

Wolfgang Beltracchi: When I was in prison.

Bob Simon: Not before then.

Wolfgang Beltracchi: Not really, no.

Bob Simon: Do you think you did anything wrong?

Wolfgang Beltracchi: Yes, I use the wrong titanium white, yeah.

Bob Simon: What do you think this Max Ernst would be worth?

Wolfgang Beltracchi: This one?

Bob Simon: Yeah.

Wolfgang Beltracchi: $5 million, I think.

Bob Simon: $5 million.  And you can do it in three days?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, oh yes, yes, sure, or quicker.

Beltracchi estimates he has done 25 Max Ernsts. He is not copying an existing work. He’s painting something he thinks Ernst might have done if he’d had the time or felt like it.

Bob Simon: So you would be doing a Cezanne that Cezanne never painted but that you thought he might have wanted to paint?

Wolfgang Beltracchi: Yes, exactly.

So, in a sense, every Beltracchi painting is an original. He just lied about who painted it. He says forged a hundred artists and can do just about anyone.

Bob Simon: Could you do a Rembrandt?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, sure.

Bob Simon: Could you do a Leonardo?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah, sure.

Bob Simon: Who couldn’t you do?

Wolfgang Beltracchi: Maybe Bellini. Bellini’s really difficult.

He has sold his forgeries. Of course, but says he can still see some of them because they’re on public display.

Bob Simon: Have you seen your paintings, your forgeries hanging in museums?

Wolfgang Beltracchi: Yeah. Yeah, all the museums, you know. I think I am one of the most exhibited painters in museums of the world.

Bob Simon: You are one of the most exhibited painters in the world?

Wolfgang Beltracchi: Yeah, yeah.

Bob Simon: That’s quite an accomplishment

Wolfgang Beltracchi: Yeah.

You might have seen his stuff in New York’s Metropolitan Museum or in the Hermitage in Lausanne…to name just a couple.  You can also see them in the homes of the one percent. Actor Steve Martin bought this one. Beltracchi’s forgeries have also made it into art books listing the best paintings of the 20th century and have been sold in many of the world’s top auction houses.

Acción de protesta en el Guggenheim de Nueva York

Anoche día, 22 de febrero, más de 40 manifestantes realizaron una intervención en el interior del Museo Guggenheim en Manhattan. Desplegando pancartas, panfletos, cantando, entregando información a los visitantes del museo y llamando la atención con una corneta, el grupo trabajó para denunciar las condiciones de trabajo en la isla de Saadiyat, en los Emiratos Árabes Unidos, donde se está construyendo el Guggenheim Abu Dhabi, una franquicia del Guggenheim de Nueva York.

Puesta en escena en medio de la recién inaugurada exposición sobre el Futurismo, la intervención -un término usado por algunos miembros del grupo para describir la acción- recibió tanto el aplauso de los visitantes que parecían animados por la conmoción, así como reacciones de confusión de quienes no estaban al tanto de lo que sucedía.

Ver información completa en esferapública.

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