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¿Por qué se destruye el arte?

Fuente: La Vanguardia

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El arte, con su presencia inmóvil y espíritu simbólico, acostumbra a ser una víctima fácil de abatir. La destrucción de los templos de Bel y Baal en Palmira es el caso más reciente de vandalismo artístico que ha dado la vuelta al mundo, obra de Estado Islámico. El grupo yihadista también ha presumido últimamente de dinamitar algunas ruinas de la ciudad asiria de Nimrudhacer añicos estatuas del Museo de la Civilización de Mosul (aunque los expertos afirmaron que la mayoría eran réplicas) o atacar a golpes de maza y disparos los restos de la ciudad histórica de Hatra. Pero ¿por qué el arte está en el punto de mira del fanatismo destructor?

“El arte siempre es vulnerable porque provoca respuestas, porque inconscientemente puede devenir en prototipo”, explican las expertas en iconoclasia Beatriz Yoldi y Dimitra Gozgou, autoras del estudio La destrucción del arte. Y aunque las últimas noticias publicadas en los medios de comunicación tengan a Estado Islámico como protagonista ejecutor, este tipo de agresiones son tan antiguas como la propia humanidad. “El arte, las imágenes, la arquitectura… son símbolos con los que una comunidad se siente identificada y destruirlos supone un golpe bajo contra su idiosincrasia”, explica Pedro Azara, arquitecto y profesor de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat Politècnica de Catalunya. “Los líderes asirios destruían monumentos y ciudades cuando conquistaban un territorio, era una manera de imponerse e infundir terror”, añade. Lo que no deja de ser irónico… El IE actúa como antaño lo hicieron las culturas que ahora está demoliendo a su paso por Iraq y Siria.

Política y religión

Existen diferentes razones para atentar contra las manifestaciones artísticas. En el caso del IE, las motivaciones son tanto religiosas como políticas. “Aplican una interpretación extrema del Corán con carácter retroactivo”, explica Adelina Millet, directora del Institut del Pròxim Orient Antic. “Realmente creen que deben destruir todo aquello contrario al Islam, pero también saben que sus acciones atacan la memoria de Occidente, se trata de una agresión doble”, argumenta.

“Aunque a nosotros nos pueda parecer horrible, porque lo es, no es inaudito”, afirma Millet antes de poner algún ejemplo. “Los conquistadores españoles destruyeron todo lo que iba contra la religión católica y no solo arte, sino culturas enteras”. Y otro todavía más antiguo: “Cuando los griegos conquistaron Egipto, intentaron destruir las Pirámides, pero desistieron porque era un arduo trabajo, solo lograron agujerear un poco la de Micerinos”.

Cuando el predicador Savonarola quiso imponer una conducta ejemplar a la lujuriosa y humanista Florencia del siglo XV, muchas obras de arte consideradas paganas acabaron en las famosas hogueras de vanidad. La tradición cuenta que el mismo Botticelli lanzó al fuego muchos de sus lienzos de temática mitológica.

Y mucho antes, en el siglo IV, Teófilo de Alejandría destruyó el Serapeo, templo dedicado al dios egipcio Serapis (producto del sincretismo de las mitologías egipcia y griega). Esta agresión comandada por el patriarca copto simbolizó el triunfo del cristianismo sobre las otras religiones.

Más motivos iconoclastas

Las razones para dañar o destruir una obra de arte van más allá de las meramente políticas o religiosas. Una de ellas es la damnatio memoriae. Las representaciones artísticas de las personas condenadas al olvido por su propia sociedad también son condenadas a desaparecer. Es lo que les sucedió, por ejemplo, al faraón Akenaton y a la reina Hatshepsut durante el antiguo Egipto. Así, pues, han llegado hasta nuestros días magníficos relieves, por ejemplo, de la época de Amarna casi intactos: solo se ha eliminado, con gran precisión, la figura del faraón hereje. A posteriori, representaciones de reyes egipcios y de sus dioses paganos sufrieron los golpes de cincel del puritanismo de nuevas religiones. El dios de la fertilidad Min, representado siempre con el falo erecto, es de los que más sufrió este tipo de censura.

El exceso de decoro también ha provocado que determinadas esculturas sufriesen mutilaciones en los genitales o que en algunas pinturas se cubriesen las partes desnudas del cuerpo. El ejemplo más conocido se encuentra en la misma Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. En el año de la muerte del artista, el papa Pío IV encargó a Danielle di Volterra que cubriese los desnudos del Juicio Final. La misma suerte corrió el fresco de Masaccio de la capilla Brancacci que representa la expulsión de Adan y Eva del paraíso. En el siglo XVII se añadieron unos racimos de uva para ocultar sus ‘vergüenzas’. Actualmente, gracias a la restauración, ambas pinturas han recuperado su aspecto original.

Sexualidad mal entendida

De hecho, la evocación sexual que emana de determinadas representaciones artísticas, sobre todo figuras femeninas, es una de las causas principales del vandalismo artístico. “Estadísticamente, los atacadores en su mayoría son hombres y muchos de ellos han agredido obras figurativas femeninas por motivos ligados al deseo y a la posesión sexual”, explican las especialistas en iconoclasia Yoldi y Gozgou. Por lo tanto, “actúan contra ellas para liberarse del deseo, como represalia por hacerles sufrir o como castigo por no poder ser reales”, argumentan.

Un ejemplo sería el ataque que sufrió La primavera de Bouguereau, que muestra a una ninfa desnuda rodeada de pequeños ángeles. Un fanático lanzó una silla contra el cuadro para evitar que su madre o hermana pudieran contemplar pinturas de este tipo. También fue dañada la Danae de Rembrandt, en esta ocasión, por arma blanca. El agresor le asestó cuchillazos en la zona del vientre y le roció ácido en los genitales, el vientre, los pechos y finalmente en la cara, a modo de eyaculación.

Los trastornos psicológicos que sufren algunos atacantes también es una causa habitual de agresión. “Los iconoclastas son en realidad más idólatras de lo que ellos creen”, explican Yoldi y Gozgou. “Establecen un vínculo emocional muy fuerte con la obra y llegan a considerarla como algo mucho más trascendental y espiritual de lo que en realidad es”. Los agresores proceden a eliminarla porque les provoca una emoción insoportable, según las expertas. Después, “la pérdida del objeto amado y odiado puede generar un sentimiento de culpa y responsabilidad que guiaría el agresor hasta la autoagresión o el suicidio”, apuntan en su estudio.

En este sentido, una de las obras más famosas atacada por una persona con problemas mentales es la Pietà de Miguel Ángel. Su agresor, que declaró que él era Cristo eterno y que no podía tener madre, asestó 15 martillazos a la Virgen, que perdió el brazo izquierdo, la nariz, las cejas y la boca. El asaltante de la Ronda de Noche de Rembrandt, que sufrió varias puñaladas, también se consideraba hijo de Dios y acabó suicidándose poco después.

En busca de trascendencia

Otro motivo para violentar una obra de arte es la trascendencia que se puede alcanzar con ello. Por ejemplo, la sufragista Mary Richardson atacó con un cuchillo en 1914 a la Venus del espejo de Velázquez, recién adquirida por la National Gallery por una gran suma de dinero. La activista feminista buscaba así que trascendiera su protesta contra el encarcelamiento de una compañera.

Aunque este fue un caso muy sonado que creó escuela entre las mujeres sufragistas, que atacaron unas 140 obras en medio año, vale la pena viajar hasta el siglo IV a.C. para recordar el caso más significativo de destrucción artística para alcanzar popularidad. El protagonista es Eróstrato, que el 21 de julio del año 356 a.C., incendió el Templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Su fin era pasar a la historia como el hombre que destruyó uno de los edificios más bellos del planeta. Los efesios reaccionaron prohibiendo, bajo pena de muerte, que nadie pronunciara o escribiera su nombre. Pero Eróstrato consiguió salirse con la suya. El término erostratismo hace referencia a la “manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre”, según la RAE. Y la psicología habla del complejo de Eróstrato como el trastorno de un individuo para ser el centro de atención. Incluso Cervantes lo nombra en el Quijote.

Reconstrucciones costosas

Muchas obras atacadas a lo largo de la historia se han podido restaurar o reconstruir, sobre todo en la actualidad. Es el caso, por ejemplo, del Partenón de Atenas, destruido por los venecianos en 1687 cuando asediaron la ciudad controlada por los turcos. El templo de Atenea, que se había convertido en el polvorín otomano, saltó por los aires ante el bombardeo veneciano. Tal y como lo vemos hoy es fruto de la reconstrucción efectuada en el siglo XX.

“Cuando llegue la paz, y si hay voluntad y recursos financieros, se podrán reconstruir los templos de Bel y Baal en Palmira”, explica Azara recordando los últimos edificios históricos que la mano del hombre ha hecho añicos. “Un monumento siempre se puede reconstruir, y más si es de piedra”, insiste, “pero el daño humano es irreparable”, aludiendo al recién asesinato por parte del IE del arqueólogo de 82 años Jaled Al Asad, antiguo responsable de Palmira y uno de los grandes conocedores de la historia de estas ruinas. “El conocimiento de una persona no se puede restituir, no olvidemos que el ser humano es quien da valor e interpreta los símbolos”, concluye.

Un niño tropieza en un museo de Taiwan y casca una obra de arte

El tropiezo de un joven taiwanés de 12 años provocó este fin de semana daños por valor de 1,5 millones de dólares en el cuadro Flores, del artista Paolo Porpora, creado alrededor de 1660 y exhibido en un museo de la ciudad de Taipei. En el vídeo, que ha sido difundido por los organizadores de la exhibición, se ve al joven paseando con un refresco en la mano hasta que tropieza y se apoya accidentalmente en la obra. La agencia de noticias Focus Taiwán afirma que los organizadores de la exposición no denunciarán a la familia del menor ya que la obra, que pertenece a una colección privada, está completamente asegurada. (Fuente: El País)

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Museo de la Mierda (Castelbosco, Italia)

Fuente: Museo della Merda. Un pase de Pau Figueres.

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The Castelbosco farm, in the province of Piacenza, in the north of Italy, works to produce milk for Grana Padano cheese. It is home to 2,500 super-efficient, selected pedigree bovines that every day produce around 30,000 litres of milk and some 100,000 kilos of dung. A quantity of poop that the farm owner, Gianantonio Locatelli has transformed into a futuristic ecological and industrial project. Today, from that muck, he obtains methane, fertiliser for the fields, as well as raw material for plaster and bricks. And he does so using the latest technology which, as well as reducing atmospheric pollution and the distribution of nitrates in the soil, follows a principle that redesigns the cycle of nature to form a virtuous circle. Giving shit back the value it deserves. And restoring to agriculture and cattle-rearing the importance they always had.

Humanity, nature, art and technology. The Shit Museum is the upshot of understanding and dialogue between Locatelli with Luca Cipelletti, Gaspare Luigi Marcone and Massimo Valsecchi. It brings together biomechanics and environmental art, the agricultural landscape, the system of digesters that turn manure into energy, and the ground floor of the late-medieval castle of Castelbosco – kept warm thanks to the heat exchange of the engines that generate . Home to a series of installations in continuous evolution, dedicated to transformation, the ability to transmute natural substances and re-establish a healthier relationship between man and nature. Themes that were once the stuff of alchemists, and which are now at the basis of a project that does away with cultural norms and pre-concepts.

In the museum spaces and castle rooms – and in their digital version – those aesthetic and scientific, human and animal, modern-day and yesteryear experiences are and will be on show, displaying what a useful and living substance crap really is.
In both practical and metaphorical terms. From the dung beetle, considered a divine animal by the Egyptians (and symbol of the museum), to the use of excrement in architectural constructions in the most far-flung cultures of the planet, from the ancient Italian civilisations to Africa, via historical-literary works such as the Naturalis Historia by Pliny the Elder, right up to the latest scientific research projects and artistic production drawing on the use and reuse of waste. A contemporary cabinet of curiosities which finds its guiding light in the art and science of transformation.

Few phenomena are so rich in material and conceptual complexity as the cultural history of shit. The Shit Museum is an agency for change, a research and data-collection institute, housing documents and information on excrement in culture, technology and history. And it also has an enzymatic role: it dialogues with artists, scientists and institutions on ideas and projects linked to the value of faeces and its endless uses, both current and yet to be imagined.

De rerum natura: of the nature of things. Of its becoming something else, be it art or technology, Castelbosco is overall –the farm and museum – an ecological workshop of anticipation:a fertilising machine,a station for the production of power and ideas, situated halfway between the ideal and the material. Which sublimes the essence of dung, muck and crap. The mirror of a great plan which draws life and energy from a material erroneously considered worthless.

Massimo Torrigiani

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Eva and Franco Mattes: Emily’s Video

Emily’s Video by Eva and Franco Mattes (2012) compiles the reactions of people watching a mysterious video. The viewers are random volunteers who replied to our online call to watch “the worst video ever.” We later destroyed the original video, which had been sourced from the Darknet. You will never know what they were watching. These second hand experiences are the only proof of its existence.

Source (with all videos): Eva and Franco Mattes

Una mujer golpea y orina a un cuadro de Clyfford Still

Source: 9News.com Thanks to Shawn Taylor for the info.

The piece, titled “1957-J-No. 2,” is just one 2,400 works of art inside the Clyfford Still Museum downtown which opened in November. The painting was painted in 1957 and is oil on canvas. It is 113 x 155 inches.

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For some reason, Carmen Tisch was drawn to the painting last Thursday around 3:30 p.m., but not in the artistic sense of the word.

Instead, police say Tisch began scratching the painting, and pounding it with her fists.

Then police say she leaned against it, pulled her pants down and began urinating next to the painting.

The police report says the painting now has visible scratches on it, but it is unclear if any urine actually got on the artwork.

It’s estimated the painting is valued between $30 and $40 million.

“It comes across as pretty inconceivable that somebody would do that in the context of a museum,” Ivar Zeile, owner of Plus Gallery downtown, said.

Tisch was arrested and charged with criminal mischief by the Denver District Attorney’s office.

Museum officials aren’t talking about the incident or describing the damage to the painting. They’re only saying they’re cooperating with the police.

The cost to repair the damage, they tell police, will be around $10,000.

“It’s more of an embarrassment because they’ve been in place for less than two months,” Zeile said.

Still is considered one of the top abstract painters of the 20th century. After passing away 30 years ago, his wife started looking for an American city that was willing to build a museum for his works.

In 2004, Still’s wife picked Denver after a lobbying effort by then-Mayor John Hickenlooper.

Zeile says the museum will likely have to increase security.

“Something as ridiculous as a woman coming in, who is probably unknown to anybody, being able to even touch the piece is kind of a slap in the face to the authority of the museum,” Zeile said.

As of Wednesday night, Tisch was still in jail on a $20,000 bond. She declined 9NEWS’ request for an interview.

She does have a criminal record including arrests for DUI and armed robbery, but that armed robbery charge was later dismissed.

She’ll make her first court appearance on Friday.

The City and County of Denver owns the museum and paintings inside, but it’s unknown who will foot the bill to repair the painting at this point.

The museum released this statement on Wednesday: “On December 29, 2011, an incident of criminal mischief took place at the Clyfford Still Museum. The police were summoned and the offender was arrested and is currently in police custody. Museum officials are cooperating with the authorities regarding the situation and are in the process of further assessing the incident.”

Video here.

(KUSA-TV © 2012 Multimedia Holdings Corporation)

Por favor, toque la pantalla mientras mira este vídeo (Please keep touching the screen while you watch)

Golden Touch (from New Album「_genic」)
Please keep touching the screen while you watch. Best viewed on full screen mode.

El vídeo, dirigido por Masashi Kawamura, se estrenó en YouTube a finales de mayo y supera los siete millones de reproducciones. El truco no es nuevo: Put your finger here.

Do not touch, video interactivo de Light Light para Kilo

Do Not Touch is a crowd-sourced music video for “Kilo” by Light Light. It is an interactive music video in which you follow on screen instructions, and afterwards your cursors gets added with the thousands of others. You can add your cursor here: http://donottouch.org

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Aquí pueden ver una captura de cuando todavía había muy pocos cursores grabados en pantalla.

Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos

Fuente: Graffica.info

Coger el teléfono, fotografiar los retratos ‘olvidados’ que cuelgan de paredes de los museos, imprimirlos y pegarlos en las calles. Julien de Casabianca invita de este modo a colaborar con Outings Projectuna acción participativa global iniciada por el artista visual que ha recorrido el mundo con su particular acción artística.
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Los museos están llenos de obras olvidadas a las que damos la espalda a pesar de su belleza. «Cualquier persona en su propia ciudad puede ir a sus museos, tomar fotografías de retratos con sus teléfonos y liberarlos de ese olvido», afirma Julien de Casabianca. El artista sugiere una sencilla técnica que consiste en fotografiar la obra, recortar el personaje, imprimirlo en gran formato y pegarlo en un lugar adecuado.

Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos

Objetivo: embellecer la ciudad con un poco de arte
En los rincones de la ciudad, rodeados de restos de carteles o en muros a medio derruir se encuentran las figuras recortadas de elegantes figuras del Renacimiento o de sofisticadas damas francesas del siglo XVIII y misteriosos modelos sin identidad conocida que plasmaron en sus obras pintores de antaño. Figuras que regalan al transeúnte unos centímetros de belleza.

«Los museos tienen un problema: las pinturas estrella canibalizan a las modestas. Cualquiera que vuelva del Louvre o del Prado te contará la misma historia, que vieron La Mona Lisa o Las Meninas. Es humano. Hay miles de pinturas y no puedes quedarte con todo lo que ves», afirma el artísta Julien de Casabianca.

El Outings Project intenta dar protagonismo a esas obras segundonas y no por ello menos brillantes y hermosas que son injustamente pasadas por alto. No deja se ser curioso que se muestre a personajes ‘anónimos’ de la antigüedad pegando su imagen frente a viandantes anónimos del presente.

«Necesitamos belleza en nuestra vida, no sólo en un sentido estético. Cuando un proyecto crea cohesión entre generaciones, jóvenes y mayores, hay cierta belleza también. En los espacios urbanos, el único arte que hay está (a veces) en los anuncios, en la arquitectura o en el arte urbano, sobre todo realizado por artistas jóvenes y para espectadores jóvenes. Mucha gente mayor lo considera feo o no lo entiende. Outings crea unidad, reflexiona sobre la idea común de belleza» concluye Julien.

Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos
En caso de no poder pagar la impresión, los organizadores dan la posibilidad de solicitar becas para sufragar el gasto. Desde su puesta en marcha, la iniciativa de Julien ya ha sacado del anonimato unas 200 pinturas de personajes que a primera vista tal vez cuesta reconocer o de los que nunca se supo la identidad. Entre las ciudades donde se ha llevado a cabo el proyecto están: París, Londres, Madrid, Barcelona, Dijon, Padua y Asunción.→ www.outings-project.org
Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos
Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos
Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos
Outings Project o cómo liberar los retratos olvidados en los museos

Gracias a Lulú Soto por el pase.

La cadena FOX censura una obra de Picasso

Art history kills the art star: the state of the art. Wearable devices in Museums

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glass 2 Fuente: guidigo

Un cuadro de IKEA de 9€ engaña a los expertos en arte de un museo holandés

El grupo de bromistas holandeses LifeHunters.tv, especializados en la creación de vídeos virales, han puesto a prueba la fiabilidad de los expertos en arte. En un vídeo que han colgado en su web se puede ver la broma que hicieron recientemente a los encargados del Museo de Arte Moderno de Arnhem (Holanda).

El museo recibió un cuadro de Ikea valorado en nueve euros como si fuera una de las piezas de una exhibición ficticia. Boris Lange, uno de los miembros de LifeHunters, era el encargado de vender la pintura a los expertos como una pieza surrealista del artista ficticio Ike Andrews, un guiño al nombre de la multinacional sueca.

Ninguno de los entrevistados sospechó del nombre falso ni de la habilidad y “la emoción del artista” al crearlo, y algunos se atrevieron a afirmar que pagarían hasta 2,3 millones de euros por la pintura. La broma de LifeHunters añade más leña al debate sobre la subjetividad de la tasación en el mundo del arte.

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Gracias a Joan Ramon Burgués por el pase.

El falsificador más generoso de Estados Unidos

America’s most generous con artist

Fuente: BBC

Mark Landis at home

For decades, Mark Landis donated art to museums and galleries across the US. He was feted as a wealthy collector but the pictures were fakes that he had created himself. He was never prosecuted though – he didn’t take payment so hadn’t broken any law.

“It obviously isn’t a crime to give a picture to a museum, and they treated me like royalty. One thing led to another, and I kept doing it for 30 years,” says Mark Landis, one the most prolific art forgers in US.

“Have you ever been treated like royalty? Let me tell you, it’s pretty good.”

Landis’s career as an art forger began in the mid-1980s, when he gave some pictures to a California museum, saying they were by the American 20th Century artist Maynard Dickson.

“It was an impulse to impress my mother. I always admired the rich collectors on TV giving away pictures to museums.

“I put Maynard Dickson’s name on them because that’s what the museums wanted,” he says. “He was a cowboy artist, so I went to the library and checked out some books of photographs of American Indians, and copied a bunch of them.

“I knew the museums wanted cowboy pictures, so that’s what I did.”

A Mark Landis copy of a watercolour by Paul Signac
A Mark Landis copy of a watercolour by Paul Signac…
Watercolour by Paul Signac
…and Signac’s original work

As a teenager Landis had suffered a nervous breakdown following the death of his father, and was diagnosed with schizophrenia. Art therapy revealed his talent for copying, and he was able to turn out fakes at astonishing speed.

“If I can’t get something done by the time a movie’s over on TV, I’ll give up on it.”

Posing as a wealthy benefactor, Landis donated counterfeits to dozens of respected institutions across the US until, in 2008, he walked into the Oklahoma City Museum. Matt Leininger was the museum’s registrar, tasked with looking after new works.

“We just thought Landis was a really eccentric art collector,” Leininger says. “The first piece he gave us, he actually hand-delivered – a watercolour by Louis Valtat.

“We framed the Valtat and put it on display next to a Renoir in our gallery, not knowing what we had just hung was a fake.”

Landis continued sending forgeries to museums, and might never have been rumbled had he not offered copies of the same works to different galleries.

“We received an envelope in the mail which had five additional works in,” says Leininger. They appeared to be paintings by the French 19th Century artists, Paul Signac and Stanislas Lepine.

“I did some research on the Signac, and it showed up in a press release by the Savannah College of Art and Design under the same credit line – Mark Landis. I didn’t think too much about it until I looked up the Lepine, and it showed up in a press release at the Saint Louis University of Modern Art – with the same credit line. That raised a red flag.

“I sent a message out, and within the first hour, between phone calls and emails I had 20 institutions call me and ask who this guy was and what was going on.”

Leininger says Landis did a good job on his forgeries – but they didn’t stand up to close scrutiny. One offering was a chalk drawing supposedly 300-400 years old. Leininger peeled back the brittle-looking mount board on the picture, expecting it to fall apart.

“It didn’t, and when I peeled it back it was stark white,” he says. “And it smelled like stale coffee. So he was using coffee to distress things to give them age.”

The ease with which a simple inspection revealed the deception begs the question why so many institutions were so easily fooled.

“Landis would do his homework. He knew what museums collected. He was pretty sure they were going to be accepted because it would have fit their collection.”

Mark Landis at home with some of his pictures
Mark Landis showing off some of his work in the documentary Art and Craft which told his story

The way Landis presented himself – and his donations – was also very convincing. “He said everything an art museum would want to hear,” says Leininger. He had a “back story about how he had this art collection and supposedly family wealth, promising money for endowments”.

Leininger sought advice from a former FBI agent who specialised in art crime. But because no money had changed hands for the forgeries, Landis had not broken the law. The burden of due diligence fell on the institutions who accepted his donations and if they displayed his fakes in their collection, that was their problem.

Landis had embarrassed dozens of galleries with his deception, and Leininger believes that some museums knew Landis was a fraud but kept quiet to save face.

“What curator or director wants to admit they accepted fakes into a museum?” asks Leininger. “Museums don’t want to make that stuff public.”

Landis meanwhile acknowledges his deceit, but says he doesn’t feel bad about it.

“I’m like Pinocchio,” he says. “You let your conscience be your guide. If something’s really wrong, you kind of know. I wasn’t worried about being prosecuted.”

He continued to produce forged works, even after he had been exposed, and carried on donating to unwitting galleries. Indeed, his output increased after his mother’s death in 2010.

Two years later, Oklahoma City Museum put on an exhibition of Landis’s counterfeit works. It was curated by Leininger, and opened – deliberately – on April Fool’s Day. Landis was the guest of honour.

“I was really nervous before the show because I didn’t know what to expect. But then when I got there everything was really nice. So I was pleasantly surprised,” he says.

Landis and Leininger met at the exhibition, where the forger apologised for any problems he had caused. But was Landis embarrassed by what he had done now he was confronted with a room full of his own forgeries?

“Not really – except a lot of them were really bad,” he says. “That’s why I didn’t want to look at them.”

Gracias a Susan Aumann por el pase.

Contra el palo para ‘selfies’ en los museos

Fuente: El País

Hay prohibiciones muy obvias, casi históricas: “Fumar, tirar chicles al suelo, tocar las obras de arte”. Otras desesperarían a Godard: “Prohibido correr en el museo”. Pero desde octubre de 2014 los Uffizi han añadido a su catálogo de actividades vetadas y enemigos uno bastante más novedoso: el selfie stick, es decir, el cada vez más común palo para hacer selfies. Sin embargo, la modificación no debió de cundir en la mente y el comportamiento de los visitantes, tanto que el museo de Florencia se ha visto obligado estos días, más de cuatro meses después, a reiterar en un comunicado su “no”. “La razón es su peligrosidad tanto para las personas como para las obras”, aclaran desde los Uffizi.

Para los profanos tecnológicos, la herramienta sirve para enganchar el móvil o la cámara y sacarse un autorretrato – un selfie– desde más lejos de lo que la extensión de un brazo pueda permitir. Varios medios italianos apuntan a que los Uffizi han querido recordar sus normas también a raíz del selfie que la cantante Katy Perry se sacó recientemente ante El nacimiento de Venus de Botticelli y que dio la vuelta al mundo. Sea como fuere, el museo italiano es el más reciente pero no el primero en apuntarse a la batalla de las pinacotecas contra el dichoso palo. Ya centros tan famosos como el MoMA y el Metropolitan Museum de Nueva York vetaron su uso, aunque se sigue permitiendo, entre otros, en el museo más visitado del mundo: el Louvre de París.

En España, el Museo del Prado no veta expresamente la herramienta a sus visitantes, aunque seguramente no sea necesario: en la pinacoteca directamente no se pueden sacar fotos ni vídeos de ningún tipo. El Reina Sofía incluye entre sus normas la posibilidad de hacer fotos sin flash y “sin trípode, monópode o cualquier otro elemento de estabilización de cámaras fotográficas”. Y el Thyssen, que también permite sacar imágenes sin flash, no acepta en cambio el palo para selfies.

“Está claramente señalado entre las condiciones expuestas en la taquilla del museo, así como en el punto número 12 de las normas de comportamientos, disponibles online”, añade el comunicado de los Uffizi como recordatorio para sus 5,4 millones de visitantes anuales (al menos en 2013). Y siempre en la Red, en concreto en la página web de los Museos Vaticanos, se descubre que también allí se prohíbe “el uso del palo extensible para selfies”. La lista de museos que se han sumado a esta guerra incluye también al Getty Center a Los Angeles, al Hirshhorn de Washington y a varios centros más, de EE UU a Australia. Ampliando el foco, resulta que el palo para selfies está prohibido también en los estadios londinenses del Arsenal y el Tottenham, al menos en los días de partidos.

Eso sí, la lucha contra el palo no significa que estén prohibidos los selfies. De hecho, muchos museos y monumentos intentan aprovechar la moda de los autorretratos e incluso estimularla. Durante la reciente restauración de la Fontana de Trevi, por ejemplo, se animaba a los turistas a sacarse un autorretrato ante la fuente, que luego saldría publicado en la página web oficial de las obras. Y, como señala la revista italiana L’Espresso, el Whitney Museum of American Art de Nueva York sugería a sus visitantes sacarse un autorretrato ante las obras de Jeff Koons: “¡Quedan geniales en un selfie!.

Vándalo destruye con un mazo una obra de arte útil

Fuente: Contraindicaciones

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La policía de la Universidad de San Diego (EE.UU.) ha divulgado las imágenes de un vándalo enmascarado, que el pasado 13 de enero destruyó a mazazos una preciada obra de arte, también machacó unas cuantas cámaras de vigilancia y pintó graffitis en varios edificios del campus.

La obra destruida fue realizada en 1991 por el artista conceptual Michael Asher. La escultura, de granito y acero consiste en la réplica de una fuente de agua potable de interiores, subvirtiendo las convenciones del diseño de lo que sería una fuente al aire libre, mientras que también tiene la función práctica de saciar al estudiante sediento. “Muchas personas beben de esta fuente sin darse cuenta de que es arte”, comenta María Beebe directora de la Stuart Collection que se exhibe en el campus.

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Al parecer este acto estaría vinculado con otros cuatro casos de vandalismo, el 5 de enero.

El autor utilizó el mazo también para romper ocho cámaras de vigilancia de los muros y las escaleras en el Centro de Mandeville temprano esa mañana, y quitó las señales de “hombres” y “mujeres” de los baños. También utilizó pintura dorada para graffitear una pared, donde escribió ” podéis pintar sobre mí, me podéis coger, me podéis expulsar, pero siempre estaré aquí”. El ninja anti-arte se subió a la azotea del edificio del Rectorado y deshabilitó varias cámaras de vigilancia al romper una caja de conexiones. El daño a los sistemas de vigilancia se estima en 18.000 pavos. El vándalo también pintó con spray la parte superior del Career Service Center y grafitteó “propiedad privada” en la Biblioteca Geisel.

Pero sin duda el shock lo ha conseguido al destruir la única obra permanente en exteriores del artista Asher. Una obra de valor “incalculable” según los responsables de la Universidad. Mientras los estudiantes que no sabían que eso era arte esperan que pongan otra fuente rápido y que la polémica entre el arte útil y el arte insurreccional no les deje sin agua.

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Estado Islámico destruye patrimonio asirio en Irak

Leer noticia.

Aunque la mayoría son copias.

Puñetazo a un Monet

Andrew Shannon, de 49 años, que arruinó la obra Argenteuil Basin de Claude Monet (Galería Nacional de Irlanda) al propinarle un puñetazo en 2012, ha entrado en prisión tras una condena de cinco años. La obra está valorada en $10 millones. El Sr. Shannon dijo a la policía después de su detención que cometió el acto en un intento de “volver al estado” (“get back at the state”). Sin embargo, en el tribunal adujo que se trató de un accidente, alegando que “sentía débil” y que cayó sobre la pintura. La policía encontró en casa del Sr. Shannon cerca de 50 objetos robados, entre ellos obras de arte valiosas, libros y antigüedades. Gracias a Rubgomer por el pase. Fuente: Metro.co.uk

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“Antes mataba gente, hoy vigilo museos”.

La historia de los museos, y en general de la cultura, como instrumento político de desactivación de conflictos y de hacedor de  consensos en España es larga. A principios de los años 1980, el Ministerio de Cultura absorbió 9.511 funcionarios públicos, de los que 2.175 llegaron del Movimiento y 279 de las organizaciones sindicales de Franco. Se compró un espectro ideológico potencialmente desestabilizador para insertarlo en un espacio supuestamente desideologizado como el de la gestión cultural pública. Lo más revelador es que, en 1982, el PSOE ofreció a intelectuales y militantes comunistas entrar en cargos del Ministerio de Cultura como contrapartida al hecho de que el PCE quedara fuera del gobierno. El Ministerio cultural se convertía pues en la terapia institucional para endulzar agravios y desactivar residuos, y de paso, en un ejercicio metafórico de encuentro “nacional”, que no podrá ocultar choques habituales entre funcionarios de signo político distinto. Ese mismo proceso de convertir la gestión cultural en entornos de reconciliación profesional puede percibirse en un entorno bien distinto al ministerial, cuando, tras la renuncia a las armas de ETA (Político-Militar) en 1982, buena parte de sus exmiembros fueron acogidos en los departamentos de cultura municipales, forales y autonómicos vascos. El resultado es conocido por todos: una cultura institucionalizada y tuteada en la que los disensos han acabado desapareciendo.

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También en otro lugares estas herramientas son ampliamente utilizadas. En Palermo, dentro de un programa de reinserción de exsicarios de la Mafia, éstos han sido puestos a custodiar la obra Virgen de la Anunciación de Antonello da Messina (1430-1470), en la Galería Regional de Sicilia. Una media docena de ex presidiarios de la Cosa Nostra comparten las tareas de vigilancia del museo, situado en el imponente palacio Abatellis, con policías y vigilantes privados. Dice uno de ellos: “Antes mataba gente, hoy vigilo museos”.

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Para qué sirve un museo

La reciente visita de Beyoncé al Museo del Louvre

La reciente visita de Beyonce al Museo del Louvre

Sábado 10 de la mañana en el DF, México; desde las puertas del Museo Tamayo sale una cola de público de al menos 100 metros de largo y aproximadamente de cinco metros de ancho, que llega hasta la avenida de Reforma: cientos de personas se agrupan y esperan para… Una voz dice por megafonía que “ les recuerdo que esta cola no es nada más que para recoger la cita de acceso a la exposición de Yayoi Kusama, las visitas de hoy sábado y mañana domingo ya están cerradas, y les recuerdo a todos que no se puede elegir hora de visita”. Bien, a los pocos días leo en el periódico que las “más importantes pinacotecas del mundo, las más visitadas, buscan fórmulas para gestionar el acceso de turistas en sus salas”. Así me entero de que la Capilla Sixtina es visitada al día por 22.000 personas; ya no se habla de personas sino de turistas.
Sin duda la Mona Lisa ya está aburrida de ver pasar delante de ella a miles de desconocidos a diario. Los museos tienen overdose de visitas. Claro que sólo unos pocos en el mundo. La exposición de Dalí en el Reina Sofía tuvo 732.000 visitas, 6.615 al día (EL PAIS), museo que por otro lado sólo es el duodécimo del ranking de los más visitados. Por delante están el Museo Británico, la National Gallery de Londres, los Museos Vaticanos, el National Palace Museum de Taipei, la National Gallery of Art de Washington, el Pompidou y el D’Orsay en París Desde 6,7 millones el primero a 3,5 el último. La lista de los menos visitados nunca se hace pública. Miles de museos en todo el mundo están vacíos prácticamente todos los días. No porque su contenido no sea importante, no sea especial, bello, interesante; todos y cada uno de los museos del mundo lo son (exceptuando los de cera y de los deportes, el de la Coca Cola, y alguna otra estupidez, no por absurda menos visitada). Yo he visitado hasta el de Carmen Miranda en Rio de Janeiro en Brasil (precioso), los arqueológicos de toda España, los de Historia, vestimenta, bellas artes (ese genérico en el que entra todo) y, por supuesto, de arte contemporáneo. El problema es, parece ser, la gran afluencia de público a unos pocos, y la pregunta es por qué no potencian a los que no va nadie o casi nadie, esos museos desconocidos, sin personal ni directores famosos, ni campañas de publicidad, ni gabinetes de prensa, ni exposiciones temporales. El problema es cómo controlar a los turistas que como locos acuden a ver lo que sea, es más yo añadiría a esos miles de jóvenes que, también enloquecidos, acuden con sus celulares a hacerse fotos delante de todo lo que se está quieto en un acto semivandálico. Un director de museo español afirma que a él no le gustan las prohibiciones; después de recuperarme del ataque de risa, le digo con todo mi afecto: a mí si, y se me ocurren unas cuantas prohibiciones que harían mucho bien en general al arte. Primero: prohibir los celulares y las fotografías, más aún los selfies que los penaría con trabajos sociales.
Cada vez que en un museo (incluso en una feria) veo a la gente que pasea sin mirar nada, leyendo la guía, haciendo fotos, hablando y riendo entre ellos, tocando las obras, comiéndose un bocadillo, me gustaría convertirme en un Jesucristo postmoderno y expulsarles del templo de la cultura. ¡Fuera de aquí, bárbaros, salvajes, ignorantes¡ La pregunta realmente es ¿para qué sirve un museo? Esos millones de personas en todo el mundo, casi todos ellos etiquetados con el despectivo nombre de “turista” (muchas veces son los mismos en todos los museos) , ¿van al museo a ver arte o a cumplir con las guías turísticas? ¿Las cientos de personas que hacen cola para entrar a ver la exposición de Yayoi Kusama, saben quién es, saben siquiera que es una mujer, tienen idea de que es lo que hace, lo que piensa, saben algo de algo… o sólo van a hacerse selfies? Sinceramente, lo siento, lo dudo profundamente. Con la pésima o nula educación cultural que se imparte en todo el mundo, con la absoluta ignorancia que del arte actual tienen los medios de comunicación, los libros de texto básicos, con la escasa venta de libros especializados y su nula lectura…. Esos millones de turistas en todo el mundo, sometidos a una encuesta imposible dirían que un museo sirve para comprar recuerdos, souvenirs, un paraguas si llueve; para comer, merendar, tomar té o café y pastel, comprar un regalo para llevar a casa, para mamá o para los amigos, sentarse un rato a descansar de tanto pasear por las ciudades, y es que el turismo es muy duro. Lo de ver arte, así de entrada, no se lo había planteado más de un 7% de los visitantes. Antes entrábamos en las iglesias o catedrales a sentarnos sin tener que consumir, los turistas de mi época éramos más discretos (tal vez por no existir aún el selfie). Y esto es, amigos, para lo que sirven los museos hoy. Así que yo casi que prefiero, otra vez, las iglesias y los cines, que están igual de vacíos… aunque a los cines también va mucha gente que no ve la película: come, se besa, se duerme, se meten mano… pero por lo menos no pueden hacerse selfies, todavía.

Fuente: Exit Express

Para más información , ver las siguientes entradas:
Beyoncé y familia visitan El Louvre
Los museos en la era del “selfie”

Beyoncé y familia visitan El Louvre

Fuente: El Mundo.

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¿Por qué atacar precisamente los museos?

Barcelona, 27 de julio de 2159 (12:10 pm). Primeras imágenes en vivo del momento en que las masas atacan los museos de la ciudad. La guerra durará 1 semana.

Judit Carrera, “Cels y la explosión de los museos”, El País.

La Biblioteca de Catalunya presenta estos días una recomendable obra del dramaturgo libanés Wajdi Mouawad. Dirigida por Oriol Broggi, Cels narra la historia de una célula de inteligencia que lleva meses intentando prevenir un atentado terrorista a escala internacional. El equipo trabaja conectado con células de todo el mundo para descifrar multitud de mensajes inconexos que apuntan a un ataque inminente en el corazón de Occidente. Como en otros trabajos de Mouawad, el texto, que habla de violencia, de poesía y de la ambivalencia de la condición humana, tiene el valor de plantear algunas preguntas eternas pero también cuestiones de gran actualidad, como la vigilancia electrónica o el terrorismo internacional.

Lo sorprendente, y disculpen que desvele el final de la trama, es que tras barajar la pista islamista y los grupos anarquistas, se descubre que es una red de jóvenes sin ningún tipo de conexión religiosa o política la que acaba haciendo explotar los principales museos de algunas ciudades de los países más ricos del mundo.

El ataque es la respuesta del desasosiego de una generación que se rebela contra la violencia y la injusticia del mundo y que quiere dar voz a las juventudes sacrificadas en todas las guerras del siglo XX. Es una crítica a la historia de un siglo manchado de sangre, pero también un grito de desesperación por la muerte de jóvenes en guerras causadas por sus padres. “Todo hombre que mata a un hombre es un hijo que mata a un hijo”, dice Mouawad. Al rechazo del legado histórico y político se une pues la lucha generacional. Y es una paradoja, porque los jóvenes utilizan la muerte en los museos para entonar un canto a la vida y a favor de que los hijos nunca mueran antes que sus padres.

Entendida la rabia y el malestar de esta generación, ¿por qué atacar precisamente los museos? ¿No se suponía que el arte y la cultura tenían el poder de emanciparnos del horror? ¿No es contradictorio atentar contra unas instituciones que podrían salvar al mundo a través de la cultura y la educación?

La respuesta más evidente es que los jóvenes atacan los museos porque estos contienen los valores de la civilización con la que están disconformes. Las pinacotecas serían un símbolo, la traducción artística de los principios de la sociedad que les rige, la fotografía de la historia y del presente que quieren combatir.

Atentar contra los museos también equivale a pensar que la cultura ha sido incapaz de dotar de sentido a la experiencia humana. Si la cultura ha sido inútil para evitar la barbarie y no ha conseguido calmar nuestros espíritus, parecen decir estos jóvenes, ataquémosla y empecemos de nuevo. La paradoja es que utilizan un cuadro de Tintoretto para urdir el atentado, pero esa es la forma de Mouawad de inculcarnos que la condición humana es contradictoria por naturaleza.

La crítica también va dirigida a la sacralización de la alta cultura y a la existencia de grandes panteones que encierran la creatividad entre cuatro paredes, lo cual no es más que una queja por la falta de apertura de las instituciones culturales y sus dificultades para evolucionar, ser inclusivas y asumir la porosidad con su contexto.

Durante los años noventa, este tipo de museo renació con fuerza en todo el mundo por su conjunción con arquitectos estrella, y muchas ciudades aspiraron a tener un edificio emblemático sin preocuparse demasiado por su entorno urbano ni por su proyecto museístico. Tener equipamientos paralizados en el tiempo o cerrados sobre sí mismos es tan peligroso como disponer de museos vacíos de sentido.

Sin embargo, la explosión de los museos en Cels presupone dos principios que están hoy bajo intensa discusión. ¿Son los museos realmente tan centrales en la representación de los valores de la sociedad como para merecer ser objeto de un ataque terrorista? A excepción de las grandes colecciones artísticas del mundo, ¿hasta qué punto los museos no han perdido su capacidad para reflejar las tensiones culturales de su entorno y para encarnar los principios de representación, libertad e igualdad en el acceso a la cultura que tenían asignados?

Esta pérdida de centralidad tiene mucho que ver con la crisis de la educación, la tendencia a la festivalización de la cultura y la irrupción de las nuevas tecnologías, que ha difuminado los muros del museo y le ha quitado la exclusiva de la prescripción para convertirlo en un elemento más de un engranaje más complejo, participativo y plural.

El otro principio de Cels hoy en cuestión es el debate sobre la utilidad de la cultura. Si atentan contra los museos por inútiles, ¿no será que el problema está mal formulado y la pregunta sobre la cultura no pasa nunca por su eficacia y utilidad? Un mejor criterio de análisis sería la capacidad de los museos de revelar las ambivalencias de la condición humana y de confirmar, como hace Cels, que cultura y barbarie están íntimamente relacionadas.